INFORME

La amenaza del COVID a la cultura mediterránea y las medidas para superar la catarsis en esta Fiesta universal

Por Javier López-Galiacho Perona, profesor Titular de Derecho Civil de la Universidad Rey Juan Carlos, miembro del consejo asesor de la Fundación Toro de Lidia y colaborador de este medio.
sábado, 6 de junio de 2020 · 17:33

Javier López-Galiacho Perona, profesor Titular de Derecho Civil de la Universidad Rey Juan Carlos, presidente del Círculo Universitario Taurino Mazzantini y miembro del consejo asesor de la Fundación del Toro de Lidia, analiza en este primer artículo la situación de la Tauromaquia desde el Alfarje de Silos hasta la pandemia COVID-19. Un informe que se divide en dos partes por su interés. Un exhaustivo trabajo sobre la amenaza de muerte que recae en el último vestigio de la Cultura Mediterránea. El informe fue publicado en El Cierre Digital hace unos días y lo reproducimos a continuación. 

PRIMERA PARTE: La Crisis Covid-19 amenaza al último vestigio de la Cultura Mediterránea

"Siempre me llamó la atención la pintura en el maravilloso alfarje o techumbre del claustro de Silos, que representa a un hombre citando a un toro con lo que parece un capotillo verde. Allí lleva desde el siglo XIV como un testimonio importantísimo de que el juego del hombre con el toro en la Península Ibérica está arraigado en la cultura más popular con un vestigio último de la ancestral cultura micénica o mediterránea, que entronca con la taurocatapsia o juegos acrobáticos de saltos de hombre con el toro animal sagrado, una especie de ritual religioso y ceremonial, en esta cultura de la Creta de siglo XIV antes de Cristo y cuya práctica de entonces ha llegado a nuestros días gracias al descubrimiento de un fresco en el palacio de Knossosos en la isla griega de Creta.

Explicado extraordinariamente por el profesor Angel Álvarez de Miranda en su indispensable obra “Ritos y juegos del toro”, la relación del hombre y del toro desapareció de la Cultura mediterránea micénica para sobrevivir solo en España.
Desde entonces ese juego evolucionó, pasando de sortear los toros o lancearlos por caballeros nobles y a caballo, a la aparición del toreo a pie protagonizado por el Pueblo en la última parte del siglo XVIII.

Testimonio del siglo XIV de la relación hombre-toro en la Península Ibérica

Durante todo ese tiempo y hasta nuestros días, el toreo y la propia ganadería brava han sufrido una evolución sin perder la génesis del rito. Incluso sobreviviendo al acoso o prohibición que intentaron desde Papas, reyes a ministros ilustrados.

Las primeras reglas sobre como ejercitar el toreo se dieron entrado el siglo XIX (Paquiro o Cúchares), con muy escasa progresión hasta nuestros días. El toreo en su pureza está casi virgen. Indudablemente la tauromaquia, por el mantenimiento del rito y de sus reglas es el último espectáculo romántico que existe hoy en día.

Un hombre o una mujer (el último el caso el de la torera Cristina Sánchez), decide jugarse su vida ante un animal que ha sido criado exclusivamente para arrancarse a un caballo de picar o entregarse con sus embestidas a un ser humano que le cita con un trapo, muleta, o capote.

La tauromaquia siempre ha tenido como base la muerte del toro, no tanto como un rito de purificación, como algunos mitológicamente han argumentado, lo cual no dudo pudo haber sido los primeros años de su existencia, sino que su muerte va acompañada de su inservible adecuación una vez lidiado para una nueva lidia y por la imposibilidad de sacar partido a su explotación ganadera (carne barata y dura).

Una vez que los nobles abandonaron la tauromaquia, apeándose del caballo, abandonando las plazas mayores o foros donde lidiaban los toros, se dio paso al pueblo español como protagonista de una tauromaquia, a la que, por ser reunión de personas en época de fiestas o ferias, se la llamó Fiesta. Los toreros con sus cuadrillas, junto a los espectadores, empezaron a congregarse en torno a un ruedo, arena o anfiteatro que, al estilo de la arquitectura de ocio romana, se fueron levantando desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días.

Las plazas de toros, como tales, constituyen una singular arquitectura popular digna de protección, algunas de ellas de incalculable valor arquitectónico como las plazas de toros de Madrid, Sevilla, Ronda, El Puerto, Valencia, Barcelona, Palma de Mallorca, Albacete, Jerez, Murcia, Salamanca o Valladolid.

Este espectáculo romántico, que se convirtió ya en el siglo XIX en una empresa o modo de vida para sus protagonistas y organizadores, gira entorno a un protagonista esencial como es el toro bravo de lidia español, raza bovina única en el mundo, y el único animal herbívoro que acomete, embiste o ataca no para proveerse de alimentos, sino porque en su sangre originaria y en su selección lleva la bravura y la casta.

Es tal su valor ecológico, tan digno de protección, que el Congreso Mundial de Veterinaria declaró al toro de lidia bravo español no solo una especie zootécnica única en el mundo, sino que cada encaste también puede derivar en diferentes especies dignas de protección.

La cría y lidia del toro, que se ha mantenido como un espectáculo de masas durante estos siglos, ha requerido que esta crianza se realice en hábitats ecológicos que no solamente están dedicados al propio toro sino que por su extensión también son aprovechados para agricultura, biodiversidad, protección y aprovechamiento de otras razas de animales. Es lo que hemos conocido como la Dehesa española, donde florece el pino, el alcornoque, la encina, el romero, el tomillo, la jara, y junto a la cría del toro bravo, galopan caballos, se crían cerdos, sobrevuela el águila real, o nada en el riachuelo la nutria.

Pero en definitiva lo que está protegiendo ese hábitat digno por sí solo de protección es el toro bravo de lidia, que necesita extensión, hectáreas para su crianza, su selección, y no se olviden: para su lidia posterior en una plaza. Por eso y para eso existe el toro bravo. No hay otra razón. Si desparece la tauromaquia, este animal único se extingue. No sirve para otra cosa. Incluso dudo que pudiera sobrevivir en un zoológico como tal.

Esta forma de ganadería extensiva del toro bravo se ha exportado a otros países limítrofes con España, como son Portugal o Francia. Pero también ha pegado el salto al charco y se ha instalado en países iberoamericanos: Perú, Ecuador, Venezuela, Colombia o México. Países donde no solamente se dan festejos taurinos, sino que también se cría el toro bravo y pervive la ganadería de lidia. Incluso demuestra la historia que llegó hasta Cuba (muy popular allí después de 120 años el diestro Mazzantini), Guatemala, Uruguay (Plaza Real de San Carlos en Colonia, sigue en pie) o en la mismísima Argentina donde en la plaza actual bonaerense del General San Martín, allí estuvo su conocida plaza de toros mirando al Río de la Plata.

Durante el siglo XIX fue más importante el toro y la ganadería que los toreros. Incluso se anunciaban antes que los propios toreros, ganaderías como Miura, Veragua, o Pablo Romero. Toreros como Lagartijo, Frascuelo, Cayetano Sanz, El Tato, Cúchares o el mismo Mazzantini, iban por detrás en los carteles de aquellas legendarias  y conocidas ganaderías. 

Tauromaquia en el Siglo XX

El siglo XX trae la aparición de toreros que revolucionan el arte del toreo, llamándose por su importancia para el toreo su “Edad de Oro”, por figuras claves como Joselito y Belmonte. Para mí la gran revolución que traen estos dos diestros es que el torero prima por encima del toro y es este último, el animal, el que debe adecuarse en su selección para embellecer el toreo, dar gusto a un público que quería ver triunfar a sus toreros, aminorando para ello el empuje y la bravura del toro de lidia, mítico y viejo descendiente del uro centroeuropeo.  

La aparición de Manolete en la posguerra española confirma esta evolución hacia el torero superstar y su muerte en Linares no frena esa concepción. Tras él llegarían otras importantes figuras con gran arraigo social: Domingo Ortega, Luis Miguel, Pepe Luis, Litri, Aparicio, Camino, el Viti, Puerta, Curro, Paula, etc. 

La Transición no acabó con la tauromaquia. Al contrario. Incluso se consideró relevante el ámbito democrático del ruedo o de los tendidos como espacio de encuentro de diversas clases sociales y de progreso del necesitado. Siempre recordaré a mi admirado Juan Antonio Arévalo, senador socialista, cuando me decía que incluso en la época de Franco se habían utilizado las plazas de toros para generar protestas como cuando asistía el general a las corridas de toros, principalmente en la corrida de la Beneficencia.

Los felices años 80 se aprovecharon taurinamente hablando para incorporar a la movida madrileña y a todo aquel movimiento underground o alternativo que consideraban a las corridas de toros como una forma de distinguirse socialmente en un ámbito de libertad, de expresión, de divertimento, etc.

La eclosión taurina de fenómenos como Antoñete en su regreso fueron iconos para esta Movida. A todo esto se unió la explosión de una ganadería prototipo de bravo, que había surgido del pueblo, a través de un hombre de campo, de Galapagar, como fue la de Victorino Martín, y la epopeya que significó para la historia la fiesta la corrida de junio de 1982 con Ruiz Miguel, Palomar y Luis Francisco Esplá, saliendo los tres a hombros en una corrida entonces televisada y exportada a América con gran éxito de audiencia en ambos continentes.

Los años 90 en la tauromaquia

Los años 90 vinieron protagonizados por una guerra comercial de televisiones privadas que apostaron por la fiesta de los toros, entre ellas Antena3 o Telecinco, que daban como mínimo a la semana una corrida de toros, muchas veces en montajes taurinos que dejan bastante que desear y dañaron la Fiesta. En ese tiempo recibí una llamada de Antonio Pozueco, el jefe de producción de Telecinco, pidiéndome que retransmitiera yo las corridas de Telecinco. En ese momento me encontraba recién acabada mi carrera de Derecho y opositando, por lo que tuve que rechazar esa oferta suculenta y muy atractiva para un joven entonces.

El nuevo siglo trajo la emergencia de una figura de leyenda como ha sido José Tomás que fue llevando gente a los toros como no se había visto desde El Cordobés; también esa década y la anterior, implica la llegada de las televisiones de pago, especialmente de Canal Plus, con un espectáculo soberbio de realización y comentarios a cargo de Santamaría y de Manolo Molés, a quien por su don de comunicación se le debe haber llevado la actualidad del toreo a todas las clases sociales, sea o no aficionadas.

Esta primera década del actual siglo, también trae un golletazo implacable a la Fiesta con la eliminación de las retransmisiones taurinas de Televisión Española de las corridas de toros, por orden directa del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, a su consejo de administración de Radiotelevisión Española, con amplia mayoría socialista por entonces.

"La cultura no se censura"

Se argumentaba que invadía horario infantil, un argumento cínico porque en ese horario infantil los chavales, los niños, se tenían que tragar los muertos o reventados de las guerras de Irak, Siria etc. La llegada del Partido Popular en 2011 no trajo consigo la valentía de que Los Toros volvieran a Radiotelevisión Española. Un par de corridas a lo sumo. Recuerdo la corrida de Mérida con Alejandro Talavante y el regreso de TVE a una de sus corridas tradicionales más queridas como era la de Asprona en Albacete, que resultó un fiasco artístico y de recaudación, pero que tuvo la valentía de devolver a España una corrida dedicada a la discapacidad.

En el mérito del Partido Popular sí hay que apuntar el acierto de blindar culturalmente la tauromaquia través de la Ley 18/ 2013, que fue una reacción a uno de los episodios más tristes de la historia de la tauromaquia como fue la desaparición de los toros en Cataluña y el cierre de la Plaza Monumental de Barcelona aquella tarde de septiembre de 2011 con el diestro José Tomás. Así como en el activo del PP debe figurar el recurso de inconstitucionalidad contra la ley del parlamento catalán, cuya resolución judicial positiva supone un antes y un después en la protección de la tauromaquia frente las veleidades nacionalistas o anti taurinas de acabar con la Fiesta.

Por cierto, el haber permitido este cierre tuvo como culpables a muchos sectores sociales, incluidos medios de comunicación muy señalados de Cataluña, y ahí está la magnífica tesis del profesor de la Universidad San Pablo CEU, José Ignacio Castelló, de la que fui miembro de su tribunal, donde denuncia como la prensa catalana apuntilló la tauromaquia en Cataluña junto a la Generalidad.

Pero la gran eclosión internacional de la Fiesta, acompañada del boom turístico de la España de los sesenta, fue el fenómeno mundial de El Cordobés. Nadie tendrá en la historia de la tauromaquia una repercusión tan internacional como este torero. Que quede aquí apuntado por quien vio morir su mito una tarde del 14 de septiembre de 1981 en la plaza de toros de Albacete, donde injustamente se le acusó de la muerte de un espontáneo.

En esa locura o aquelarre nacionalista contra la Fiesta en Cataluña, fue parte decisiva también el entonces presidente Pepe Montilla, por cierto, buen aficionado a los toros, quien no permitió la libertad de voto del PSC para impedir la desaparición de la de la tauromaquia en Cataluña. No creo que volvamos a ver toros en esa querida región. El día del cierre fue el más penoso en mi historia como aficionado. Allí estuve.

Sí que es cierto que aquella sentencia del Tribunal Constitucional de 2016 y la Ley 2013 del Partido Popular impidieron que se le diera la puntilla a la fiesta en Baleares. Pero esta Ley se quedó solamente en blindar el aspecto cultural de la Fiesta para no poder ser erradicada de diversas comunidades y, en cambio, ha olvidado todo un gran plan llamado PENTAURO para promocionar la Fiesta de los toros en colegios, hacer incluso un título de formación profesional en materia Taurina, o el inventario y actualización urbanística de las plazas de toros como elemento a proteger y a rehabilitar.

El análisis de la Tauromaquia por Javier López-Galiacho

La llegada al Gobierno de España del Partido Popular de algunos técnicos con conocimiento o amor por la fiesta, entre ellos el gallego Fernando Benzo o el albacetense Marcial Marín, posibilitó la celebración del Primer Congreso Internacional de Tauromaquia en Albacete, que, al carecer de una estrategia continuidad, ya nació muerto. Los que participamos nos dimos cuenta que detrás había más un intento de rédito electoral que una verdadera estrategia de partido para blindar, proteger y asentar la evolución de los toros en la sociedad española.

En la última década

Esta última década también ha significado, con muchísimo dinero por medio, al impulso nacional e internacional de los movimientos anti taurinos, asaltando ruedos, con publicidad en medios de comunicación, pagando anuncios impactantes en las calles más famosas del mundo (en la Quinta Avenida de NY yo vi un enorme anuncio: “tortura animal”), etc.

Y así hemos asistido en los últimos 20 años a una progresiva destaurinización de España. Sobre ésto hemos reflexionado en varios ensayos, el último será publicado en el próximo número de la revista, bien dirigida por Salvador Ferrer, Quites de la Diputación de Valencia, o en mi pregón de feria taurina de Albacete del pasado 2019.

España se está destaurinizando a rajas. Siempre pongo el ejemplo de un día explicando en clase de derecho un supuesto práctico y al sacar a relucir el nombre de El Cordobés o José Tomás, no miento, el 90 por ciento de mi clase desconocía completamente quién eran estos toreros.  Por cierto, José Tomás ha tenido en su mano colocar la Fiesta en el corazón de los españoles pero su carácter o personalidad y su cornada gravísima en México, truncó ese destino. Un presidente de RTVE le llamó para ofrecerle torear una corrida en prime time televisada por el canal nacional e internacional y la rechazó.

El toreo ha desaparecido de los medios de comunicación, dejando por tanto de existir su actualidad para mucha gente. La publicidad ha abandonado cualquier intento de poner dinero en el toreo. Las empresas rechazan en sus políticas de patrocinios poner un céntimo en espectáculos taurinos. Los protagonistas de la información pública o de la prensa del corazón han desertado de las plazas de toros. En los años 80 y 90 era muy fácil verlos por los tendidos de Las Ventas con el cubata en la mano, con un clavel en el ojal.

Las muertes de Fandiño, Victor Barrio o el ejemplo mundial de superación de uno de los héroes contemporáneos llamados Juan José Padilla, fueron portadas en telediarios pero sin pasar de limitarse a recoger un suceso de impacto.

El número de festejos mayores y menores se ha ido reduciendo progresivamente hasta llegar el pasado año a 43 el número de festejos del torero, El Juli, que más toreó. Hace diez años, en 2009, El Fandi lideró en 88 corridas el escalafón. Más datos del declive: el número de los festejos con picadores pasó de 624 en el año 2007 a 217 en 2018.

Las razones no solo residen en la destaurinización progresiva de España, sino que un número considerable de aficionados desertaron de las plazas al no ofrecerse emoción y ser un espectáculo muy previsible. Yo ya lo dije en mi pregón de Feria Taurina de Albacete de 2019, que la Fiesta de los toros me recuerda a la Orquesta del Titanic, sigue tocando mientras que la Tauromaquia se hunde en su apoyo social, y algunos pretenden llevarse lo que queda en la caja.

SEGUNDA PARTE: Medidas para superar la catarsis del Covid-19 en esta Fiesta universal

Mientras que la Fiesta se lamía el pasado año sus heridas, habiendo cerrado una temporada insulsa, con pocos festejos, el abandono de los pueblos, la escasez de novilladas y la falta de recambio tanto en el escalafón de novilleros como de nuevos aficionados o cuando la tauromaquia preparaba sus grandes ferias con más de los mismo, salta el COVID-19 y cierra las plazas de toros y cercena el campo bravo, dejando falto de ingresos a los profesionales, organizadores, trabajadores alrededor de la Fiesta y camino del matadero a miles de cabezas de toros.

La Fiesta se puso en la cola para pedir ayudas creyendo que el Ministerio de Cultura le iba a dar el mismo tratamiento que al cine o al teatro y se ha dado cuenta que el ministro profesor mira a otro sitio y comienzan a ser muy fundadas las sospechas que el Gobierno y sus socios aprovecharán esta crisis sanitaria para dejar morir por inanición al toreo.

Remedios de salvación

Lo que no han podido lograr papas, reyes o anti taurinos, puede hacerlo el bicho o virus, llevándose por delante este acervo de cultura popular e intelectual, de gestas y gestos, ese impresionante patrimonio ecológico que representa la tauromaquia. Y qué se puede hacer para evitarlo. He aquí algunas ideas o remedios:

La unión prioritaria y total del sector: toreros, subalternos, ganaderos, organizadores de espectáculos taurinos, y personal que genera ingresos alrededor de la Fiesta (que son muchos). Lograr las 37 medidas apoyadas por la Fundación del Toro de Lidia que el Gobierno desprecia, hasta ahora. Como afirma mi amigo Antonio Lorca, la tauromaquia pase lo que pase no tiene que pedir perdón por existir.

Estudiar acciones reivindicativas de calle. Es lo único que entienden políticos como los que ahora nos gobiernan. Contar con los aficionados: aquí nadie habla de nosotros. Somos los consumidores, los que pagamos en taquilla y nadie te pide opinión. Es más se nos cierran las puertas. El Foro Mazzantini ha montado ya una mesa de aficionados relevantes para poner encima de la mesa ideas para mejorar el toreo. Nosotros, como dice Antonio Lorca, no pedimos perdón por ser taurinos.

Que alguien encargue un estudio de cifras real, cierto y fiable. No hay números para la Fiesta. Quien diga que los tiene miente: número total de afectados, espectadores, ingresos, gastos, IVA, costes, etc. Encargar a una gran auditora un estudio que sirva de referencia para sentarte a dialogar con la Administración. Reducción de costes del espectáculo, con la consiguiente rebaja en las entradas. Repensar el contenido de la lidia: aligerar la duración para un tiempo de pantallas, prisas.

Los toreros tienen que dar un paso para adentrarse en la opinión pública. Viven muchas veces apartados de la sociedad. No cuentan para muchos pues no se les oye. Volcar enormes esfuerzos por educar, difundir y mostrar el ámbito ecológico de la tauromaquia. Ahí hay futuro con la juventud.

Educar en los valores de la Fiesta y mostrarlos con orgullo. Mi libro “De frente, en corto y por derecho” los compendia.  Formar y preparar speakers públicos para debatir sobre la necesidad de preservar la tauromaquia. No podemos andar solo con un Apaolaza por el mundo. Gracias Chapu. Inventariar la cultura que abarca la tauromaquia: literatura, cine, teatro, pintura, opera, etc.

Inventariar las plazas de toros de España con valor histórico y blindarlas, desarrollando un programa de rehabilitación integral de las mismas. Inventariar las personalidades e intelectuales que en el mundo apoyan la tauromaquia. Nos llevaríamos sorpresas. Crear la Real Academia de la Tauromaquia para difundir esos valores y exigir su carácter cultural. Hay academias hasta de gastronomía y de vino, pero no del grandioso toreo.  

Replicar la Fundación del Toro de Lidia a nivel internacional, como lobby para difundir la tauromaquia y protegerla en los nueve países donde está vigente. Crear en el mundo del toro algo parecido a la Liga de Fútbol Profesional que ordene la organización del espectáculo. Acabar con el oligopolio empresarial taurino que maneja plazas y exclusivas de toreros. Introducir fórmulas modernas de gestión empresarial.

Precauciones en el mundo de la tauromaquia durante el Covid-19

Liberar por ayuntamientos el precio del arrendamiento de plaza. La solución no está en acabar con el animalismo, no obsesionarse con los antitaurinos, sino reforzar el valor ecológico digno de protección de una especie única amenazada, apostar por difundir sus valores, que son enormes, entre los más jóvenes. Defender la libertad constitucional de asistir o no los toros.

La Tauromaquia, patrimonio de la humanidad

Como señala el profesor François Zumbiehl, la tauromaquia es patrimonio inmaterial de la humanidad y debe ser protegido por la UNESCO como minoría cultural. La Ley de 2013 declaró la protección de la tauromaquia como patrimonio cultural de España. Con dinero público no se le puede hacer daño. No se puede permitir ataque alguno o discriminación alguna que proceda desde el dinero público.

Este informe sobre la tauromaquia no puede finalizar sin demandar una profunda revolución profundísima del toreo, de sus estructuras internas y externas, y de todas sus escalas si quiere sobrevivir en los próximos y convulsos años. Que se mire en el mundo del circo. Hace años los circos llenaban las cajas de artistas y empresarios. Hoy es una actividad en vías de extinción.

Las precauciones tomadas en las plazas 

Si la política, según Julio Anguita, necesitaba programa, programa, programa, la tauromaquia requiere con urgencia estrategia, estrategia, estrategia. La Fiesta está ante su catarsis. El teatro y la tragedia griega aprovechaban la catarsis para purificarse. Es lo que necesita la Tauromaquia, una verdadera catarsis: purificación, purificación y revolución.

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