EL TENDIDO DE LOS SASTRES

Juan Ortega: de Linares a Jaén

Si en Linares el toro de Juan Pedro fue de  delicada nobleza, el de Victoriano del Río en Jaén tuvo la casta por virtud
sábado, 17 de octubre de 2020 · 21:51

PACO MARCH

Dos faenas dos, la misma provincia, cincuenta kilómetros y mes y medio entre ambas. Y Juan Ortega recreando el toreo.

Si en Linares el toro de Juan Pedro fue de  delicada nobleza, el de Victoriano del Río en Jaén tuvo la casta por virtud. Dos toros distintos y una verdad verdadera: el toreo puro de Juan Ortega.

Otro Ortega, Rafael, nacido en La Isla de San Fernando, no sólo toreaba con pureza sino que lo dejó escrito en, precisamente,  El toreo puro.

La pureza de Juan Ortega, que es trianero de cuna, nace de la naturalidad y se prolonga en la ligazón, con el sentimiento revistiéndolo todo de solemne gracilidad.

Juan Ortega torea acompasado y despacio, con las zapatillas hundidas en el albero, engarzando el muletazo con una profundidad que nace de las entrañas. Y resulta conmovedor.

No gesticula, no se pierde en cursiladas, simplemente torea. Ahí está la gracia.

Su mirada azul es tan limpia y pura como su concepto torero. Linares lo vio, Córdoba lo intuyó y Jaén volvió a verlo.

Por eso, en la vuelta al ruedo con las dos orejas de “Basurilla” -vaya por Dios con el nombrecito, ganadero- en la mano, las caras de los espectadores, mejor dicho, sus ojos asomados por encima de las odiosas mascarillas que ojalá hayan llegado para marcharse cuanto antes mejor,  eran el puro reflejo de la felicidad y, también el agradecimiento.

Es lo que tiene el toreo bueno, el toreo grande. Que te hace feliz.

Juan Ortega, en Linares y Jaén, nos hizo felices. Y eso, en tiempos aciagos como estos, es un bálsamo que no tiene precio.

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