LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Vísteme despacio

Toreo eterno de Moral al humillador quinto de Adolfo Martín, lo más sobresaliente en una corrida en la que también destacó el temple de Sánchez al toro de su alternativa. El Cid, corneado.
viernes, 08 de junio de 2018 · 00:00

Madrid 8-6-2018 from Cultoro TV on Vimeo.

TEXTO: JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

Temple, divino tesoro en medio de una sociedad que camina con el chip de la volatilidad efímera impregnada en su ser, que tiene como arma el contratiempo para buscar, sobre todo, la rentabilidad al minuto. Y en el toreo eso no es que no se entienda, es que es contraproducente.

Por eso vio Pepe Moral en el avión que le hacía el quinto el oasis despacioso que resultó fuego vivo en el tendido contra los gañafones contratoreo que le ofrecieron el domingo los de Miura. Y así, encontrándole el ritmo al animal, domeñó el vuelo perfecto para con el avión que le hacía el cárdeno. Un viaje en el que el sevillano marcó siempre el son, ejecutó siempre el gobierno y tuteló con su palillo lo que él quería hacerle al de Adolfo. Por eso mandó.

En ese toro, poco le importó la cara amenazante para echarle los vuelos con dulzura y explicar su concepto a base de ralentizar el pulso, de atemperar dulcemente el ritmo que quería imponerle y de, precisamente, mandar en el intento de imposición del de Adolfo, que se quiso apoderar sin éxito de los tiempos de la faena. Consiguió eso Pepe porque se propuso quedar por encima de la condición de un toro que sí, fue humillador, pero no fue de vuelta.

Y así en aquel quinto fue instruyendo el trazo con mimo para llevarse de su mano al tendido. Poca compostura en la interpretación pudo mostrar ante sus otros dos oponentes para pulsear las dificultades que planteaba: el segundo, al que le tocó muletear por un Cid herido, y el tercero, animal díscolo y cuyos gañafones podrían haber hecho que acompañase a Manuel Jesús junto a Padrós. Pero ya se encargó de decir en el quinto todo lo que sabía por abajo.

Prisa por vestirse más de luces tiene Ángel Sánchez en su carrera, que no en su concepto. Porque le demostró a Madrid en el día de su alternativa que cualidades halla en su interior para templar los toros. Los recursos se lo dará el rodaje, esa sensacional mano izquierda que bien sabe correrle el ritmo a los animales y el arrebato que hoy no tuvo pero que debe aprender a administrarlo en el futuro. 

La cruz de la tarde fue a parar a la estación de El Cid, un torero que no ha tenido suerte esta primavera con una victorinada que no le embistió, con un encierro santacolomeño de La Quinta que no ofreció opciones y con un Adolfo que lo mandó al hule esta tarde.

La ejecución encajada, la proposición apuesta, la colocación de los pies donde arde la arena, el ofrecimiento del pecho en los desplantes, la administración con excelsitud de terrenos y tiempos y el regimiento en la búsqueda del pitón contrario fueron esta tarde el sujeto de Moral ante un predicado de Adolfo al que no rubricó con la espada. Se vistió despacio Pepe Moral para ir deprisa en su escalada hacia las Ferias que aún no cuentan con él, un torero que no sólo genera ilusión, sino afición. Y dinero.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. 32ª de la feria de San Isidro. Corrida de toros. 20.431 espectadores.

Toros de Adolfo Martín, con humillación pero sin empuje ni repetición el primero; orientado y muy peligroso un segundo que sabía lo que se dejaba detrás; suelto, sin fijeza e incierto el deslucido tercero; tardo y exigente el cuarto; repetidor, con ritmo, clase y fijeza el gran quinto; con movilidad y teclas el sexto.

El Cid, herido.

Pepe Moral, silencio en el que mató por El Cid, silencio y oreja.

Ángel Sánchez, que tomaba la alternativa, ovación, silencio y silencio.

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