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Rafael de Paula, de Jerez

Plaza de Jerez de la Frontera. Ni Ronda, la de los toreros machos, ni la de El Puerto, la del ruedo amplísimo: “quién no ha visto toros en El Puerto...”. Es Jerez.
martes, 12 de febrero de 2019 · 00:00

Plaza de Jerez de la Frontera. Ni Ronda, la de los toreros machos, ni la de El Puerto, la del ruedo amplísimo: “quién no ha visto toros en El Puerto...”. Es Jerez, aroma de vendimia y de caballos, de tierras albarizas y del cante profundo, de solera. Torea un gitano de aceituna, tez morena, ¿cómo no? : Rafael de Paula.

En el quinto toro, con la sombra del otoño poniendo la arena de color del romero, la tarde se marcha ayuna de clamores. En el tendido, un gitano grandote se levanta. Alza las manos igual que un profeta, y con los ojos fijos en el cielo azul, gritó:  Rafaé, si no fuera por nozotro ¿qué iba a ser de ti?

Rafael de Paula, ante la ternura milenaria que se filtró por el reproche de aquel grito de cansancio, empezó a torear de manera magistral. El cambio duró poco, pero lo hubo. Al día siguiente, los gitanos de Jerez decían a los de El Puerto: lo que ó habéi perdío...

(“Tientos de los toros y  su gente” de L. Jiménez Martos)

ILUSTRACION: JUAN IRANZO

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