ARTÍCULO

Angelo de toreo Caro

Quinto toro de una tarde que bailaba entre sosa y colorida. Saludo capotero, murmullos, cambio de tercio, risas, esclavinas por sobre el burladero...sopor.
domingo, 17 de noviembre de 2019 · 13:17

Quinto toro de una tarde que bailaba entre sosa y colorida. Saludo capotero, murmullos, cambio de tercio, risas, esclavinas por sobre el burladero...sopor. Lo usual, lo repetido, lo continuamente intrascendente. Alguna vez leí que la belleza está en el contraste, en esa sugerencia trágica que nos recuerda cuán distinto es lo que estamos viviendo a lo que vivimos a diario; o en cada primer tercio, o en cada tarde, o en cada feria. Es que se hallaron en la línea de los siete metros la embestida de Pescadilla, la obediencia del caballo Khon y el oficio de Angelo Caro.

Cite en rectitud, garrocha al cerviguillo, el jaco a la izquierda, cargar, despedir por la cara. Quien parafrasea a Pepe-Hillo es el autor, mas no el picador quien sigue las instrucciones cual repitiendo una lección de escuela. Aprieta Pescadilla cerca al pecho; sostiene Caro, aguanta, defiende el terreno. Giro completo desarreglando el peto y carga arriba. Se cuela entre tablas el burel y el picador responde colocándose estupendamente para recibirlo de nuevo. El aficionado ya lleva emoción. El brazo derecho aguantando el embate y la mano izquierda, presta e inteligente, poniendo todo en su sitio.

La codicia que se trajo Pescadilla desde Salamanca queda desnuda mientras que la suerte se emplaza en los medios, ahormada. Emoción generalizada en la Plaza. Gente en pie. Se emplea el bicho mientras lo sujeta -muy caballista- Caro hacia tablas. El corolario es muy torero con la vara en alivio, mientras Perera se lleva de un capotazo a Pescadilla a otros terrenos. Un puyazo de antología, de los que crean afición. De los que ya no se ven, pero que sí. Sobre el albero quedó, herida de muerte, la supuesta obsolescencia del primer tercio. En el aire el castoreño, recogiendo una ovación. La ovación, por antonomasia. Y es que si acaso la belleza vive en el contraste y el valor en la escasez; se entenderá entonces el título de esta nota. Enhorabuena, torero Caro.

Javier Cáceres Paurinotto

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