AL NATURAL

Las corbetas valen doble

Esta tarde Sergio Galán vio cómo se ninguneaba el toreo en favor de los fuegos de artificio en la primera plaza del mundo
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domingo, 19 de mayo de 2019 · 22:15

TEXTO: MARCO A. HIERRO / FOTO: PLAZA 1

Reconozcamos que el criterio de los presidentes de Madrid, en lo que a rejones se refiere, es cuando menos cuestionable. Reconozcamos que no tenemos ni repajolera idea de lo que ocurre en el ruedo, salvando cuatro cosas que hemos escuchado a un par de rejoneadores con los que coincidimos una vez en un coloquio. Reconozcamos que en la primera plaza del mundo los toreros a caballo ven cómo las corbetas valen doble, aunque no sea un lance que se realice en la cara del toro. Porque todo lo que se hace a siete metros se valora mucho más que el compromiso en el toreo. Y luego pasa lo que pasa.

Pasa que Sergio Galán, que ha cuajado esta tarde una de las labores más maduras, más profesionales y de más dimensión taurina desde que pisa Madrid, se va andando porque no hizo su corbeta, porque no sentó al caballo en el ruedo, porque no le puso las manos en el estribo ni lo hizo descoyuntarse de lado a lado en un baile que el toro veía a siete metros. El conquense toreó. Buscó los terrenos, condujo la lidia, manejó los tiempos y comprometió los terrenos, porque anda tan sobrado con la cuadra que basa en los milímetros los ajustes al rodar. Inmenso con Ojeda, sin un maldito aspaviento, sin tirarse de los pelos ni señalar al caballo. Y como no hubo ninguna de estas cosas, el pobre Trini ni se enteró. Concedió una oreja porque la demandó el tendido, pero la segunda ya no lo vió él. Hombre, si no hay corbetas...

Porque las corbetas valen doble y por eso no tiene la misma categoría el toreo a caballo que a pie. Las corbetas valen doble, y por eso hay tanta puerta grande repartida entre monturas y estriberas. Las corbetas valen doble, y por eso tiene más mérito el toreo de cuantos no las ejecutan, aunque los haya también que las mezclen con el toreo caro. Pero el que decide que no, como Galán, suele ver cómo pasa desapercibido todo aquello a lo que él mismo otorga mérito. Cosas de la no especialización. Pero tampoco el tendido -que sí pidió el justo doble trofeo- es especialista de nada. Sólo premia lo que le llega. Pero para eso hay que gastar sensibilidad...

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