LA CRÓNICA DE SALAMANCA

Emociones encontradas

Ferrera indulta a ‘Liricoso’ de Montalvo con la plaza dividida en una tarde de buen toreo del extremeño
jueves, 13 de septiembre de 2018 · 17:09

MARÍA FUENTES

Alegres y felices, o dolorosas y tristes. Es igual. El sentimiento surge como resultado de una emoción, sean como sean; emoción es algo que te pellizca el alma, ese toreo añejo que despierta corazones y hace soñar. Me quedo con las emociones que dieron esos tiempos medidos, esos desplantes tan toreros, con tanta pureza, con las manos desmayadas y la cadencia de las telas. Es Ferrera el que interpreta, es el público el que siente. Es quién paga quien quiere ver verdad y quien quiere sentimientos que le hagan temblar.

A eso vino hoy el extremeño, a sentirse y a hacernos sentir. Y no pasaban seis minutos de las seis cuando por chiqueros salió Liricoso’, toro serio, descarado de Montalvo. A Antonio se le quedó ya con el capote, cuando encajaba el riñón sobre el compás abierto y dejaba que el vuelo meciese a la verónica la embestida natural. Humillaba con clase, pero no empujó en el peto. Un solo puyazo, sin apretar. A partir de ahí, tiempos medidos para hilar por la diestra a mano baja con series macizas. El toro iba con todo, empujando en cada embroque entregando su bravura, porque fue bravo en la arrancada y en la repetición. Fueron excepcionales los naturales que sabe trazar despacio. Y entre despaciosidad y entrega, entre el toreo que gusta, que hace rugir, surgieron los “aficionados” con gritos incompresibles que pedían el indulto. Y no, señor presidente, usted no tenía que haber tragado. Pitos para usted, Ramón. Porque lo que selló Ferrera con su toreo tan puro y tan de verdad fue un faenón de dos orejas si lo hubiera matado bien, y ese toro extraordinario de Montalvo mereció una rotunda vuelta al ruedo, no un indulto. Se presupone cordura en una plaza que hoy ha firmado de manera irracional una hoja histórica en el calendario que no debió llegar; hoy La Glorieta ha vivido su quinto indulto el año que cumple los 125, un toro que ya es historia viva del coso y que provocó sentimientos encontrados con un público joven que exigió y pitó al presidente con más criterio que los que alzaron las manos cuando el extremeño se disponía a ejercitar la suerte suprema.

Sentir también es eso. Ilusión para algunos, decepción para otros. Lo común, para todos, el momento de un Ferrera que ha evolucionado para sellar de nuevo con el cuarto su mejor versión, y volvió a mecer los vuelos con despaciosidad. Galleo por chicuelinas para llevar al caballo a ‘Liricón’, un toro de menos fondo, pero noble y que humilló en la muleta. Y apostó por el desmayo en la postura para firmar series con la mano zurda, donde fue a más, y tiró de recursos cuando atisbó rajarse el animal. La inteligencia, la cabeza y la madurez para buscarle los terrenos, para bajarle la mano, para ofrecer esos paseos fuera de la cara, ese cambio de mano… la torería, el regusto, lo bueno.

Porque fue lo bueno de Montalvo lo que cayó en sus manos. Lo demás, un Castella frío, sin recursos y sin trasmisión que se topó con dos toros rajados y un Ginés Marín firme, maduro, con entrega, con compuesta figura pero que tampoco tuvo oponentes en fondo, que no en forma. Lo mejor, a esas horas, ya había pasado en una tarde que ya es historia, por ese indulto y por la falta de cordura de quién provocó lo que se debería haber evitado.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de La Glorieta, Salamanca. Segunda de abono. Corrida de toros. Media entrada. 

Toros de Montalvo. 

Antonio Ferrera, silencio tras división y oreja. 

Sebastián Castella, ovación y silencio. 

Ginés Marín, silencio tras aviso y silencio. 

FOTOS: MIGUEL CORRAL

22
3