AL NATURAL

Demonizar a Nautalia

viernes, 11 de abril de 2014 · 00:00

Entre dos fuegos. Así se encuentra una empresa de turismo que intentó ganar su pan vendiendo paquetes para acudir a la feria de San Isidro y a la que las presiones antitaurinas han colocado en el paredón del taurinismo más recalcitrante. Atiende, la empresa en cuestión, al nombre de Nautalia, y es el más claro -y último- ejemplo de que en las guerras -cualquier guerra- lo que menos importa son las libertades.

No voy a defender posturas. Ni una, ni otra, porque ambas son igual de nocivas para el desarrollo de la libertad.  Me declaro fervientemente en contra de las presiones antitaurinas que obligan a una empresa a dar marcha atrás en contra de la libertad de mercado para la oferta y la demanda, pero también me sitúo enfrente de quien pretende demonizar a una compañía que se ve ahora entre los dos fuegos de una guerra. Ni lo uno ni lo otro suman a la tolerancia, y me parece fundamental que exista ésta para que no vuelva a producirse lo otro. Pero hay más elementos indispensables para reconducir este tipo de reacciones.

Entre otras cosas porque, visto lo visto, no creo que haya empresa que se decida a invertir en el mundo del toro después de ver trasquilada a Nautalia por intentar ganarse el pan y sumergirse en el taurinismo, que ha demostrado no tener nada de tolerante. "¡Nautalia al paredón!" parecen gritar las redes sociales, que tienen muchos elementos positivos, pero también cuentan con otros declaradamente nocivos; por ejemplo, que nadie está obligado a dar la cara ni a responder por sus comentarios. Y eso abre la mano de la libertad para convertirla en libertinaje. En este y en todos los ámbitos.

Con esto no defiendo la marcha atrás de Nautalia a vender sus paquetes para San Isidro -básicamente porque, después de hablar con la compañía, he confirmado que los siguen vendiendo-, sino la libre decisión de una empresa a buscar y ganar su pan donde lo crea más conveniente. Porque si desde el toro le mordemos la mano, sacudirá el polvo de sus zapatillas como Santa Teresa y no querrá volver a saber nada de un mundo poco dado a la comprensión.

Sin comprensión entre los que no tienen industria para defender las posturas afines y con presión desmedida de quienes se han organizado para convertir en guerra lo que no pasaría de refriega con un lobby fuerte, las empresas se ven un día entre la esada y la pared. Y no es esa la posición que le conviene a la naturalización del toreo.

¿A nadie se le ha ocurrido preguntarse por qué las grandes entidades no quieren saber nada del toro...?

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