SEVILLA

Oreja para Talavante y aciaga tarde en lo ganadero

Se lidiaron toros de Hermanos García Jiménez -el tercero como sobrero y el sexto de Torrestrella también- para Perera, Talavante -que paseó una oreja- y Andrés Roca Rey. Desastre ganadero.
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viernes, 13 de abril de 2018 · 14:43

TEXTO: EMILIO TRIGO / FOTOGALERÍA: SARA DE LA FUENTE

Llegaban los toros de Hermanos Matilla en la tarde de este viernes a la Real Maestranza de Caballería sevillana para la quinta de abono en el coso del Baratillo. En el cartel, Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey trenzando el paseíllo a las seis y media en punto de la tarde. 

Miguel Ángel Perera vestido de verde Macarena, lanceó con garbo al fino primero. Perera a pies juntos, acariciando la tela con los dedos llevo al ‘Matilla’ por verónicas estéticas. Un toro que lucía dos alfileres muy finos y la fuerza al límite. Miguel Ángel tras cuidarlo en varas, pasó por hacer un quite con más voluntad que acierto. Empezaron a protestar algunos espectadores. En medio de la lidia,  donde el toro se movía sin clase, pegando tornillazos al ‘Cielo Andaluz’ se construyó un precioso tercio de banderillas con magníficos pares de Ambel y Barbero. Palos arriba ante un toro que apretaba en la reunión y quería quitar el corbatín. Ambos ‘Plata de Ley’ se impusieron ante tan maligna embestida. El extremeño brindó al respetable con una Sevilla muy metida en el brindis pero sin poder ahormar faena por la falta de colaboración de su antagonista. Un astado que resultó incierto y al que tragó mucho Miguel Ángel en cada embroque. Toro de pasar paquete y tragar fatiga, porque su intención era meterlo en el hule. El oficio junto a la madurez, se impusieron ante difícil abreplaza. Silencio. 

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Talavante de blanco Inmaculada, atisbó algún lance con el compás abierto y la cintura encajada. Algunos no muchos porque también apuntó el astado que de fuerzas estaba como un refresco después de tres días abierto. Otro que se repucha en el peto sin castigar nada. Salió del jaco el segundo (fino de cabos, altón y suelto de carnes) señalando que por el izquierdo había que abrirlo para afuera. Y Alejandro lo vio rápido, por eso  su quite comenzó por el directo. Bien por chicuelinas, después entró en su turno Roca conectando pronto con la gente y para acabar el largo quite, replicó ‘Tala’ con dulce capote. El primero del lote se movió. Cierto que no se paró nunca y obedeció al toque preciso del extremeño pero no tuvo continuidad uniforme en la embestida. Astado que humillaba siguiendo la pañosa hasta donde Talavante trazaba el muletazo, sin embargo, aquello careció de enfado por parte del diestro.  Los pegó buenos, otros no tanto y algunos hasta jaleados con un público empujando a su irregular labor. Lo mismo que su astado. Ambos se entendieron y ninguno se enfadó con el que tuvo delante. Alejandro muleteo por ambos pitones con su personalidad habitual en la que el factor sorpresa siempre estuvo presente. La espada no funcionó. Silencio.

El tercero bis tenía mucha leña encima, -tanto como un bosque- sobrero desorbitado para Sevilla. Sin embargo, el bis, embistió con son al sincero percal que le  presentó Roca Rey para espatarrase por verónicas. Bien el peruano en el recibo. Al zambombo no se le pegó casi nada, puesto que empezó a cantar un recorrido corto. A este, Domínguez y Algaba le soplaron tres pares que la Maestranza supo reconocer. Brindis a José Antonio Campuzano. Comenzó Roca con actitud chulesca, y es que no cabe otra que ser así. Aquí mando yo y esto es por aquí. Dos cambiados por la espalda que acobardaron al toro puesto que cantó a rajarse. Roca con mucho mérito lo amarró tapando todas las salidas posibles, y para ello, utilizó su extraordinaria muñeca, principio de su poderosa muleta. Varias series en el sitio de cara o cruz, o embiste o te mete dentro, no había término medio y para eso hay que ser chulesco y capaz. Y así, en esos espacios y con esos planteamientos construyó una faena que elevó pulsaciones a todos los presentes. Series ligadas con la diestra bajo la incertidumbre de por dónde iba a pasar el astado. Hubo varios cambios de terrenos puesto que así lo demandaba el mansito que buscaba abrigo en tablas. A izquierdas, naturales muy ceñidos y con el mismo tinte de dudas en la existencia del trazo. Labor de bragueta e imposición desde el principio que escuchó la música de Tejera.  La espada, el descabello y el aviso empañaron su actuación. Ovación tras aviso.

El segundo del lote del director de lídia, tenía hechuras de toro y expresión de novillo. Con esto, la Maestranza no se pronunció, pero era para formar un sainete por una presentación impropia. Educación ante todo. Algún lance destacable pero sin caldear las gélidas temperaturas que se adueñaron del Baratillo. El piquero de trámite y a banderillas. Un tercio de los que hacen afición con un inmenso Ambel en la lidia y un enorme Curro Javier con los palos. Pasaje donde sonó la música para Curro en el último y donde se jugó la vida sin trampa. Voltereta que asustó y mucho pero afortunadamente quedó en eso. Mientras el capote templado de Ambel enseñó el camino y Lujan estuvo muy profesional. Gran tercio.  Brindó Perera al respetable.  Faena donde hubo buen trazo pero sin la suficiente continuidad por la falta de colaboración del cuarto. El extremo dio tiempos, no apretó con buen criterio a su oponente y todo se lo hizo a favor para que rompiera pero su inteligente estructura no tuvo el objetivo deseado puesto que el deslucido simplemente no quiso. Perera claramente sin suerte en el lote e irregular con la espada. Silencio. 

El quinto tampoco cambió el devenir de la hasta entonces muy plana corrida. Derribó al piquero Miguel Ángel Muñoz,  pero después de cantar a huidizo -manso- fue una clara demostración de bravura de mentira. En último tercio, con muchos interrogantes al empezar el trasteo por dilucidar cuanto iba a durar el toro, Talavante comenzó sin probaturas a derechas. Tejió Alejandro una faena muy personal, de exquisiteces muleteriles donde el pecho y la muñeca de diamantes obraron el milagro. Consideró que el terreno del quinto era donde él astado quería y allí, le firmó unas series marca Extremadura de gran calado. Temple, limpieza y verticalidad en una labor ligada, asentada y siempre ascendente. Al natural, tirando en vertical a tablas para dar mayor longitud y profundidad al rasgo. Por ahí, dejó patente que su zurda es una la muñeca de joyas. Estocada y oreja ante un mansito que dejó componer. Estocada y oreja.

El sexto bis de Torrestrella, un sardo bien hecho levantó palmas al salir al ruedo. Bonito toro que hacía octavo en la cuenta general. Un astado que se pegó un enorme balancín a las primeras de cambio que mermó su fortaleza. Brindis en los medios con un cielo que apagaba su luz poco a poco. Lo mismo que la embestida y la intensidad del quehacer de Roca Rey. Sólo hubo emoción en la primera tanda a partir de ahí se difuminó todo y se acabó una corrida sin pena ni gloria y con una presentación con más pena que gloria. Andrés tampoco tuvo material para el triunfo. Silencio.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Quinta de Feria. Corrida de toros. Casi lleno. 

Seis toros de Hermanos García Jiménez. 

Miguel Ángel Perera; silencio y silencio. 

Alejandro Talavante; silencio tras aviso y oreja. 

Andrés Roca Rey; ovación tras aviso y silencio. 

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