MADRID

Ovaciones para Ochoa y Marcos en una nueva nocturna en Las Ventas

Carlos Ochoa, Marcos y Diogo Peseiro hicieron el paseíllo.
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viernes, 10 de agosto de 2018 · 00:00

TEXTO: MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

Carlos Ochoa, Marcos y Diogo Peseiro hacían el paseíllo en una nueva novillada picada nocturna en la plaza de toros de Las Ventas en la noche de este viernes, 10 de agosto. Se lidiaban animales de Fernando Peña.

Al feble primero lo saludó Carlos Ochoa con veronicas encaderadas y solventes antes de que lo devolviesen por inválido. El mismo saludo le ejecutó al esmirriado sobrero, al que quitó Marcos por chicuelinas. Con la muleta, las formas pulcras y de gusto de Ochoa se toparon con la falta de raza de un novillo que ni para supurar almíbar valió nunca. Vareado y sin entidad, nadie le dio la importancia que necesitaba Carlos y el tasteo nunca conectó. Solo en una serie con la mano diestra pareció comunicarse con un tendido poco proclive a cambiar sus ideas. 

El segundo tenía mas entidad y mas fondo que sus hermanos, y a Marcos le costó encongrar el sitio donde repetía con humillación y cierto recorrido. Solvente y hasta sobrado en lo técnico, le faltó alma en ocasiones para que rompiese la faena, hasta que se enrabietó y conectó con un tendido deseoso de ver cosas. Pero entonces ya no había utrero en frente. Una estocada trasera dejó las cosas en ovación. 

Diego Peseiro puso mucha voluntad en todo con poco oficio, pero con la idea clara del torero que quiere ser. Ligero con el capote, puso banderillas con mas voluntad que acierti y se quedó muy quieto con la muleta con las pulsaciones disparadas antes de encontrar el asiento necesario. Y cuando llegó, el novillo de Fernando Peña ya estaba aplomado y negándose a repetir en la muleta del luso. Entró a matar pegado a tablas y le voló la espada al callejón tras el primer pinchazo. A la tercera pasaportó al animal para escuchar silencio.

La actuación de Carlos Ochoa con el cuarto fue mas sólida de lo que reflejarán las reseñas frías,porque no fue nada fácil el somnoliento y aburrido utrero, que tomaba la muleta y se dormía antes de llegar al embroque. Le puso mucho el madrileño, que siempre ocupó el sitio correcto y entregó lo que tenía. Lo mató con solvebcia, además, y escuchó una ovación.

También al quinto lo saludó Marcos con suficiencia capotera para comproblar su movilidad y cierta chispa de la que había carecido la novillada hasta el momento. Fregolinas interpretó Peseiro en el quite, antes de que se metiera Marcos con la muleta con el utrero. Y lo hizo despacio, con un inicio de gusto y por abajo, dando respiros al animal para que no se gastase demasiado. Pero no terminó de entregar la calidad que prometía y le faltó la humillación final para que tomase vuelo la faena de Marcos, que terminó en cercanias cuando se acabó la gasolina del de Peña. La estocada defectuosa no fue suficiente para pasaportar al novillo, se atascó con la cruceta y escuchó Marcos silencio tras aviso. 

Verónicas genuflexas sacó Peseiro de la manga para saludar al cierraplaza, en la linea de los anteriores, sin remate, pero con la humillación acusada, este sí. También acertó mas Diego en el tercio de banderillas, donde cuajó tres pares ovacionados. Pero su afán de torear la enchispada arrancada del utrero hubiera necesitado de mas pulso y menos aceleramiento por parte de un portugués que tuvo la volutad como principal virtud. Los enganchones fueron desluciendo una faena que concluyó con silencio. 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Novillada picada estival. Unas 8.000 personas. 

Novillos de Fernando Peña, devuelto el primero por inválido; sosísimo y sin entidad el feble primero bis; humillado y obediente el docilón segundo; aplomado pero noble el tercero; dormidito y aburrido el cuarto; manejable sin finales el quinto; con geniecito humillado el sexto. 

Carlos Ochoa, ovación y ovación. 

Marcos, ovación tras aviso y silencio tras aviso. 

Diogo Peseiro, silencio y silencio. 

 

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