EL TORO DE LA MERIENDA

La música callada de Diego Urdiales

Diego dejó sobre el albero maestrante la gracia de su concepto. Porque el sabor no requiere de añadidos para que éste estruje el alma de los que lo disfrutan...
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lunes, 6 de mayo de 2019 · 21:24

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO

En el Baratillo, donde una marcha se anuncia con tres toques de llamador para que Caridad del Guadalquivir comience el racheo, vino el alma pura de La Rioja a asentarse sin que Tejera hiciese falta para cuajar el toreo que lleva en sus entrañas.

Sin ser la explosión de una obra excelsa, Diego dejó sobre el albero maestrante la gracia de su concepto. Porque el sabor no requiere de añadidos para que éste estruje el alma de los que lo disfrutan.

Tremendamente derecho, como una vela, entró Diego a enterrar un acero que se le fue muy bajo… ¡pero qué muletazos pegó antes!

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