EL TENDIDO DE LOS SASTRES

El público

En su crónica de la corrida de ayer en Nimes, un reputado crítico de un reputado diario se exclama  del nivel del público francés, al que menosprecia y pone a la altura de plazas de segunda en España
sábado, 19 de septiembre de 2020 · 20:52

PACO MARCH

En su crónica de la corrida de ayer en Nimes, un reputado crítico de un reputado diario se exclama  del nivel del público francés, al que menosprecia y pone a la altura de plazas de segunda en España, por “farandulero y generoso”.

La corrida- como quien esto firma- la vio por televisión y ¡mon Dieu!, ahí llegó el descubrimiento. Desconozco si el reputado crítico del reputado diario ha visto alguna vez, varias o ninguna,  toros en los ruedos franceses, tanto del sudeste como del sudoeste. Si lo ha hecho, debe saber de  las muy distintas sensibilidades de los respectivos públicos y plazas, en las que tienen cabida toreros artistas, lidiadores, de valor, corridas duras, corridas “comerciales…

También, a poco que haya visto – ayer, sin ir más lejos- cómo agradecen, valoran y jalean la suerte de varas bien hecha. Como el respeto, que es también admiración,  a quienes se visten de luces y se juegan la vida. A lo mejor ha visto pocas o ninguna corrida en Francia, pero si pregunta a los toreros, de antes y de ahora, estos le explicarán que las broncas en Francia son algo así como una galerna cántabra, un rugido prolongado.

Ocurre que,  libres de tener que dar explicaciones al vecino de localidad o discutir con el tendido sabio si piden o no la oreja, si aplauden o abuchean, viven la corrida con pasión y sin corsés.

En Nimes, por seguir ahí, han sido y son ídolos toreros de tauromaquias muy dispares y la gran mayoría que acude a la plaza sabe quien torea (algo lógico, claro, pero que no ocurre en plazas españolas de postín ¡qué cosas!) y  el encaste de la ganadería de turno.

Y a Nimes van también aficionados españoles, catalanes entre ellos, como el arquitecto Óscar Tusquets, entrevistado hoy en el previo del festejo y que, preguntado por sus impresiones de ayer ha subrayado, precisamente, el comportamiento, talante y respeto del público.

En 1997 el Ministerio de Cultura otorgó a Tusquets la Medalla al Mérito de las Bellas Artes y en una entrevista posterior, decía: “Cuando me la concedieron resulta que otros de los premiados eran Curro Romero y El Viti. Casi me hizo más ilusión hacerme la fotografía con ellos que la Medalla”.

En esa misma entrevista, publicada en el semanario Jot Down el último año de toros en Barcelona, Óscar Tusquets afirmaba: “ Me gustan los toros, sí. Me parecen el último gran espectáculo verdadero. Un espectáculo en que si el torero comete un error se deja la vida es una cosa muy seria. De hecho, no creo que los toros sean un espectáculo. Ni una fiesta, claro. Eso resulta casi ofensivo. A mi modo de ver, tienen más que ver con el rito”.

Desconozco- aunque imagino lo contrario- si Óscar Tusquets salió ayer del Anfiteatro nimeño con la misma percepción que el reputado crítico del reputado diario. No sé tampoco si en la corrida de hoy (soberbio Daniel Luque, soberbio), Tusquets habrá pedido orejas para Juan Leal. Pero, a cuatrocientos kilómetros, desde la Barcelona de la prohibición, siento envidia por él.

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