ARTÍCULO

Aventura o gloria

Ser torero exige una gran vocación decidida, condiciones personales, adecuadas, afición, sacrificio constante, renovación ininterrumpida y formación ética
lunes, 11 de febrero de 2019 · 08:24

FERMÍN GONZÁLEZ / SalamancaRTValdía

Si les preguntáramos a la pléyade de jóvenes que se convocan en escuelas y certámenes y bolsines taurinos por qué quieren ser toreros, la mayoría no nos daría una respuesta convincente… Un medio de vida que se cree fácil de lograr, un éxito económico y social de amigos o conocidos, una influencia familiar y otro sinfín de respuestas, donde existe la lamentable idea de que la “gloria” se abre paso con facilidad.

Solo excepcionalmente podemos encontrar a quien se presente desprovisto de estos objetivos materiales y elija la vocación como condición indispensable. Porque el ser torero exige una gran vocación decidida, condiciones personales, adecuadas, afición, sacrificio constante, renovación ininterrumpida y formación ética. Pensar que esto se logra con un puñado de tientas o capeas es un error. Así pues, aun teniendo valía y vocación determinante, el aspirante a torero debe tener asegurada una preparación intelectual, física y técnica, una determinada capacidad de observación, de razonamiento lógico y de intuición espontánea, para que esta actividad dé el rumbo más adecuado a su personalidad, orientándose en el sentido de una creciente conciencia de responsabilidad.

En breves días comenzará un nuevo Bolsín Taurino en Ciudad Rodrigo. Será la antesala de ese Carnaval que tiene como protagonista el toro; luego le seguirán otros como Ledesma y Peñaranda, que también cumplirá su X edición. Abierta, pues, queda la veda para esos jóvenes aspirantes, del más tierno escalafón aún desconocido, tan solo de los bisoños pertenecientes a esta escuela salmantina tenemos alguna referencia.

Se llega también al LXIII aniversario de este evento mirobrigense que, si bien poco cambió en cuanto a su tradición y a su fin, sí ha cambiado rotundamente a través de los tiempos, sobre todo en aquellos jóvenes “torerillos” y“maletillas, que recorrían cientos de kilómetros como humanamente podían para llegar e este Bolsín, poder dar pases a una becerra y vivir el Carnaval dentro del ambiente más taurino. Eran tiempos,- no crean que tan lejanos – al menos para mí -, donde el mozo salía de casa, diciéndole a su madre_ ¡Madre, quiero ser torero!”.

Así se iniciaba una aventura que no pocas veces terminó en gloria. Pero antes, cuántas caminatas por los cortijos de Andalucía o las dehesas y fincas de la charreria salmantina, cuántas hambres, cuántas mañanas de matadero para echar un capote a marrajos, moruchos y bueyes, siendo volteados y pateados las más de las veces. En otras ocasiones, ir en busca de la tienta donde le dejen meter baza, cuando la vaquilla no sea de caramelo, para ver si alguien asistente se fija en sus hechuras.

Servidumbre del hambre, de pantalones rotos, de pies doloridos, del mal dormir en pajares, del viaje en los topes de los vagones de mercancías, de merodear por plazas para deducir de los gritos de la gente, la realidad de las hazañas de los consagrados. Pero aquella etapa era superada. Era cuestión de tenacidad, constancia y voluntariosa terquedad. Sin nadie a su lado que le desengañe y le hable de verdad. ¡Y si lo hubiera, no sería escuchado! ¿Qué son las reflexiones de los sensatos al lado de la decisión de ser torero? La afición tiene veneno, una vez dentro es muy dificil renunciar a ella y, aunque los ángeles no hayan tocado al aspirante con la gracia de los elegidos, este  pensará para su adentro: ¡El día que yo toree un toro a gusto...!”.

A la espera de ese día llegaban a estos pagos mirobrigenses con el fin de poder ser él quien matara un novillo, para ser él quien había llegado hasta aquí recorriendo España para verse vestido de torero, aunque sea con un traje de luces apagado y viejo. Seguramente, la ilusión de ahora para cualquier “torerillo”, sea la misma. Las calamidades para llegar a la oportunidad del Bolsín, no. La vocación, ambición y afición, permítanme que lo dude.

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