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El Año 2018 de... Andrés Roca Rey

El repaso en vídeo de la espectacular temporada 2018 del torero peruano en el año de su consolidación como figura del toreo
martes, 06 de noviembre de 2018 · 11:54

 

La Monumental de Manizales fue el comienzo del año para Andrés, tarde que terminó cortando una oreja al segundo ejemplar de su lote, con el hierro de Santa Bárbara. Esa primera actuación del 2018 en tierras colombianas le llevaría ya hasta el día 20 de ese primer mes del año en León, Guanajuato. Aquel día, le hizo frente sin demasiada suerte en su lote a una corrida de Begoña, como tampoco la tuvo en la Plaza México un día más tarde, el 21 de enero, donde le hizo frente a una corrida de La Joya en la que tuvo que estoquear hasta tres oponentes y saludar dos ovaciones al esfuerzo

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De nuevo a tierras colombianas voló Roca Rey, para actuar en la Feria de la Macarena de Medellín. Una vuelta en su primer toro de Juan Bernardo Caicedo fue el resultado para el torero, que una jornada más tarde, la del 28 de enero, su lugar era el de la Santamaría de Bogotá en el segundo año desde su reapertura. De Juan Bernardo Caicedo, el mismo hierro de horas antes, también era la corrida, a la que le cortó dos orejas y salió a hombros, erigiéndose como uno de los triunfadores de la Feria de la Libertad.

Ya el día 2 de enero, en “La Chona” de Encarnación de Díaz, fue ovacionado y un día más tarde consiguió una nueva salida a hombros en Querétaro, cortando oreja y oreja a la corrida de Barralva. Una nueva tarde en la Plaza México llegaría en ese 5 de febrero tan emotivo para Insurgentes, siendo ovacionado con la corrida de Jaral de Peñas.

En Autlán de la Grana, el 10 de febrero, cortó una oreja a un encierro de Los Encinos y de nuevo el 12 en Jalos paseó premio al encierro de Pablo Moreno. Ya el día 18, en Guadalajara, plaza de primera, dio una vuelta frente a un serísimo encierro de Barralva. Ese sería el final de una temporada mexicana en la que tomaría el vuelo para hacer el paseíllo donde empiezan los toreros temporada: en Olivenza.

Allí, en la feria del toro extremeña, Andrés Roca Rey toreó el día 4 de marzo un festejo de Victoriano del Río y con la foto a hombros comenzó su temporada el torero peruano, en una tarde de lleno en los tendidos en la que dio una gran imagen con la corrida de la sierra madrileña. Y de Olivenza a Castellón, porque la Feria de la magdalena acogería a Roca Rey el día 11 de marzo, paseando hasta tres apéndices de la corrida de Juan Pedro Domecq que lidió. Una primera parte de temporada española coronada por estos dos triunfos en Olivenza y Castellón tras la última parte de la campaña azteca.

Ahora sería Valencia, una plaza talismán en la corta carrera de Roca Rey, que ya desde su etapa sin caballos lo coronó como figura incipiente novilleril y ahora, como máxima figura del toreo, le tiene un gran respeto.

Cuando manda el Toro

VALENCIA, FERIA DE FALLAS

Cuando manda el Toro, éste es capaz de juzgar a todo aquel que osa a ponerse delante. Para bien, para regular y para mal. Y aunque hoy lo que se lidió en Valencia desprestigie en cuanto a presencia desigual lo que sí llevaba en sus entrañas, la corrida de Cuvillo sacó el martillo de la justicia para un Roca Rey que supo ser dueño de la situación y del tesoro que tenía con el tercero, un Manzanares que se justificó ante la bravura que tenía delante y un Castella que dio una pobre imagen de su flojo inicio de temporada. Cuando manda el toro, éste juzga. Y hoy Roca Rey salió impune de pleito por valor, por cabeza y por el toreo que ya empieza a aflorar en su concepto.

Porque hasta tres ejemplares lidiados en la calle de Xátiva tuvieron la bravura y la clase para hacer el toreo y pagarle la entrada al No Hay Billetes que llenaba el coso. La nobleza humillada del segundo, la duración plena de virtudes del extraordinario tercero y la clase embravecida del gran cuarto. Tres toros para enmarcar. Tres embestidas para rendirle culto al rey de la Fiesta a pesar de su presencia… y de la presidencia.

Un palco que ya viene intoxicado desde un lunes en el que no otorgó la vuelta al ruedo en el arrastre a dos novillos de máxima nota de Fernando Peña: uno de vacas –el primero- y otro extraordinario –el cuarto- a los que Jesús Chover sí cortó dos generosas orejas. Un palco que no valora que la afición empiece por el culto al Toro, que es el rey de este espectáculo –una función que, a plaza llena como hoy, requiere de una pedagogía tremenda en cuanto al culto de este animal otorgando la merecida vuelta al ruedo que el tercero se ganó-.

Porque actitudes ignorantes como las del equipo presidencial machacan en detrimento del buen concepto de la tauromaquia la religión en torno a este animal. Utilizan el rito en torno al hombre y olvidan el honor en torno al Toro, que es el único animal de este planeta que recibe los honores después de la muerte que hoy “Rosito” debió tener.

Fue una faena en la que el de Cuvillo aguantó la proposición de morirse en los trazos de Andrés, el cite de frente al natural y la humillación larga de los circulares del peruano. Sensacional fue ese inicio de faena en el que se pasó al astado por la espalda de rodillas hasta en dos ocasiones, entrelazado con una trincherilla de espanto y un desdén para el fin del mundo. Y el molinete para empezar la serie a diestras, y la humillación callada de un animal que la seguía sin cansarse, y el tragar quina ahí donde queman las zapatillas, y el natural cogiéndole el tranco al Cuvillo… y la estocada hasta la bola tras las diabluras en las bernadinas. Y la injusticia del palco.

De quien sí fue la tarde fue del Toro, el nombre de animal que se escribe con mayúsculas. Y la incompetencia injusta para con éste que el palco valenciano ha venido llevando a cabo durante toda la Feria es indigna para la base de este espectáculo. Hoy, el Toro juzgó a Castella, Manzanares y Roca Rey; Andrés salió impune de un juicio que el palco y su incompetencia no merecieron presidir.

Tras esa primera gran tarde de la temporada en una plaza de primera categoría en tierras europeas, Roca Rey emprendería el camino de Francia, porque fue la Feria de Pascua de Arles su siguiente cita el día 31 de marzo, tarde en la que estoqueño un encierro con el hierro de El Freixo que no le ofreció opciones y no pudo triunfar. Un día más tarde, el avión le llevaría hasta la capital de Andalucía y en pleno Domingo de Resurrección, con todo lo que ello conlleva, haría el paseíllo el torero peruano. En ese mágico escenario del Baratillo dejó una de sus actuaciones más cuajadas e importantes de la primavera con un encierro que no terminó de romper y que se puso áspero, no tocándole al peruano precisamente las peritas en dulce de aquella corrida. Una oreja fue justo premio a su entrega en el Arenal.

Una semana después, se vistió de torero en la localidad murciana de Cieza, tarde en la que estoqueó una corrida de Alejandro Talavante en la que cortó dos orejas del segundo ejemplar de su lote. Doble tarde le esperaría de nuevo en la Real Maestranza sevillana los días 13 y 19 de abril, en los que se enfrentó a dos encierros de Jandilla y de Hermanos García Jiménez con los que no tuvo opciones de triunfo y con los que sus arrestos mandaron por encima de sus lotes. En tres ovaciones al esfuerzo se resumió en las fichas su labor, pero en un recuerdo imborrable en el aficionado hispalense quedó para siempre su aroma en aquella doble cita abrileña.

Jerez de la Frontera sería la cita del día 11 de mayo, en la que estoqueó una corrida de Núñez del Cuvillo, obteniendo cuatro orejas tras una labor doble rotunda a sus toros y convenciendo al público gaditano. De ahí, a torear en Talavera de la Reina el día 12 de mayo en el coso de La Caprichosa. La ganadería de Joselito, que pasta muy cerca de esa ciudad, fue la elegida por el peruano para cortarle una oreja a cada uno de sus ejemplares.

Las Ventas de Madrid sería, el día 18 de mayo, la primera parada en el ruedo más importante del mundo de su temporada, una tarde en la que fue ovacionado frente a un encierro deslucido de Jandilla el día de la despedida de Padilla de la capital española. Nimes, dos días más tarde, sería escenario en su Feria de Pentecostés que acogería a Roca Rey. Cortó una oreja al encierro de Cuvillo y precedería aquella tarde a la protagonizada por segunda vez ese mes en Madrid que analizamos pormenorizadamente en la siguiente crónica:

MADRID

Cuando pasaban apenas dos minutos de la nueve de la noche y la corrida de Victoriano había cogido en picado la barrena nadie daba un duro por echarse al coleto una miaja de emoción con el sexto ya en la arena. Un encierro desigual, una tarde bañada en plomo, un aguacero descomunal para enfriar ánimos y cuerpos y quince corridas atrás para que pesen más todos los argumentos feos. Pero entonces emergió un peruano de recia resolución que decidió echarse a la espalda el peso del ‘No hay billetes’ y apostar a la quietud para encontrar su camino: el camino de ser Rey.

La quietud. Y era cara la apuesta con esos dos compañeros de cartel, pero a esa hora ya sabía Andrés que a Perera no le habían durado y a Talavante no le habían valido. También basaron su planteamiento en la quietud, pero les faltó fondo enfrente para el golpe ganador. Por eso tomó Roca el camino para ser Rey asumiendo en un cambiado que el toro le podía coger. Y entonces despertó Madrid. Era el inicio de faena, el momento de estructurar, de irse para adelante o guardar la ropa mojada y esperar a mejor ocasión. Pero la contra que ha sentido Andrés en esta feria no podía quedarse con ese sabor de boca a zumo de limón.

El camino para ser el Rey

Porque se le viene encima al peruano el mismo tendido que lo empujó a atravesar el umbral del cielo, y se empeña el respetable en no respetar su propia decisión y exigirle devolver orejas. Y a lo mejor en alguna ocasión hasta han estado acertados. Pero no era el caso de hoy. Hoy estaba dispuesto a dejarse matar y completamente seguro de evitarlo a última hora. Y tuvo colaborador en un toro con fondo, con cuello, con cierta entrega y mucha fijeza en los trapos. Un toro para apostar a que su cara suelta no le tocaría un alamar; porque sabía que su fondo bastaría para confiar en la arrancada y ésta llamaría a la emoción. Y se jugó la vida. Y en el circular en dos tiempos por la frenada del toro que le dejó los pitones en el cuello; y en el derrote que lo desestabilizó y lo dejó a merced del animal para que éste lo perdonara; y en la estocada al encuentro, resuelto a matar o morir, fulminante de necesidad absoluta, encontró Andrés una nueva oreja que le da vida nueva a su cartel anterior. Ya vuelve al camino para ser Rey.

De aquella lucha con un manso en la Feria de San Isidro viajaría a otra plaza de primera categoría, el coso de los califas de Córdoba. Un encierro de Juan Pedro Domecq era la materia prima ganadera para un festejo en el que salió a hombros con oreja y oreja en su esportón. La Monumental de Frascuelo granadina, otro bastión en la temporada andaluza, lo vería sin lote de Victoriano para ser ovacionado el día 1 de junio.

Unas horas más tardes, en el festejo de priamvera de Antequera hizo el paseíllo el torero para cortar dos orejas de su primer ejemplar de Santiago Domecq; también la feria de Plasencia saborearía las mieles de la gran campaña de Roca Rey, cortando dos orejas de su primero de Alcurrucén el 16 de junio, lo mismo que Sanlúcar de Barrameda, tarde en la que cortó oreja y oreja de su lote de La Palmosilla.

Torrejón de Ardoz, tierra de toros y de lleno en sus tendidos, disfrutaría de una gran tarde del peruano, que cortó tres orejas a su lote de Luis Algarra, al igual que Alicante, tarde en la que se llevó dos orejas de la corrida de Cuvillo el 23 de junio. El 24, horas más tarde, salió en volandas de León con tres orejas de la corrida de García Jiménez y voló directamete a las Islas Azores para hacer el paseíllo en la corrida más importante de la feria de Angra do Heroismo, dando vuelta con su lote de Rego Botelho.

Otra de las recordadas tardes de Andrés acaecería el 28 de junio en Algeciras, donde le hizo frente a un encierro de Zalduendo para ser ovacionado ante su primero. En Zamora, unas horas más tarde con motivo de la feria de San Pedro, cortó una oreja de la corrida de El Pilar.

Fue Burgos, puerta del Norte, el lugar donde estoqueó una corrida de Antonio Bañuelos para cerrar el mes de junio sin demasiada suerte con los toros, algo de lo que se resarciría en su doble tarde pamplonesa. En la Monumental navarra, el diestro peruano dio una gratísima imagen en sus dos tardes, erigiéndose como máximo triunfador de la Feria del Toro.

En la primera, paseó tres orejas de la corrida de Núñez del Cuvillo, enamorando a los tendidos, a las peñas y a toda la afición que acudió para llenar la plaza ese día a verlo. En la segunda, dio otra lección de toreo y de mando. Además, coincidió con la emotiva despedida del ruedo navarro de Juan José Padilla, saliendo a hombros junto al futuro de la fiesta que supone Andrés.

Maravilla el que se va, maravilla el que se queda

Cruzaría la frontera para, el día 19 de junio, trenzar en Mont de Marsan el paseíllo con una corrida de Jandilla de la que paseó una oreja; otra se llevaría dos días más tarde en la feria de Santa Ana de Roquetas de Mar, pero ahora de una corrida de El Pilar. Sorpresivamente, dos tardes consecutivas en las que Andrés no salió a hombros de la plaza.

Pero sí lo logró en su siguiente actuación, un antes y un después en medio del mes de julio. Esas cuatro orejas de Santander por el marco, por la idiosincrasia del tendido y de la plaza, por lo sentimental del coso para un Roca Rey que ya se erigió como figura novilleril en el ruedo de Cuatro Caminos, significaron mucho para él. Fue con una corrida de Jandilla y quedó grabada aquella jornada para el recuerdo de la afición santanderina. Eso precedería a otra de las grandes tardes de su campaña, también en Valencia, que desgranamos a continuación en nuestra crónica.

VALENCIA, FERIA DE JULIO

Será cuando la luz aún no alumbre a los retoños. Será cuando la tierra aún no haya parido la vida que el cielo le haya querido otorgar en su letargo invernal. Será cuando Valencia encienda su traca de marzo, cuando Sevilla torne en saeta su mejor estación y cuando Madrid transforme en chotis el ritmo de la ciudad. Será en primavera cuando el que hasta ahora se ha batido por estar en el cartel más florido de toda feria, sea la flor más preciada de todo serial. Será en 2019 cuando el diamante peruano que la afición, las cornadas y la exigencia de Las Ventas ya han pulido cambie el torno de un sistema para el que ya es fundamental. Será en sólo ocho meses cuando las figuras quieran Valencia, Sevilla y Madrid con Roca Rey. Y no él el que quiera con ellos. Porque ya está mandando.

Lo volvió a demostrar hoy, tras la noche en furgoneta en la que las cuatro con petición de rabo de Santander ya se le habían olvidado. Porque el hoy, al lado de un gris Manzanares con el lote de mayor emotividad, era su inquietud más asfixiante, su taladro más agudo en la sien, su clavo ardiente en las entrañas. Y la puerta abierta a hombros de la calle de Xátiva se lo ha apagado hasta la siguiente.

Y sabe que no será fácil asumir el reto, porque en la bendición de su nuevo estatus va implícita la maldición de los que no asumirán la situación, de los que vilipendiarán la condición que se está ganando, de los que exigirán retales pasados para no cargar sobre los hombros la realidad más evidente. Y será entonces la psicología de la imposición la que tendrá la llave para hacer valer el lugar ganado entre pitones. Ni despachos ni repampinflas... que aquí, donde se muere de verdad, también se manda de verdad. Y ahí radica precisamente lo mortal y lo vital de un espectáculo en el que Roca Rey tendrá primaveral gobierno para maldición de sus predecesores. Ni una feria sin su mano. Ni una. Y todas las quinielas y todos los toreros pasarán por su cartel. Al tiempo.

Hoy en Valencia supo su cabeza proponer el toreo a la verónica al jabonero sucio sexto y también hacer caer boca abajo la montera, que es argumento populista de quien vio que no sonaba la diana floreada en el último toro de la Feria de Julio. Y entonces, con el público contento, fue al aficionado al que convenció, a este ya sí, con el corazón, que es el que manda en esta liturgia. Reventó de toreo en las dos primeras en redondo, en las que la proposición, el gobierno a ralentí y la mano baja hicieron que la obra llegase arriba.

Y arrió la zurda... y enamoró el natural eterno de un torero que ya espera como retoño a una primavera que verá cómo las figuras se batirán por estar con él en los carteles. Sin reloj fueron los circulares de final de tanda, con los que puso literalmente en pie al tendido. La espada cayó en el sitio y paseó dos orejas. A su primero le faltó un buen trancazo y por eso no despegó un trasteo marcado por la inquietud de un toro al que antes saludó el cuerpo erguido, con el mentón hinchado en el pecho y con la seda siempre por delante.

Cruzado se le vino en un arranque de faena en el que de nuevo lo pudo mandar a planchar el hule, y sin embargo tuvo agallas para plantearle series en redondo a un toro que acusó, entre la peligrosidad, que se lo dejó el peruano crudo en el caballo. Toro peligroso y, además, al que le faltaba el trancazo que ahormara su tranco.

Ya con la maldita primavera tiembla ya la cumbre de un escalafón al que no le queda otra que arrear o asumir la nueva condición con la que Roca Rey ha decidido aterrizar en este chiringuito, un tenderete al que sólo él y Juli llegaron precoces y se mantienen aún vociferando ofertas a la clientela. Que es la que paga. Que es la que pide. Y esa, que es la ley del más fuerte o del que más dura, obliga a asumir la maldición que para el resto de figuras supondrá la presencia de Roca Rey la próxima primavera.

En Huelva comenzó la recta final de su campaña, cortando dos orejas del segundo ejemplar de su lote, con el hierro de Torrealta, y coronándose como un gran nombre de la feria de Colombinas. Un viaje durante toda la noche le llevó, al día siguiente, a torear en la feria de la Peregrina de Pontevedra ante un casi lleno en los tendidos gallegos, paseando una oreja de su segundo ejemplar de Alcurrucén.

En El Puerto de Santa María, emblemática plaza andaluza, cortó una oreja a cada uno de sus toros de Juan Pedro Domecq el día 10 de agosto para salir en volandas del coso portuense y erigirse como pieza fundamental también en esa zona de Cádiz. Gijón, el día 11, sería su siguiente parada, dejando otra de las tardes para el recuerdo en el Norte español, cortando dos orejas a su primero de Montalvo y otra más a su segundo. Con tres en el esportón, se fue en volandas del coso de El Bibio, inmerso en plena feria de Begoña.

En la feria de Dax, en Francia, no tuvo demasiada suerte con la corrida de Matilla, pero sí dejó una de las tardes del año en San Sebastián, que celebraba su tercera feria desde la recuperación de los toros en la capital norteña. Allí, en un mano a mano con Enrique Ponce por la baja minutos antes de la corrida de Cayetano Rivera, cortó tres orejas, le ganó el duelo, y se alzó como máximo triunfador de la Semana Grande.

Volvió al sur, porque otra de las grandes tardes de Roca Rey llegó en la feria de Málaga. A un toro de Juan Pedro en tercer lugar la tarde del 18 de agosto, le paseó dos orejas, y una más al segundo de su lote, lo que le confería la salida a hombros en una nueva plaza de primera categoría, La Malagueta.

No tuvo suerte en su actuación en la Champions del toreo, en Cuenca, en una corrida monstruo en la que los garbanzos negros fueron a parar a sus manos. Un día después, el día 21, también pechó con un nulo lote de Núñez del Cuvillo y no tuvo en Bilbao opciones de triunfo. Del norte, al sur, a la feria de la virgen del Mar de Almería, tarde en la que cortó una oreja a su segundo ejemplar de Zalduendo. Y de nuevo al norte, porque dejaría en Bilbao, quizá, su tarde más completa de la temporada el día 24 de agosto. A su segundo toro de Victoriano del Río le armó un auténtico alboroto y le cortó las dos orejas, siendo una de las actuaciones más destacadas de toda la feria y coronándose como máximo triunfador del Norte.

Colmenar Viejo, tres días más tarde, le vería hacer el paseíllo. La tierra de toros por excelencia de la Comunidad de Madrid le vio cortar dos orejas a su primer ejemplar de Miranda y Moreno, siendo silenciado frente a su segundo de Albarreal. Linares, en Jaén, el mismo día que murió Manolete, no vio con suerte en el lote a Roca Rey, pero a pesar de ello paseó una oreja. Dos se llevó en Palencia el 30 de agosto, tarde en la que pechó con un encierro de Zalduendo que también le sirvió para triunfar, al igual que en otra de las citas ineludibles de la campaña: la de la Real Maestranza de Caballería de Ronda.

Allí debutaba como matador de toros Roca Rey y allí se llevó la tarde cortando dos orejas a su primero y una a su segundo. Sabor, torería y entrega en su toreo para conquistar al tendido bello del coso malagueño. San Sebastián de los Reyes sería la siguiente parada del tren Roca Rey al día siguiente, cortando dos orejas del sexto de la tarde, saliendo a hombros con Manzanares y dejando un gran sabor en otra gran plaza de la Comunidad Madrileña.

En Valladolid, el día 7 de septiembre, tres premios se llevó a la furgoneta Andrés de la corrida de Garcigrande y en Murcia otros tres cuatro días más tarde de una corrida de Victoriano. No dejó esa tierra, porque la feria de los Llanos de Albacete, escenario en el que hace un año indultó al toro Orgullito, también le vio en esta ocasión de pasear dos orejas pero de un toro de Daniel Ruiz.

La feria de la Virgen de la Vega de Salamanca también vería hasta con cuatro orejas el momentazo Roca Rey el día 16 de septiembre con una gran corrida de Gracigrande, y la localidad cordobesa de Pozoblanco, por el contrario, lo vio sin lote con un encierro de Albarreal del que solamente paseó una oreja a pesar de su entrega.

La Real Maestranza de Caballería de Sevilla sería el final de temporada de luces de Andrés, con una mala corrida de Matilla de la que paseó una oreja a pesar de todo. Pero aún le quedaba un festival en ese ruedo, el de la Macarena, imágenes con las que despedimos El Año de Roca Rey.

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