Cuestión de fe

Casi llegamos a los treinta festejos y San Isidro pesa. Por eso, y por un cartel que no me terminaba de convencer, estuve a punto de quedarme en casa. Sin embargo, bendita afición, sigo sintiendo esa insoportable ansiedad que me obliga a ir a la plaza cuando hay seis toros en los chiqueros esperando ser lidiados. Y si esos toros son de Puerto de San Lorenzo (una de mis debilidades personales), pues no se diga más.

A Contraquerencia
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