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Donde empieza la vida

Donde empieza la vida, donde empieza la libertad: una de las tardes de 2019 que quedará grabada para el recuerdo de la afición será la Puerta del Príncipe de Juli en La Maestranza.
viernes, 14 de febrero de 2020 · 14:47

Donde empieza la vida, donde empieza la libertad. Juli cruzó la Puerta del Príncipe con el reto de la inquietud personal conseguido: el de sentirse libre de su propia carrera. Tres orejas de libertad y esclavitud a partes iguales: las dos físicas de autogobierno contra un sistema contractual que no se lo ha puesto fácil en la temporada de sus veintiún años de alternativa; las dos incorpóreas –del quinto- al ganadero que desde el cielo estaba viendo un año después la gran faena  un año después del indulto. Ambas necesarias –las primeras libres por compromiso y lucha; las segundas esclavas por pacto moral- pero ambas imprescindibles en esta tarde para la historia.

Eran las 20:17 horas de la tarde cuando el Maestro Tejera anunciaba Churumbelerías sobre el ruedo en el que Juli, diez minutos más tarde, daba vida donde a punto estuvo de perderla con uno de Victoriano del Río. Para entonces, el hombre ya había sellado el contrato con la afición que el torero había rubricado con su faena; más tarde, hizo propio el concordato por esa libertad de ser mandón en su carrera. Lo lleva consigo y así lo vio Sevilla cuando lo sintió crujirse de toreo.

Y supo esperar con ese toro quinto con temple y enaltecer al animal bajándole la mano en una primera serie que estuvo plena de hondura. Supo ralentizar el tranco y torear para una plaza entregada. El inicio sometedor, el toreo domeñador y la libertad de saberse mandón exigiendo al de Domingo por la diestra. La suavidad a la hora de embeberlo, en el segundo exacto de llevar el viaje, de conducir el trapo hasta el final de la cadera y de volver a plantear el toreo en el siguiente muletazo con la emoción a flor de piel. ¡Qué suavidad torera la de Julián! Y le respondió Sevilla.

Antes, le pegó al segundo naturales totalmente muertos, mimando la embestida con el vuelo por abajo para crujirse y saberse dueño y señor del tranco salvaje del toro. Y los redondos finales para formarle el jaleo sensacional del premio con el que empezó la tarde. Fue el cambio del ecuador muleteril el arma para templar la faena, el alma para persuadir a Sevilla y el disparo para sentirse libre en este ruedo. Y lo consiguió.

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