EL TORO DE LA MERIENDA

El rebullicio y la cruceta

No fue la mejor, ni la más rotunda, ni la más pulcra, ni la del toreo eterno, ni la del cambiado que saca el corazón al de arriba… pero sí la que Pamplona quería. Por eso manda Andrés.
miércoles, 10 de julio de 2019 · 21:12

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO

No fue la mejor, ni la más rotunda, ni la más pulcra, ni la del toreo eterno, ni la del cambiado que saca el corazón al de arriba… pero sí la que Pamplona quería. Por eso manda Andrés. Fue por momentos el rebulluicio que nunca ha predicado Roca Rey, pero sí era lo que hoy necesitaba para seguir llevando el cetro que le hace mandar en la tauromaquia. A pesar del hombro. Porque si entra la espada y la cruceta en ese animal, hubiesen caído las dos orejas, pero la lesión no coronó su obra.

Con la autoridad de quien manda, con el poso de quien expresa lo conseguido y lo que queda por alcanzar, con la reinvención de quien tiene siempre algo nuevo que contar a las peñas y con la seriedad de quien torea también para la sombra. Así se llegó a Pamplona un Andrés que se despidió con el descabello cayéndosele de sus propias manos.

Porque no, no fue el animal que esperaba Pamplona y, sobre todo, su afición. No fue el trapío que es seña de esta plaza, pero sí fue la condición que le valió a Andrés –no la que necesita, porque hasta con una piedra inmóvil con pitones monta la marimorena el peruano- para que las peñas se rindiesen y la sombra se quitase el pañuelico para pedirle el premio.

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