EFEMÉRIDE

25 años de una revolución por encima del bien y del mal

El toreo de José Tomás es idealismo puro, por eso un buen puñado de locos siguen y persiguen su obra por las plazas en las que cada tarde dicta un mandamiento: hoy cumple 25 años de alternativa.
jueves, 10 de diciembre de 2020 · 10:13

Meditar sobre los poderes que apuntalan la carrera genial de José Tomás se nos antoja fundamental para comprender las pasiones que desata este diestro entre aficionados cultos, entre aquellos que están necesitados de una fiesta pigmentada de espiritualidad y romanticismo antiguo, y que por supuesto aborrecen y denigran el materialismo desbordado que define sus estructuras.

El toreo de José Tomás es idealismo puro, por eso un buen puñado de locos siguen y persiguen su obra por las plazas en las que cada tarde dicta un mandamiento. El nuevo toreo es esto, dice el maestro: una revolución de respeto a la profesión, de valor hasta la muerte o de compromiso con la tauromaquia y con esta Fiesta que pocos entienden. Y claro, el aficionado cabal converge, y estalla en emociones y le invade el paroxismo.

Hoy, José Tomás se ha convertido en el epicentro de una corriente sobre la que gira el mundo del toro. Todo está en función de su presencia o ausencia, de su sí o de su no.  Y el tomasismo, para muchos una religión, representa para ellos la única tabla de salvación de una fiesta adocenada que varias generaciones de taurinos y de toreros nos han legado. Y él es un dios como sólo Manolete o Juan Belmonte lo fueron en su tiempo. Dioses queridos, dioses idolatrados, pero dioses también combatidos. Ese es el sino de los genios.

Pero qué hay bajo este manto de idolatría, qué se mueve entre los vuelos de la muleta o el percal de este diestro andaluz nacido en Galapagar; porque José Tomás es un andaluz de esencia y de querencia, cordobés para más señas.

Hay un halo de acontecimiento continuo, de oportunidad genial de presenciar lo irrepetible, hay un sueño que nace de la sensibilidad que justifica este arte. Con José Tomás se tiene la sensación de que si no vas te pierdes algo, de ahí esa automarginación en los medios que es voluntaria e inteligente y que le hace misterioso. No hay prensa, no hay televisión. La cita es en un espacio concreto y en un tiempo determinado, y hay un juego verdadero con la muerte que subyuga, que hipnotiza y que fija los sentidos del espectador.

Todo ello nace de la actitud del diestro ante la tauromaquia. Él no es un profesional del toreo. Es un artista, para lo bueno y para lo malo. Y nace también de su aptitud, que pasa por manejar los tiempos de una faena de forma prodigiosa, de dominar el trazo con suavidad casi femenina, acariciando más que doblegando, y de una forma geométrica de enfocar la faena, que salva las líneas desde la absoluta quietud y con leves toques de muleta que devuelven al toro a su recorrido natural evitándole el desastre.

A José Tomás se le ansía porque roza un poquito más las líneas que te separan de la muerte. Y eso lo hace un héroe y para algunos un ser sobrenatural. José Tomás está por encima del bien y del mal.

Por Francisco Belmonte / Foto: Luis Sánchez Olmedo

Comentarios