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El Año 2018 de... El Juli

Con tres indultos -uno de ellos en Sevilla- cerró el madrileño la temporada de su vigésimo aniversario de alternativa
viernes, 30 de noviembre de 2018 · 16:33

En la Feria del Café de Manizales arrancó el año 2018 de El Juli, una tarde en la que paseó en un duelo dos orejas del segundo de su lote con el hierro de Ernesto Gutiérrez. Gran comienzo del curso en tierras colombianas que le erigió como epicentro del toreo en el país en el que siempre lo ha sido.

Tres días después, viajó a tierras mexicanas para hacer el paseíllo en Moroleón con un encierro de José Garfias y un ejemplar de Bernaldo de Quirós. Cortó dos tres orejas aquel día y fue otro de los grandes comienzos de su año azteca. Tres días más esperaría también El Juli hasta torear en el Palacio del Arte de Morelia una corrida de Campo Real de la que paseó una oreja el 19 de enero.

Un día después, fue la plaza de toros de Tlaxcala la que vería el toreo de Juli, que se enfrentó a una corrida de Barralva de la que paseó hasta tres orejas en su empeño por salir en hombros. Eso fue el 20 de enero. Ya el 2 de febrero, haría el paseíllo en la ciudad guanajuatense de León, donde de nuevo el triunfo lo buscó y lo consiguió, saliendo en volandas con un encierro de Teófilo Gómez. En la plaza de toros Santamaría de Querétaro, un día más tarde, el 3 de febrero, fue ovacionado con un nulo lote de Montecristo.

La Plaza México sería otra de sus grandes citas esta temporada, pues salió a hombros Julián una vez más en su carrera, en esta ocasión cortando una oreja al quinto del encierro de Barralva que se lidió aquel día y las dos al séptimo de la corrida. De nuevo, su gran historia con el Embudo volvió a enriquecerse.

En Monterrey prosiguió su periplo azteca López, toreando el 9 de febrero una corrida de Bernaldo de Quirós que no le ayudó al triunfo. El día 10 le tocó el turno a San Luis Potosí, donde cortó una oreja de una corrida de Xajay. Un día después, el Nuevo Progreso de Guadalajara fue testigo del toreo de Juli sin demasiada suerte con los animales de Villa Carmela.

Hasta tierras colombianas viajaría para torear el día 17 de febrero en la feria de la Macarena de Medellín. No le tocó un lote especialmente brillante de Ernesto Gutiérrez y entre aplausos solamente se fue.

La sangre y la gloria probó en la plaza de toros Santamaría de Bogotá, donde indultó un toro y a la vez fue corneado por el de Juan Bernardo Caicedo. El parte médico de señaló una herida de 15 centímetros de longitud en la cara posterior de su muslo izquierdo, con trayectoria única de seis centímetros.

Decidió reaparecer ya directamente en la Feria de la Magdalena de Castellón, tarde en la que se enfrentó a un toro de Garcigrande y a otro de Domingo Hernández de los que paseó tres orejas. Primer gran triunfo en uno de los escenarios obligados para las figuras del toreo en el arranque de campaña.

En Illescas, la tarde de la reaparición de Pepín Liria, estuvo también presente Juli para hacerle frente a un toro de José Vázquez y otro de Montalvo de los que consiguió una oreja de cada uno en la cubierta toledana. Arles y su Feria de Pascua también verían el toreo de Julián el día 31 de marzo, pero no obtuvo suerte con el lote de su ganadería, El Freixo, y fue silenciado en ambos toros. Desde aquel día, no se vistió de luces hasta su tarde en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en plena Feria de Abril.

LA CRÓNICA DE SEVILLA

Donde empieza la vida, donde empieza la libertad. Juli cruzó hoy la Puerta del Príncipe con el doble reto de la inquietud personal y la moral conseguido: el de sentirse libre de su propia carrera y el de sentirse esclavo de quien tanto le dio y ya no está.

Cuatro orejas de libertad y esclavitud a partes iguales: las dos físicas de autogobierno contra un sistema contractual que no se lo ha puesto fácil en la temporada de sus veinte años de alternativa; las dos incorpóreas –del quinto- al ganadero que desde el cielo sacó el pañuelo naranja. Ambas necesarias –las primeras libres por compromiso y lucha; las segundas esclavas por pacto moral- pero ambas imprescindibles en esta tarde para la historia.

Eran las 20:17 horas de la tarde cuando el Maestro Tejera anunciaba Churumbelerías sobre el ruedo en el que Juli, diez minutos más tarde, daba vida donde a punto estuvo de perderla con uno de Victoriano del Río. Para entonces, el hombre ya había sellado el contrato con la afición que el torero había rubricado con su faena; más tarde, hizo propio el concordato por esa libertad de ser mandón en su carrera. Lo lleva consigo y así lo vio Sevilla cuando lo sintió crujirse de toreo.

Y supo esperar con ese toro quinto del indulto con temple y enaltecer al animal bajándole la mano en una primera serie que estuvo plena de hondura. Supo ralentizar el tranco y torear para una plaza entregada. El inicio sometedor, el toreo domeñador y la libertad de saberse mandón exigiendo al de Domingo por la diestra. La suavidad a la hora de embeberlo, en el segundo exacto de llevar el viaje, de conducir el trapo hasta el final de la cadera y de volver a plantear el toreo en el siguiente muletazo con la emoción a flor de piel. ¡Qué suavidad torera la de Julián! Y le respondió Sevilla a la humillación enclasada, humillada y brava del de Garcigrande que se ganó por méritos propios la vida.

Antes, le pegó al segundo naturales totalmente muertos, mimando la embestida con el vuelo por abajo para crujirse y saberse dueño y señor del tranco salvaje del toro. Y los redondos finales para formarle el jaleo sensacional del doble premio con el que empezó la tarde. Fue el cambio del ecuador muleteril el arma para templar la faena, el alma para persuadir a Sevilla y el disparo para sentirse libre en este ruedo. Y lo consiguió. Cuatro orejas, dos simbólicas, atestiguaron la historia de una plaza que vio cómo una nube asomaba un pañuelo naranja.

Hoy fue el día de Julián y Domingo. Porque solo un palio de Triana tiene el honor en esta genial ciudad de mirar el Guadalquivir a hombros del pueblo. Y también, hoy, un Juli que, viendo el Altozano en volandas, observó cómo el cielo le sacaba un pañuelo naranja.

En su segunda tarde en Sevilla, la corrida de Jandilla lidió en el coso del Baratillo uno de sus garbanzos negros de la temporada, y no dio la talla Borja Domecq en el primer coso de Andalucía. A pesar de todo, El Juli dio una vuelta al ruedo con su primero y fue silenciado con su segundo de Vegahermosa.

Ya el 28 de abril, tomó de nuevo el avión para viajar hasta la feria de San Marcos de Aguascalientes, donde tomó parte en un pequeño periplo azteca que le llevó a torear dos días en el abono hidrocálido. El primero de ellos fue con una corrida de San Miguel que no rompió y fue silenciado. El segundo día, el 1 de mayo, pechó con un encierro de Reyes Huerta y Fernando de la Mora del que paseó una oreja.

De vuelta a España para torear en la Feria del Caballo de Jerez la tarde del 11 de mayo, una de las citas con más categoría de la temporada taurina andaluza. Aquella tarde, cortó una oreja frente a su primer ejemplar de Núñez del Cuvillo y fue ovacionado con su segundo.

En Nimes, en la Feria de Pentecostés, tomó parte Juli con la corrida de Garcigrande el día 19 de mayo, justificando su presencia con la entrega ante un lote de nulas opciones. Entonces, ese día precedería al de Madrid, al del toro de Alcurrucén, al de una de las grandes tardes de Julián López en la primera plaza del mundo.

LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Lo han subido todos los que han sido gente en esto del toro. A unos les ha costado más y a otros se lo han dado hecho; unos lo alcanzaron cuando jóvenes y otros a sus taitantos siguen creyendo que lo han alcanzado. Supone una diferencia sutil, pero de tal calado que de subirlo a sufrirlo sólo media una letra. La misma diferencia que existe entre los nombres Juli y Ginés. Una letra. Pero esa letra de menos está en un peldaño de más.

Desde ese peldaño contempló Julián toda la corrida, desde mucho antes de iniciar el paseíllo. Desde esa atalaya de saberse el jefe de este tinglado, el tipo más capaz de cuantos se lucran del toro. Sabe Juli que la mirada del compañero al colocarse en el paseíllo busca horadar su interior, pero se encuentra con el brillo del colmillo más afilado del toreo.

Porque la tarde era de Julián desde su diseño. Sólo un gesto bastó para hacerse con los mandos, y fue durante la lidia del abreplaza. Con tres chicuelinas de mano arrastrada junto al tobillo. Y aún no había salido Licenciado…

Cuando lo hizo, con sus puntas adelante, su metro y medio de cuello, su musculada anatomía y su perfecta proporción, lo pitó con insistencia ese conspicuo sector de la afición venteña que todavía no ha comprendido que no hay mucha diferencia entre que te atrape ese o uno de 700 kilos. Casi el segundo viene mejor. Pero este no los tenía. Lo que sí tenía era humillación entregada, ralentí templado y una forma de colocar la cara en la muleta de Juli que nadie hubiera apostado sólo unos minutos antes. Y se la colocó en el inicio de doblones imperiosos, trincheras gráciles y un soberbio cambio de mano de tres toques sin tocar. Prodigioso Julián, que ya no dejó que escapase Licencioso del calor de su muleta. La tarde volvía a pertenecerle a él…

Y como mandón que aún es se preocupó de que no levantase el rival la cabeza de los trapos, porque aquí se jugaba la Champions. El peldaño de mandar. Y porque a la tarde ya se lo habían conquistado. Veinte años después, a una tarde y con el sueño roto por un quinto descordado que arruinó la ilusión. Pero ya se había muerto la tarde en esa muleta entregada a una obra singular a la que aún le siguen poniendo ladrillos. Inmenso. Portentoso. El Juli.

Otra plaza de primera categoría, el coso de los Califas de Córdoba, pisaría El Juli esta temporada. Fue el día 25 de mayo con una corrida de Daniel Ruiz como materia prima ganadera, pero finalmente le tocó lidiar un astado de Virgen María en primer lugar a El Juli. Fue ovacionado después de hacer el toreo con su primero. El día del Corpus, el día en el que más luce el sol de todo el año según el refrán, tocaba como es costumbre en Juli hacer el paseíllo en la plaza de toros de Toledo, inmersa en su gran día. Al toreo de la tarde y de sus compañeros, Julián puso la contundencia, paseando dos orejas de su segundo de Garcigrande para proseguir la gran primavera que llevaba.

La Monumental de Frascuelo de Granada le esperaría al día siguiente, 1 de junio, también en plena Feria del Corpus. Con un encierro de Toros de Cortés no tuvo aquella tarde opciones El Juli.  De ahí, a Antequera, donde trenzó el paseo el día 2 de junio para pasear en la corrida de primavera una oreja del encierro de Santiago Domecq.

Más de veinte días estaría El Juli sin ponerse el traje de torear, para volver directamente en la Feria de Hogueras de Alicante. Una extraordinaria tarde levantina ofreció la figura mundial que supone Julián, ganándose una nueva salida a hombros aquel día al desorejar a su primero. Cuatro días más tarde, el 28 de junio, hizo el paseíllo en Algeciras, donde de nuevo mostró su momento y salió a hombros con un ejemplar de Zalduendo.

No terminó de romper la corrida con Juli, Talavante y Roca Rey el 29 de junio en Zamora, un encierro de El Pilar al que le faltó empuje y al que las malas espadas hicieron lo demás. Aun así, una oreja paseó aquella tarde Juli.

Diez días más tarde, hizo el paseíllo en la Feria del Toro de Pamplona, siendo ovacionado con la corrida de Victoriano del Río . La Feria de la Madeleine de Mont de Marsan le seguiría a la tarde de San Fermín, no embistiéndole la corrida aquel 18 de julio y siendo ovacionado el torero madrileño.

Cambiaría de encaste, y mataría la corrida de Alcurrucén el 26 de julio en la Feria de Santa Ana de la localidad almeriense de Roquetas de Mar. Con una gran entrada en los tendidos, El Juli paseó un premio de cada uno de sus oponentes y consiguió un nuevo triunfo.

La Feria de Santiago de Santander también vería el toreo de Juli, haciendo el paseíllo en el coso de Cuatro Caminos en la tarde del 26 de julio, para estoquear una corrida de Garcigrande de la que paseó oreja y oreja, lo que le confería una nueva salida a hombros. La Feria de Colombinas de Huelva también vería la presencia de Julián, en este caso con un deslucido lote de Torrealta con el que fue ovacionado el 4 de agosto.

Un día más tarde, una Feria en la que Juli ya se ha convertido en todo un clásico, la de la Peregrina de Pontevedra, también tendría la presencia de López con el encierro de Alcurrucén el 5 de agosto, paseando oreja de su segundo ejemplar. En Huesca mantuvo un mano a mano con Enrique Ponce que saldó con dos orejas de sus dos últimos ejemplares de Vellosino.

Una oreja también se llevó al esportón la tarde del 14 de agosto en Gijón de un toro de Domingo Hernández, y dos en otro coso de primera categoría como es el de Illumbe, en la feria de San Sebastián. También de Garcigrande fue aquel día la corrida y pudo la cubierta norteña disfrutar del inmenso poderío de la figura.

No tuvo suerte en la feria de Málaga la tarde del 16 de agosto, saliendo a hombros el día 18 con tres orejas de la localidad salmantina de Guijuelo en un mano a mano con Diego Ventura. Otro de los grandes hitos de su temporada acaecería en la Feria de San Julián de Cuenca; cuando parecía que Jesulín de Ubrique en su reaparición había puesto el titular a San Julián, llegó El Juli un día después e indultó un toro de José Vázquez del que paseó dos orejas y rabo simbólicos. La plaza fue todo un clamor, inmersa en el ambiente festivo que la faena de Julián había dejado en el tendido.

Silenciado fue en su primera tarde en el abono de Bilbao, el día 22 de agosto con una seria corrida de Garcigrande y Domingo Hernández que finalmente no le rompió. Sí pudo salir a hombros de la plaza de toros de Almería en la Feria de la Virgen del Mar el día 23 de agosto, con un encierro de Zalduendo como materia prima ganadera. La segunda tarde en Bilbao tampoco su lote de Alcurrucén le acompañó. Eso fue el día 25 de agosto.

Hasta la localidad ciudadrealeña de Tomelloso viajaría el 26 para estoquear dos ejemplares de Vellosino, desorejando ambos toros en el municipio manchego. Cuatro días más tarde, la Feria de San Antolín palentina le tocaría a El Juli, paseando hasta tres orejas de la corrida de Zalduendo, dando todo un recital de toreo especialmente al natural con el segundo ejemplar de su lote y gustando a la afición castellana. Todo un espectáculo El Juli en el coso de Campos Góticos.

Bayona, en Francia, fue la cita del día siguiente, inmersa en plena Feria del Atlántico. No tuvo suerte con el lote de Garcigrande y fue ovacionado con éste. Una semana descansaría la figura para aparecer a escena de nuevo el día 7 de septiembre en la Feria de Nuestra Señora de San Lorenzo de Valladolid. En el coso del Paseo de Zorrilla, Julián fue ovacionado con otro encierro de Domingo Hernández falto de virtudes, pero se desquitaría del mal sabor tres días después en la Feria de Murcia. La Condomina vibró con la variedad capotera de Julián, la predisposición con sus enemigos de Daniel Ruiz, la competencia con sus compañeros y el paso hacia adelante durante toda la tarde del 10 de septiembre. Dos orejas del segundo de su lote y nueva Puerta Grande, ahora en el Levante.

No dejaría el hierro albaceteño, y lo estoquearía también en la plaza de toros de Albacete, inmersa en plena Feria de los Llanos. Hasta en dos ocasiones estuvo acartelado en el abono manchego El Juli, cortando una oreja en el primer día. También dos veces pisó este año la plaza francesa de Nimes, primer coso en importancia más allá de los Pirineos, pero tampoco tuvo suerte en esta ocasión en la Feria de la Vendimia, siendo ovacionado el día 15 de septiembre con un toro de Victoriano del Río y otro de Garcigrande que no se prestaron.

Un día después, el 16 de septiembre, le tocaría el turno a la Glorieta salamantina por su Feria de la Virgen de la Vega, haciéndole frente a otra corrida de Garcigrande que no le dio opciones y con la que fue ovacionado. También en el cierre de la Feria de Albacete el día 17 de septiembre, fue ovacionado, en esta ocasión con un lote de Parladé de nulas opciones de nuevo. Volvería a enfundarse el traje de torear el día 21 de ese mes en la feria de San Mateo de Logroño, donde compartió cartel en mano a mano con Diego Urdiales. Estoqueó tres toros de José Vázquez, de Garcigrande y de Zalduendo, obteniendo una oreja de su primero.

Abarán, en Murcia, vería un año más la presencia de El Juli, donde toreó una corrida de Santiago Domecq en mano a mano con Pepín Liria en su despedida de los ruedos tras esta mini temporada de reaparición en cosos como Illescas, Pamplona o Murcia. Aquel día, Liria indultó un toro y Juli paseó cuatro orejas en el duelo.

Zafra, en Badajoz, también sentiría el toreo de Julián la tarde del 29 de septiembre, con una corrida de Zalduendo a la que le cortó tres orejas y que le sirvió como previa para su gran día, el gran día de la despedida de la temporada en la plaza de toros de La Misericordia zaragozana, donde estoqueó el 13 de octubre seis toros de distintos hierros y encastes.  

LA CRÓNICA DE ZARAGOZA

Un tipo con dos décadas de gobierno absoluto no tiene necesidad alguna de demostrar nada a nadie. Uno que se sabe historia en este espectáculo de vida no tiene porqué exponer el final de su campaña al juicio de los custodios de la fe. Pero, tal vez porque no lo precisa, a un tipo como Julián le excita sobremanera examinar su propia verdad de cuando en vez. Para ver si sigue siendo tan absoluta como siempre. Y debió parecerle atractiva la idea a la parroquia pagana, porque abarrotó La Misericordia el día que terminaba su feria.

Distintas tauromaquias, diferentes embestidas y un solo Juli

De Garcigrande era el abreplaza, hondo y con cuello, de mano corta y la humillación acusada en los delantales con que lo saludó un Juli que se empeñó en brillar de capa y en la media verónica a pies juntos, monumental. Pero se partió el pitón derecho por la mitad en un burladero y fue devuelto. 

Decidió Juli que corriese turno y saliese el toro de Cuvillo de perfecta estampa pero la fuerza muy justita en sus embestidas al capote. Pero supo Julián afianzarlo a base de dominar las alturas, de administrar la exigencia y de ir a más en su toreo, al igual que el animal en la calidad que rebosó. Tremendo Julián con la diestra, con la que construyó lo que vendría después, en una labor muy medida que coronó con la mano izquierda a una cuarta del suelo. Porque entonces ya no se caía el de Cuvillo, que constribuyó con su calidad a esa oreja con la que El Juli abrió la tarde.

Tuvo celo y humillación el de Los Maños, que salió segundo y se quedó más corto en los viajes, pero también transmitió más y empujó en el caballo de Salvador Núñez. Midió el castigo Juli, que le sopló un quite por faroles antes de brindarlo al público y buscarle la media distancia para lucir la profundidad de los muletazos con la raza del animal. Porque fue más eso que la ligazón lo que enseñó Julián en su lidia, que supo llevar siempre hasta el final, muy bien acompañados los trazos con la voz. Buena la dimensión del torero, que se atragantó después con la espada, sonó un aviso y escuchó silencio.

El sobrero de El Pilar, alto y vareado, salió en tercer lugar para humillarle las embestidas a Juli en el capote de auténtico escándalo a diestras, pero salía desentendido cuando el lance se efectuaba a zurdas. Alegre se le arrancó el toro en el quite por lopecinas, abierto el compás y enterradas las plantas, con una media verónica monumental. Más suavidad que ritmo tenía el toro en la arrancada, pero lo embarcó siempre preciso e inteligente Julián, aprovechando la distancia para ganarle inercia al ya de por sí largo viaje. No parecía el izquierdo el pitón del toro, pero supo encajarse con él Julián, y tirar de una embestida que no era tan boyante, pero sí se mantuvo en tres naturales de gran profundidad. Perfecto en los tiempos el madrileño, que supo administrar la exigencia después de soplarle varios naturales extraordinarios extrañamente poco jaleados en el tendido. Sí lo fue un cambio de mano mucho más evidente, más por abajo y más al ataque. 

El cuarto fue el de El Puerto de San Lorenzo, un ejemplar perfecto de fenotipo en el encaste que embistió con mejor ademán que empeño, porque no terminó de rebozarse en el capote de El Juli pese a sus buenos principios. Y le midió mucho el castigo Jesús Vicente, pero se rompió mucho el animal empujando peto y el buen aire que apuntaba había que ahormarlo, porque se iba quedando corto, como demostraba en el quite por chicuelinas. Y tuvo cosas buenas el toro en la muleta, como su continuo afán por acudir y su fondo cuando se veía apretado, pero la correosa superficie de su actuación más evidente ponían muy caro el triunfo para un Juli que tuvo que tirar de oficio, de veteranía y de poder. Pero al menos lo mató de una gran estocada para escuchar una nueva ovación.

También de Garcigrande era el colorao que hizo quinto, que tuvo movilidad en todos los tercios y la mantuvo cuando Juli se hincó de rodillas con la muleta, pero le faltó fijeza y fondo en la embestida, que iba y venía sin manifestar la clase. De hecho, fue de poder la faena de Julián, que tuvo que administrar la exigencia porque tendía a no embestir igual cuando lo molestaban. Corría y corria el colorao, pero le faltaba entrega y ritmo. Hasta llegó a destrozarle la muleta al madrileño, la única vez que llegó al trapo. A partir de ahí obligó Julián muy en corto, muy intenso, aprovechando que no paraba el animal para imponer su ley. Firmeza, seguridad y aplomo el del madrileño, consintiendo cosas que sólo él consentiría a un toro así, y por eso rompió el torete todo lo que tenía en el fondo. Pero lo pinchó varias veces y su voluntad de levantar la tarde se vio emborronada por el aviso. Ovación.

El sexto de Parladé era una pintura a pesar de sus más de 600 kilos, pero se lastimó una mano en un lance con el capote y tuvo que ser devuelto. También de El Pilar era el segundo sobrero, toro negro, largo, fino de cabos y con el cuello largo para humillar. Y lo hizo. Más en el quite a la verónica del sobresaliente Miguel Ángel Sánchez, coronado con una gran media; y en el del otro sobresaliente, Juan Carlos Gallego, a los que Juli permitió quites con él. En la muleta se mostró desordenado el toro cuando lo dejaban a su aire, pero colocó la cara cuando se la sujetó Julián a un palmo del suelo para empujar con los riñones y las puntas la muleta del de Velilla. Aún así, nunca terminó de ordenarse con Julián y terminó por renunciar de la muleta poderosa del torero, que terminó con un arrimón para coincluir con una ovación una tarde de gran seriedad.

 

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