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El año 2018 de… Álvaro Lorenzo

El año más importante de la carrera como torero del toledano, en el que abrió con tres orejas la Puerta Grande de Las Ventas y se erigió como pieza fundamental en el resto de plazas que pisó
miércoles, 21 de noviembre de 2018 · 16:32

En la primera cita de su temporada, Álvaro Lorenzo se reencontró con la plaza de Valencia, uno de los escenarios más ligados a su carrera. El toledano hizo su segundo paseíllo como matador de toros en Fallas, un ciclo donde ya en 2017 dejó impronta de inspiración, personalidad y clase frente a un toro de Alcurrucén, ganadería a la que se volvió a enfrentar este año.

Valencia y Álvaro Lorenzo se entienden. Ahí están los números y mucho más que eso: las sensaciones, las faenas, los retazos de entidad que ha firmado en el coso de la calle de Xátiva el diestro toledano. Cuatro tardes ha toreado en Valencia desde que se presentó de novillero en marzo de 2014 y cada tarde ha sabido dejar huella y derrochar un argumento.

Una oreja como premio para el manchego ante el sexto de la tarde, el único aprovechable de la corrida de Alcurrucén. El joven torero despertó a los tendidos de salida con un limpio saludo capotero a la verónica. Empujó el sexto en el caballo y se movió con clase en la muleta de Álvaro Lorenzo. Alargó muletazos sobre todo por el pitón derecho con pulcritud y elegancia culminando con ralentizados pases de pecho. Mató de entera tendida y entera y cortó el primer trofeo de la Feria. Abrevió ante su primer manso al que fue imposible sacar provecho.

CRÓNICA DE RESURRECCIÓN

Cual si no hubiese mañana. Así salía a la arena de Madrid Álvaro Lorenzo el pasado Domingo de Resurrección, el día en el que descerrajó la gloria de la tauromaquia, el día en el que se hizo caro en el toreo.

Sólo el inicio de muleta de Lorenzo ya mereció la atención del tendido; por abajo, sometiendo el humillado embroque y también el feo final de el de El Torero, que terminó acudiendo obediente al designio del manchego. Y de ahí a torear, pero ya no quiso emplearse el animal, que se sintió podido y se empeñó en dejar miradas al terno que Álvaro ni acusó. Una tanda con la mano zurda abrió en los medios el camino del toreo y allí lo propuso Lorenzo, escuchando rugir la plaza en el trazo al natural. Aún hubo una serie más antes de que llegase el final por bernadinas, tan comprometidas que resultó atropellado por el animal. Una estocada de colocación casi perfecta le puso en la mano una oreja. Media gloria alcanzada.

Ya en el sexto consiguió la otra mitad por partida doble. Llegó mucho el inicio por estatuarios de Lorenzo que le dio distancia en seguida para recibir su nobleza. Y su empuje, porque la quiso por abajo con boyantía el buen toro mientras Álvaro giraba sobre el talón. A más el trasteo hasta que llegó la izquierda y el corazón del manchego, que trazó sin mácula, con profundidad, siempre metido. Pero quedaba la tanda de reventar al gran animal, y esa llegó al final, con la zurda entregada, el vuelo por abajo despacito y las barrigas arrebatadas. Sin ayuda el epílogo, doblándose con torería, con apostura, con la firme solidez del que sabe que es su día. Y con la espada fue un cañón. Toda la plaza empujó el pomo poco antes de que sonase el aviso. Dos orejas. La gloria de Madrid entregada a uno de los toreros de la temporada.

Tras ese triunfo crucial en la primera plaza del mundo con tres orejas, la variedad ganadera llevaría a Álvaro Lorenzo a su cita de Palos de la Frontera, en Huelva. Allí, una corrida de Cuadri le tocó lidiar y la aceptó con total sinceridad el manchego, paseando una oreja de cada uno de sus ejemplares de su lote, lo que le confirió una nueva salida a hombros. Tomelloso, en Ciudad Real, muy cerca de su casa, sería la siguiente parada, una cita en la que también salió a hombros cortando dos orejas del último toro de su lote, un ejemplar con el hierro de Castillejo de Huebra en medio de un festejo benéfico que registró una gran entrada.

De ahí, también a una localidad cercana a la de la ciudad imperial: Mora. En la tierra por excelencia de Eugenio, compartió un mano a mano con el veterano matador, paseando hasta seis orejas de sus tres toros de Guadalmena, todo un espectáculo. Tampoco dejó La Mancha, en la que basó gran parte de su temporada, y en la localidad ciudadrealeña de Puertollano hizo su siguiente paseíllo, cortando oreja y oreja de sus toros de José Luis Pereda el día 19 de mayo.

Una nueva plaza de primera categoría en la que puntuaría Lorenzo sería la de Nimes, inmersa en plena Feria de Pentecostés. En un festejo en el que dio totalmente la talla, Lorenzo expuso para cortarle una oreja a su segundo de Vegahermosa y dar un nuevo toque de atención más allá de los Pirineos. AGranada sería su siguiente parada, en una Monumental de Frascuelo que acogió un cartel joven pero en el que la corrida de Castillejo de Huebra no ayudó a Álvaro al triunfo.

Pero se desquitaría de aquella entrega sin premio un día más tarde, el 31 de mayo, jueves del Corpus por excelencia en Toledo. Entre figuras y en un cartel monstruo hizo el paseíllo Álvaro Lorenzo, con un encierro de Domingo Hernández como materia prima ganadera. Tres orejas entre los suyos, entre los grandes y reafirmando que no fue casualidad lo de Madrid dos meses antes. Lástima que el siguiente de sus paseíllos en la calle de Alcalá saltase al primer ruedo del mundo una inválida corrida de Fermín Bohórquez, con toros blandos y que dañaron la imagen no sólo de Lorenzo sino de una terna joven que se entregó totalmente a la causa, pero sin toros.

No se vestiría de luces, en medio de una injusta ausencia de Pamplona, hasta el día 6 de julio en la Feria del Ángel de Teruel, donde Lorenzo dejó otra de sus grandes e importantes actuaciones esta temporada. Más allá de los premios, Lorenzo dejó el calado de su toreo, algo que le confirió ser triunfador de la Feria en la edición 2018.

De nuevo de vuelta a la Mancha, y la plaza de Manzanares, coso en el que recibió una cornada mortal Ignacio Sánchez-Mejías, fue la siguiente parada de Lorenzo, cortando dos orejas el 14 de julio a un ejemplar de Castillejo de Huebra. Diez días más tarde, la plaza de Cuatro Caminos en Santander sería testigo de la temporada del toledano, pero en esta ocasión sin suerte en su lote de Miranda y Moreno.

La Roda, en Albacete, vería pasear el 29 de julio una oreja a un encierro de José Manuel Sánchez a Lorenzo, siendo el 5 de agosto otro triunfo en Castellar, en la provincia de Jaén, con un encierro de El Cotillo. Tampoco hubo suerte con el lote de Charro de Llen en la Feria de Begoña de Gijón, en una tarde del 13 de agosto en la que fue ovacionado.

El día 15 de agosto, fecha en la que todo torero se tiene que vestir de luces, también lo hizo Lorenzo en la localidad salmantina de Guijuelo, donde cortó hasta tres orejas a una corrida de Montalvo con la que bordó el toreo. Un nuevo triunfo en Ciudad Real, en la Feria del Prado, el día 18 de agosto con una corrida de José Luis Pereda, precedería a su gran tarde de Bilbao. Era su debut en Vista Alegre ni más ni menos que con una corrida de Victorino Martín… e hizo el temple realidad al natural en el Botxo vasco.

BILBAO

Llegó Álvaro a Bilbao con el desaborido del gran miedo del verano consumado: Pamplona, la profética plaza con destino independiente, cometió una tropelía contra el torero que con más fuerza ha irrumpido en el escalafón esta temporada de 2018. Lorenzo se quedó fuera de sus carteles y con la de Victorino debió entrar.

No es mentira que el sistema taurómaco está sumido en una encrucijada de ciertos favores y cambios discutibles pero entendibles al tratarse de un negocio, pero tampoco es menos verdad que no contar en una Feria de la importancia de Pamplona con las tres orejas de Resurrección atropelló cualquier atisbo de credibilidad en una Casa de Misericordia que tropezó en este caso.

Y repetimos: es discutible pero se hubiese podido entender que el sistema le hizo el vacío a un torero que no lo mereció y por ello no estuvo en Ferias de junio como Burgos, Soria, Alicante o Badajoz. Fue totalmente injusto pero es entendible porque este espectáculo es un negocio artístico en el que las empresas juegan sus cartas. Y Lorenzo jugó la que le ofreció Bilbao a base de toreo. Ahora tenía este Botxo en recuperación para resarcirse de aquello. Y de qué forma lo hizo… porque acarició la embestida de aquel tercero de Victorino,

En aquel toro, pudo Lorenzo echar la mano abajo y conducir con elegante pulcritud a diestras. A más en la confianza para acertar con las distancias, tranquilo en la cara, perfecto en los embroques y saboreando los trazos para vaciar, pareció un torero veterano por momentos en su primera tarde con este hierro. Y en Bilbao...

Tan templado anduvo el manchego que no permitió jamás que le tocase el trapo mientras iba alargando trazos consintiendo muy por abajo las embestidas largas. Aún quedaba lo mejor en una serie exigente, lenta, saboreada y templadísima sobre la mano derecha, a dos dedos del morro, epilogando con un pase de pecho sensacional que aún tuvo un muñecazo final cuando el toro parecía pararse en el embroque.

En el sexto, construyó mucho en los primeros tercios para llegar al tercio de muleta en busca de la profundidad. La logró por momentos con un animal que humilló mucho y tuvo cierta calidad cuando se iba empleando de uno en uno en las telas… pero la media estocada dejó también en medio el triunfo final, pero con el regusto de haber entrado de lleno en esta afición.

En la Feria de San Julián de Cuenca protagonizó Lorenzo una nueva salida a hombros. Fue en un festejo en el que se tuvo que aplazar el comienzo hasta tres cuartos de hora por la tremenda lluvia caída sobre la arena del coso conquense… pero finalmente se dio un gran espectáculo. Un encierro de Montalvo le valió para cortar dos orejas. De ahí, a la plaza riojana de Calahorra, en la que se enfrentó a una corrida de Valdefresno a la que le cortó dos orejas. No dejaría tierras mañas, porque en Ejea de los Caballeros toreó los días 2 y 7 de septiembre, protagonizando una gran actuación el primer día, cortando oreja del encierro de Alcurrucén, y otra puerta grande en su segundo con una corrida de Antonio Bañuelos.

En Navaluenga, en la provincia de Ávila, toreó para cortar cuatro y un rabo de un encierro de Juan Albarrán el 9 de septiembre, y un día más tarde en la cubierta madrileña de Navalcarnero, se llevó el gato al agua de la corrida paseando un apéndice del encierro de Charro de Llen. No hubo suerte con la corrida de Alcurrucén en la feria de los Llanos de Albacete, plaza en la que hizo el paseíllo el día 14 de septiembre con la mala anécdota del fortísimo percance sufrido por Paco Ureña. Un día más tarde, el 15 de septiembre, una oreja paseó también de la corrida de Victoriano del Río en la cubierta burgalesa de Aranda de Duero.

También apéndice se llevó al esportón en Pozoblanco, en Córdoba, el día 29 de septiembre, con un encierro de El Ventorrillo. En Las Rozas, por su parte, el día 30, salió a hombros con la corrida de José Vázquez, desorejando al primero de su lote.

Le tocó hacer el paseíllo en el bombo de la feria de Otoño con una desagradable corrida de Adolfo Martín que no le ofreció ninguna opción el 5 de octubre, teniendo que ser un sobrero de Conde de Mayalde el que le tocó lidiar en segundo lugar. Y de ahí a Zaragoza…

ZARAGOZA

Escribía aquél que la levedad del ser es insoportable, pero es tal vez peor la del no ser. Porque el ser implica deseo, intención y vida; el no ser denota rechazo, negación, fatalidad. Pero también ambición por ser, por conseguir, esperanza de lograr. Y Álvaro lo ha logrado esta temporada. Lo sentenció en Madrid, lo rubricó con el fuego de su toreo a zurdas en Bilbao y lo lanzó al futuro invernal en el epílogo de campaña en Zaragoza.

Cuando todo eso se pone de manifiesto en una plaza de toros como ocurrió aquella tarde otoñal en La Misericordia, suele pasar que el reposo de lo urgente se transforma en reposo de lo presente. Y se templa el toreo. Lo expuesto con las telas en el coso maño implica mucho más de las orejas para Lorenzo que reflejan las fichas. Hubo gloria y hubo esfuerzo, pero hubo sobre todo un tipo queriendo ser lo que esta temporada ha conseguido.  

Y la levedad hay que buscarla en otros mundos, en otras manos o en otras metas. Las de Álvaro Lorenzo están tan claras como el concepto que puso en la arena con dos toros para pensar, para estar inteligente como así fue.

Lo bueno de verdad llegó en el tercero, ya despojado de los nervios del debut en esta plaza, de la crispación de que al  máximo triunfador de Madrid no se le viese por los lares de algunos cosos durante la campaña y de todo lo que no fueran telas, vuelos, suavidad y temple. Tiene una elegancia innata Álvaro, y una impresión de fragilidad en la superficie que se empeña en desmentir el fondo. Así se vio ante los de Montalvo.  

Porque les arrastró la muleta, les encajó el riñón y les partió la voluntad como sin decir esta boca es mía. Poco a poco, en tandas cortas, con la naturalidad de un niño y la sapiencia de su adulta edad. Hasta que llega el puñetazo en la mesa acariciando el mantel, en cuatro naturales, un trincherazo y uno de pecho que hicieron crujir la plaza, que se llevó en el corazón.

En la localidad turolense de Calanda finalizó su temporada Álvaro Lorenzo en tierras europeas, cortando dos orejas de un ejemplar de Murube el día 12 de octubre, sólo seis días más tarde de su relevante triunfo en la Misericordia zaragozana… y llegó América. Y llegó Lima. Y llegó el indulto al toro “Lanudo”, de El Olivar, todo un hito en la plaza de Acho con el que despedimos El Año de Álvaro Lorenzo.

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