CONTRAQUERENCIA

Y reventó San Isidro

Ya era hora, la feria avanzaba y, aunque se habían visto cosas importantes, faltaba la contundencia que se ha visto en estos últimos dos días.
viernes, 25 de mayo de 2018 · 23:34

DAVID JARAMILLO

Ya era hora, la feria avanzaba y, aunque se habían visto cosas importantes, faltaba la contundencia que se ha visto en estos últimos dos días. Sin duda, el encuentro de El Juli con el bravo “Licenciado” de Alcurrucén ha sido el punto de inflexión. Hasta los más empecinados detractores del madrileño tuvieron que ceder ante la evidencia de ver cómo se exigían mutuamente toro y torero. Puede ser, incluso, que esta faena haya sido la mejor, la más completa, de El Juli en Madrid. Lástima la espada, porque eran dos orejones seguros. No obstante, ahí se partió la feria. La rotundidad de este triunfo puso el listón a la altura de la excelencia, donde debe habitar en un ciclo como el de San Isidro. Lástima, eso sí, que el público se haya olvidado de pedir la vuelta al ruedo para uno de los toros más bravos que ha pisado esta arena en mucho tiempo.

Y todavía se sentía la resaca en los tendidos de los visto el jueves, cuando el destino movió sus fichas para juntar a Alejandro Talavante con “Cacareo”, de Núñez del Cuvillo, otra vez… Porque todavía está fresca en la memoria una de las faenas más intensas de los últimos tiempos, como lo fue la del extremeño con un toro del mismo nombre y ganadería en Valladolid, en el homenaje a Víctor Barrio. Y Alejandro lo volvió a hacer… Contó, eso sí, con la dulzura casi empalagosa del noble y buen “Cacareo”, pero es que además, Talavante, con el recuerdo en forma de brindis al herido Ureña que le permitió entrar en la corrida, esculpió los naturales con esa manera tan suya de convertir la franela en látigo de seda, porque de tanta suavidad y lentitud, pareciera que su muleta no sometiera ni obligara, cuando precisamente lo que hace es gobernar con caricias cada milímetro de las entregadas embestidas. Puede que haya faltado la emoción de una acometida más vibrante, con más picante, pero aún así es difícil encontrar un defecto en la faena que hubiese impedido que el doble trofeo cayera con la justicia que lo hizo.

Han tenido que ser ellos, Julián y Alejandro, los que hayan reventado este San Isidro en triunfo, pero tengo que confesar que me ha alegrado especialmente el éxito de López Simón. Alberto necesitaba algo así, y ya no tanto por la puerta grande, que también, evidentemente, pero lo que verdaderamente le estaba haciendo falta era volver a dejar salir ese toreo que lleva dentro, su expresión más sincera, tener la oportunidad de que le dejaran (tanto el toro como el público) sentirse libre otra vez. Hoy le vi suelto, entregado e inteligente, pues cuando ya llevaba un puñado de buenos muletazos y el público seguía paladeando la anterior faena de Talavante, Alberto los metió en la suya asustándoles con un inesperado y arriesgado cambio por la espalda. Entonces se sintió otra vez capaz, dio el paso, asumió riesgos y toreó sin vender absolutamente nada, sólo su naturalidad. Las volteretas pusieron el drama y seguramente hayan ayudado para que la pasión se desatara, pero el milagro ya había ocurrido, el mejor López Simón estaba de vuelta y lo subrayó con su manera de entender y sacar lo mejor del sexto “cuvillo” y rendir nuevamente al público que volvió a estar con él. El de Alberto ha sido el triunfo más importante, no digo a nivel taurino, pero sí personal, porque delante de Madrid, esa plaza que le ha dado y le ha exigido tanto, ha derribado las barreras internas que le atenazaban.

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