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El año 2018 de... Pepe Moral

Ha sellado una temporada para el recuerdo con tardes importantes en Sevilla y Madrid, además de triunfos relevantes como el de Albacete en una campaña que le servirá de cara al 2019
viernes, 23 de noviembre de 2018 · 19:58

En la plaza de toros de Las Ventas madrileña comenzó la temporada del torero palaciego, en un prólogo de campaña no demasiado fácil por los toros de Victorino Martín que le tocó lidiar en el primer ruedo del mundo. Se sobrepuso a las circunstancias Moral, pero no obtuvo recompensa por lo dificultoso de sus enemigos. Antes de su primera tarde en Sevilla, actuaría en la localidad francesa de Aginan, matando un toro de Concha y Sierra y otro de Valverde que tampoco le ofrecieron gran juego, siendo aquella tarde ovacionado.

Y de ahí, a la primera gran cita de su temporada, la de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, tarde en la que paseó una oreja el 8 de abril frente a un encierro de Las Ramblas. Fue echarse la muleta a la mano izquierda y crujir la plaza. Los naturales brotaron lentos y cadenciosos, siempre llevándose al toro detrás de la cadera, en muletazos de una hondura bárbara. Fueron 20 pases con la zurda, cada uno más hondo que el anterior, rematados unas veces con pases de pecho y otras por bajo. Por el derecho tuvo menos entrega el toro e inteligentemente el torero buscó no bajar la intensidad de la faena y volvió a la zurda. El de Las Ramblas sacó una clase bárbara en las telas, embistió al ralentí, reduciéndose en cada muletazo. No fue fácil el animal, pedía que todo fuese muy de verdad, sin trucos ni engaños, un toro para soñar el toreo en Sevilla. Cerró la faena con muletazos muy toreros ya en el tercio, eso unido a la estocada pusieron en su mano una oreja ganada a base de toreo puro y cabeza fría.

CRÓNICA SEVILLA

Y decidió Pepe Moral comerse el mundo al natural, darle bocados por la izquierda a este rito ancestral para gritar con su toreo que quiere vivir de esto. Decidió que la tarde era hoy, echando abajo cualquier sino para imponer su verdad a dos de Miura y en su Sevilla. Como un año antes. Y su plaza, la que lo vio crecer, la del Corpus que lo resucitó, la que lo vio crujirse de toreo en la caldera africana que es el estío hispalense, vibró este domingo bajo la lluvia con su eterno natural, el pase que Pepe eligió para comerse el mundo.

Porque poco le importó la amenazante cara del segundo para echarle suavidad a su capote y entregarse muleta en mano con la zurda. Poco le importó que no sonase Tejera porque la música callada de su toreo era la mejor sinfonía a las ocho menos veinte. Poco le importó que fuesen de uno en uno, y poco le importó que no se abriese el toro en el viaje porque ya estaba su compostura en la interpretación para pulsear las dificultades que planteaba. Poco le importó, también, que se derrumbase por su justo poder al obligarlo. Poco le importó porque había decidido Moral que la tarde era hoy.

Por eso se plantó con la sonrisa genuina de quien sabe que tiene el futuro en sus manos, con la sencillez de quien aprendió el arte gitano de quien no lo fue pero lo parecía y con el tronío de quien es ya torero de Sevilla por la gracia de sus naturales. Los que también le sopló a su segundo: Suspiros de España para la ejecución encajada, la proposición apuesta y la colocación de los pies ardientes. Le dio el pecho en los desplantes, le administró con excelsitud terrenos y tiempos, rigió la búsqueda del pitón contrario para ofrecerle los avíos con sinceridad y gobernó los tiempos, los trazos y las formas para componer todo un poema en diez minutos. Y se entregó Sevilla.

Mientras tanto, muchas plazas le quedan a los morros toreros de Moral por descubrir si ese toreo al natural le sigue repitiendo al ritmo de su temporada. Porque le ha salido cara la doble cita maestrante al torero que hace un año se tragaba las horas entrenando en la soledad de una antigua fábrica para soñar lo que ahora está viviendo. Lo sigue haciendo, pero ya comiéndose el mundo por la izquierda, que es la mano de los millones.

No dejaría Sevilla, porque la localidad de Osuna sería su siguiente parada el 12 de mayo, tarde en la que estoqueó una corrida de Miura que supuso un nuevo paso en su campaña con salida a hombros incluida. Vic-Fézensac, su Feria de Pentecostés y su toro serísimo le esperarían a Moral el día 20 de mayo, no pudiendo tocar pelo frente a sus dos enemigos de Pallarés y Ana Romero, los dos santacolomeños. Eso precedió a su primera tarde en San Isidro, en la que mató una corrida de Miura en la que fue ovacionado al esfuerzo. Pero su gran cita con Las Ventas llegaría el 8 de junio…

SEGUNDA TARDE SAN ISIDRO

Temple, divino tesoro en medio de una sociedad que camina con el chip de la volatilidad efímera impregnada en su ser, que tiene como arma el contratiempo para buscar, sobre todo, la rentabilidad al minuto. Y en el toreo eso no es que no se entienda, es que es contraproducente.

Por eso vio Pepe Moral en el avión que le hacía el quinto el oasis despacioso que resultó fuego vivo en el tendido contra los gañafones contratoreo que le ofrecieron el domingo los de Miura. Y así, encontrándole el ritmo al animal, domeñó el vuelo perfecto para con el avión que le hacía el cárdeno. Un viaje en el que el sevillano marcó siempre el son, ejecutó siempre el gobierno y tuteló con su palillo lo que él quería hacerle al de Adolfo. Por eso mandó.

En ese toro, poco le importó la cara amenazante para echarle los vuelos con dulzura y explicar su concepto a base de ralentizar el pulso, de atemperar dulcemente el ritmo que quería imponerle y de, precisamente, mandar en el intento de imposición del de Adolfo, que se quiso apoderar sin éxito de los tiempos de la faena. Consiguió eso Pepe porque se propuso quedar por encima de la condición de un toro que sí, fue humillador, pero no fue de vuelta.

Y así en aquel quinto fue instruyendo el trazo con mimo para llevarse de su mano al tendido. Poca compostura en la interpretación pudo mostrar ante sus otros dos oponentes para pulsear las dificultades que planteaba: el segundo, al que le tocó muletear por un Cid herido, y el tercero, animal díscolo y cuyos gañafones podrían haber hecho que acompañase a Manuel Jesús junto a Padrós. Pero ya se encargó de decir en el quinto todo lo que sabía por abajo.

La ejecución encajada, la proposición apuesta, la colocación de los pies donde arde la arena, el ofrecimiento del pecho en los desplantes, la administración con excelsitud de terrenos y tiempos y el regimiento en la búsqueda del pitón contrario fueron esta tarde el sujeto de Moral ante un predicado de Adolfo al que no rubricó con la espada. Se vistió despacio Pepe Moral para ir deprisa en su escalada hacia las Ferias que aún no cuentan con él, un torero que no sólo genera ilusión, sino afición. Y dinero.

No tuvo suerte con una dificilísima corrida de Valverde en la plaza del Palio de Istres, en una actuación el día 16 de junio. Diez días más tarde viajó a Perú para hacer el paseíllo en la localidad de Chota hasta dos tardes, obteniendo un gran triunfo en la segunda de ellas, con una corrida de San Simón a la que le cortó las orejas. De ahí, a viajar a otro país taurino como Portugal, donde paseó el 8 de julio frente a una corrida muy seria de Palha. En Pamplona le tocó trenzar el paseo el 14 de julio, día del cierre de la Feria del Toro, en este caso con una corrida de Miura con la que fue ovacionado.

La Feria de la Madeleine de Mont de Marsan esperaría también al gran año de Pepe Moral, cortando una oreja a la corrida de Dolores Aguirre que le ha servido para afianzar su gran imagen en tierras francesas. De ese 22 de julio, a Valencia el día 27, tarde en la que hizo el paseíllo para enfrentarse a su debut en el coso de la calle de Xátiva. Un encierro totalmente deslucido de Cuadri, toda una eminencia en la capital del Turia, se lidió aquel día, por lo que no tuvo opciones algunas Moral con aquel encierro que hirió a su compañero Rafaelillo.

Otra corrida de Cuadri estoquearía el día 31 de julio en la plaza de toros guipuzcoana de Azpeitia, jornada en la que dio una vuelta frente al segundo de la tarde en una enrazada labor. No volvería a ponerse el traje de torear hasta otra de las grandes citas de la temporada madrileña, la del Día de la Virgen de la Paloma. Aquel 15 de agosto le tocaron en suerte un toro de Hermanos Fraile Mazas y otro de Valdefresno, pero una vez más el mal sino de un lote a la contra mermó su premio final.

En Cuenca, una bella corrida de Cebada Gago estaba vacía por dentro, por lo que su primer encuentro con la Feria de San Julián aquel 18 de agosto se saldó con doble silencio. Donde sí tuvo una actuación más que relevante fue en la Feria de Bilbao la tarde del 26 de agosto.

Firme anduvo el sevillano ante el sobrero de Salvador Domecq que le tocó en segundo lugar, calando en el tendido del Botxo y haciendo sonar la música por su quietud, por su temple, por su profundidad, por su trazo de toque suave y por la hondura de sus muletazos. Y llegó entonces la mano izquierda… y fue por ahí por donde se crujió de toreo Moral, cruzándose entre muletazo y muletazo, sintiendo el concepto que lleva dentro y entregándose al de Salvador Domecq. La lástima fue la espada, pues le quitó el doble premio al torero de Los Palacios…

Regresó al coso de Illescas el día 1 de septiembre, saliendo a hombros tras una cuajada actuación frente al encierro santacolomeño de Pallarés, que además fue todo una pintura en la plaza. En Albacete llegó otro de los grandes triunfos de Pepe Moral, pues logró la salida a hombros con la corrida de Miura en una de las plazas de mayor entidad de toda la temporada. El natural eterno se hizo manchego.

Se estiró Pepe Moral para dejar buen ramillete de verónicas al segundo. Difícil tercio de banderillas donde corrieron peligro los banderilleros ya que el animal cortaba el recorrido. Brindó al respetable y seguidamente se echó la muleta a la mano izquierda para torear de verdad y con mucha pureza. Entendió bien al animal bajándole la mano y toreando a placer. Por el lado derecho el animal no se dejó ni un pase. Estocada y la primera oreja de la feria. Ovación para el toro en el arrastre.

Con una larga cambiada recibió Pepe Moral 5º de la tarde, entendió bien a su oponente, destacando con la mano izquierda dejando muy buenos pasajes. Estocada hasta los gavilanes y una oreja que le vale para abrir la primera puerta grande de la feria. El toro fue ovacionado en el arrastre.

En Villacarrillo cortó una oreja a una seria corrida de Partido de Resina que, además, vio cómo hería de muchísima gravedad a su subalterno Vicente Varela. Ya el día 16 de septiembre, Moral selló otra de sus grandes tardes de la temporada que terminó con sangre. Fue en Nimes. A grito de torero torero se llevaron a Pepe Moral a la enfermería tras recibir una cornada por el  encastado sexto. Por el lado derecho cuajó las intensas embestidas de un toro que colocó la cara y fue hasta el final. Esa embestida que estaba canalizando Moral en su muleta hasta que el toro en un pase de pecho se le coló y sobrevino la cornada. El desconcierto se apoderó de la plaza y tras unos minutos salió al ruedo, dejó una tanda por el izquierdo antes de matar al toro y pasar a la enfermería. La oreja fue pedida unánimemente por la plaza y concedida por la presidencia.

Dos tardes más le esperarían a Pepe Moral para finalizar su año: la de Hoyo de Pinares, en Ávila, en la que cortó una oreja de su primero de Carriquiri, y la vuelta al ruedo con un toro de Benítez Cubero en la corrida concurso de la preferia zaragozana. Fue aquel el último capítulo en plaza de primera categoría de esta temporada.

 

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