EL TENDIDO DE LOS SASTRES

Descreído, para seguir creyendo

Durante dos horas me olvidé de la pandemia, los políticos, los expertos, los tertulianos y la madre que los parió
viernes, 18 de septiembre de 2020 · 21:39

PACO MARCH / FOTO: MURIEL HAAZ

En el previo de la corrida de hoy en el Anfiteatro nimeño, Casas (David) entrevistaba al periodista catalán Joaquín Luna- nunca suficientemente ponderada su militancia taurina en territorio hostil- y este subrayaba su admiración por los toreros, capaces de afrontar y superar el miedo en pos de la (efímera, sí, pero, cuando se da bien, perpetua en la memoria) creación artística. Y, añadía: “con los años uno aprende a valorar al toro”. 

Ahí está el quid. El toro. Sin necesidad de ponernos estupendos, es el toro el que da sentido al toreo. Buena prueba, lo visto esta tarde. Con trapío sobrado, armónicas hechuras y astifinas cornamentas, los seis toros de Victoriano del Río (el tercero, de Toros de Cortes, tanto monta) dieron motivos para la alegría de los aficionados y del público, que aunque parecido no es lo mismo. 

De esa casa son toros que, en los últimos años, han propiciado páginas excelsas de la tauromaquia, tres de ellos nada menos que en Las Ventas: “Cantapájaros” (El Juli), “Dalia” (Manzanares) y “Beato”, en el glorioso adiós de Esplá”. 

Hoy, “Descreído”. Había que verlo galopar hacía el caballo montado por Germán González, la vara alzada, el grito ¡je,toro!. Y allí que se fue dos veces de largo “Descreído”, empujó con fijeza, romaneó. Después, en la muleta de Emilio de Justo no desmintió esa bravura, embistiendo con profundidad y entrega. El pañuelo azul que asomó en el palco lo premió. Pero es que, salvo el sexto, los otros cuatro tuvieron variada condición pero similares parámetros de seriedad, por dentro y por fuera. Hubo toros, queda dicho, y toreo también. 

Y, por eso, durante dos horas me olvidé de la pandemia, los políticos, los expertos, los tertulianos y la madre que los parió.

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