CONTRAQUERENCIA

La anarquía del aguacero

Durante toda la corrida estuve pensando en lo confusa que se ha vuelto la plaza de Las Ventas. Lamentablemente, casi toda la tarde dio para eso.
miércoles, 23 de mayo de 2018 · 22:26

DAVID JARAMILLO

Durante toda la corrida estuve pensando en lo confusa que se ha vuelto la plaza de Las Ventas. Lamentablemente, casi toda la tarde dio para eso, pues el juego de los toros de Victoriano del Río, en esta ocasión un punto por debajo de la impecable presentación a la que nos tiene acostumbrados, y con un más que decepcionante juego, lastró el cartel que mayor expectación había levantado de todo el ciclo. Salvó el expediente el sexto, que obedeció hasta la mitad de la faena y de la otra mitad se encargó Roca Rey, que puso en juego, una vez más, no sólo todo su inmenso valor y capacidad como torero, sino, además, la responsabilidad de echarse el peso de la tarde encima. No en vano, es a su reclamo que las taquillas se están moviendo con más fuerza.


Si bien, esa oreja cortada a ley sirvió para maquillar un poco la insulsa tarde, no ocultó -al contrario, acentuó un poco más- ese ambiente de anarquía que se está respirando últimamente en Las Ventas. Lo curioso es que esto se ha evidenciado con más fuerza cuando arrecia el aguacero. El lunes, durante la novillada, se jaleó con rabia desatada cada lance y cada muletazo (los buenos y los no tanto), como si la inquisición hubiese abandonado el edificio y los profanos hicieran su fiesta. Esto no quiere decir que Toñete no hubiese merecido aquella oreja, por supuesto que sí, pero el ambiente que rodeó su faena en medio del diluvio marcó una tendencia que se volvió a notar hoy, cuando la lluvia empujó al gentío a los bares interiores y las atiborradas gradas y andanadas exacerbaron su alegría en varios desempleados capotazos, que pretendían ser verónicas, y otros muletazos más, que, dadas las escasas condiciones del toro y la dificultad del temple entre el vendaval, en condiciones normales, se habrían mirado de reojo con prudente silencio y, en las naturales de Las Ventas, habrían sido protestados con vehemencia por los más intransigentes, sobre todo ahora, que tienen en Roca Rey al nuevo blanco de sus más ácidas críticas.


Cabe la pregunta ¿Será que la gran masa que llena las plaza de Madrid está hartándose de la acritud de unos pocos? No son pocas las tardes en las que los enfrentamientos verbales entre unos y otros se roban la atención de lo que está pasando en el ruedo y, entonces, tantos unos como otros pierden la perspectiva.


No estoy yo para dar o quitar la razón a unos o a otros, ni me corresponde ni lo pretendo, pero pienso que la personalidad de la plaza es lo suficientemente conocida como para intentar cambiarla, aunque también es verdad que un poco del equilibrio que nace del respeto vendría bien para evitar que se pierda el norte, puesto que las filias y las fobias sólo podrán conducir al caos.

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