EL TORO DE LA MERIENDA

Príncipe Ferrera

Sólo un corazón privilegiado con todo el toreo en la cabeza puede esculpir dos obras, una con el caparazón férreo y otra con el alma, como las que Antonio Ferrera ha dejado en esta Feria de Abril
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sábado, 06 de mayo de 2017 · 21:07

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO

Sólo un corazón privilegiado con todo el toreo en la cabeza puede esculpir dos obras, una con el caparazón férreo y otra con el alma, como las que Antonio Ferrera ha dejado en esta Feria de Abril. La una, a la bestia cárdena que le regaló sobre los tobillos veinte embestidas hace una semana; la otra, al dulce más suculento y jugoso que hoy salió en quinto lugar hasta que el demonio le partió una mano. Pero ese tío al que el corazón se le salía por la boca al descabellar el bis que cerraba su Feria podrá hoy descansar la mente privilegiada que esta primavera lo ha hecho más libre.

Hace medio siglo hoy Ferrera se hubiese ido por donde se ha ganado: por la Puerta del Príncipe. Podría haber sido perfectamente la tarde más importante de su vida, pero ese sueño roto de ver cómo una mano impedía probar una suerte que a priori estaba de tu lado debe ser frustrante; pero más dilapidador aún debe ser dejarte ganar la pelea después de haber mecido el alma con el capote a ese animal. No sufrió esa sensación un torero que sí quiso rebatirle al destino, al menos, la oportunidad de ganarle el pulso.

Ese encogerse de hombros en el embroque para dar personalidad a la obra mientras aprovechaba el viaje del toro. Esa precisión en la altura de la muleta cuando el animalito quinto bis perdía las manos. Esa música callada del toreo que Tejera quiso interpretar. Ese interminable pase de pecho para enlazar la naturalidad y la caricia de un torero que mira más allá. Ese inoportunísimo aviso, esa cogida en el codo, ese echar la cara arriba del toro y ese tirar de recursos del extremeño.

Antes, en el segundo, ni un tirón, todo compás, plena suavidad, entera entrega y sincera emotividad de una faena que mereció el premio que el palco no otorgó. Le habló al toro y escuchó la conversación una Maestranza que captó de principio a fin el mensaje que el Príncipe Ferrera quiso transmitir.

Y ese premio en el segundo, el que el arbitrario palco no otorgó, fue el que más verdad rebosaba de toda una Feria de Abril en la que se han dado orejas de pueblo.

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