EL APUNTE DE JUANGUI

Bolívar, el hombre de las dificultades

El colombiano Luis Bolívar salvó la feria de Manizales. Jugó la última carta en el póquer cuando la feria estaba a un toro de caer en la ruina de la mansedumbre.
viernes, 11 de enero de 2019 · 11:38

Por: Juan Guillermo Palacio

El colombiano Luis Bolívar salvó la feria de Manizales. Jugó la última carta en el póquer cuando la feria estaba a un toro de caer en la ruina de la mansedumbre.

La nueva magia de Antonio Ferrera había hechizado a los asistentes. Una tauromaquia inesperada de un torero que había venido la última vez, hace once años, en versión saltimbanqui.

Esta vez presentaba formas y expresiones angelicales, como si el espíritu de Antonio Montes no hubiese trashumado en el cuerpo de Belmonte, como creen los sevillanos, sino en el de este otro Antonio.

En la primera serie, el capote con gestos de Paula y de Curro. Sin tensiones postizas ni artilugios. Espiritual. Y de remate, tauromaquia antigua, toreo de piernas y macheteo de pitón a pitón, rematada con dos pinchazos en hueso frustrantes.

El cuarto toro se descordó en el segundo tercio. El presidente, en ejercicio de su terquedad, se obstinó en no cambiarlo, quitándonos el derecho de ver de nuevo al banderillero reencarnado en arte.

El artículo 73 de la ley taurina le daba a Luis Bernardo, presidente santanderista, las herramientas para satisfacer el deseo del pueblo: “El presidente de la corrida podrá ordenar la devolución de las reses que salgan al ruedo si resultan ser manifiestamente inútiles para la lidia (…) cuando una res se inutilice durante la lidia deberá ser sustituida por el sobrero siempre y cuando dicha inutilización se presentare antes del turno de muleta”. Decretó el estado de sitio (régimen de excepción que da poderes extraordinarios al Ejecutivo) y desconoció el estado de derecho.

Para ajustar, Sebastián Castella se había llevado el peor lote. Regaló una lidia decimonónica al quinto, un manso que no tuvo la gallardía de reaccionar y embestir. El francés pasó en blanco.

El éxito de la feria estaba en el destino del sexto, un toro alto, cuesta arriba, que comenzó a mostrar los mismos síntomas: desparramar la vista a las tablas, pararse, lanzar coces, cambiar de manera inesperada.

Y en Luis Bolívar. Tez morena, patillas largas y anchas y el blanco que se toma poco a poco su cabello como las nieves perpetuas del Ruiz o el nevado de Santa Isabel.

Al igual que el Libertador, guerrero curtido en conquistas y derrotas: la plaza de Las Ventas siempre esquiva, batallas que se pierden en el último albur, contratos que no se firman, la soledad del héroe. Torero en evolución, de maneras más estilizadas y algo de pausa.

Inicio de rodillas, estratégico, pues rompió el sosiego en los tendidos y le transmitió confianza al toro. Dos claves: llenar la visión del animal con la muleta para no dejarlo ir y dar siempre un paso adelante, atacarlo para provocar la embestida y así jalar de él. Para cerrar con toreo a pie junto, de maneras suaves, y estocada entera volcándose sobre el chapetón.

Dos orejas, Luis Bolívar había salvado la feria.

Una conquista, la primera de muchas de este libertador de su propia vida.

Síntesis del festejo

64ª. Feria de Manizales. Cuarta corrida. Jueves 10 de enero del 2019. Clima variable con amagos de lluvia.  Más de tres cuartos de plaza de asistencia. Se lidiaron toros de Juan Bernardo Caicedo, varipintos, dos jaboneros, dos castaños y negros. Con peso y edad. Casi cinqueños. Con toreabilidad el primero y sexto, ambos de la familia de los “Veleros”, el resto mansos sin juego.

Antonio Ferrera: saludo y palmas.

Sebastián Castella: palmas y silencio

Luis Bolívar: palmas y 2 orejas.

La feria continúa mañana con el festival nocturno. Novillos de Ernesto Gutiérrez para Enrique Ponce, Antonio Ferrera, El Juli, Sebastián Castella, Luis Bolívar, Cristóbal Pardo y Guillermo Valencia

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