LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Un demonio bajo el trapo

Andrés Roca Rey abre herido su segunda Puerta Grande de Las Ventas con una corrida de Parladé que le dio una oreja a López Simón y honroso adiós a El Cid
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miércoles, 22 de mayo de 2019 · 23:43

TEXTO: MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

“Ponte ahí y que pase como si tú no estuvieras”, le dijo el apuntador a Andrés. Y el peruano se clavó en los medios, se la enseñó por delante al toraco que venía en carrera y se lo pasó por detrás cuando ya los pitones le olían a hilo de oro. Y Madrid comprendió que la propuesta de Andrés no es de estar en buen momento; es de ser el dueño absoluto del momento que sea.

El apuntador es un demonio pequeño y transparente que vive debajo del trapo y al que Roca Rey comprende cuando le tira del fleco en cualquier dirección. Hoy tiraba de la muleta hacia abajo mientras pasaba Maderero con su humillación enrazada husmeando los tobillos, sabiendo que le sacarían el palillo por debajo de la pala. Porque los toros, hasta los que parecen mansos, necesitan de un gobierno, y Maderero hubiese dado un golpe de estado si no le hubiesen impuesto las condiciones de Andrés.

De oca a oca se había tirado el animal en los primeros tercios, como desechando que la fiesta fuese con él. Hasta hubo quien pensó que se rajaría, antes de que llegasen Andrés y su preclaridad y le ofreciesen la distancia y los muslos. Que así fue como consiguió el peruano su meta hoy, exponiendo, toreando y perdiendo sangre por un bujero para no perder el ritmo al torear. El ritmo que impone Roca Rey y el demonio que vive bajo su trapo, que se ha hecho más fuerte aún desde que tuvo que llevarlo a engrasar.

Demonios los tiene López Simón por arrobas, y algunas veces no le juegan pasadas buenas. Es capaz de escuchar a la voz de su interior, pero no es capaz de vestirte de torero bajo los auspicios más negativos de la histoia del toro. Hoy se entregó, lejos de aquel indolente ser que vio pasar de luces todos los paseíllos del mundo en los que nunca pasó nada. Hoy sí, porque hoy tenía ganas de que lo comparasen con alguien, y bien pudo ser su yo de alguna temporada anterior.

Exactamente igual que con El Cid, cuyas glorias pretéritas hace ya mucho tiempo que dejaron de esperar más. Por eso estaba cantada hoy la ovación en el paseíllo y la que le tributaron después, cuando se acabaron los muletazos que ofrecerle a Madrid.

Porque hoy el día era de Roca Rey y del demonio que esconde bajo la propia tela, que a estas horas le estará dando la enhorabuena por no dejar que pasen las ocasiones de vivir. Gracias, Andrés.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Novena de la Feria de San Isidro. Corrida de toros. Lleno de No Hay Billetes. 

Seis toros de Parladé, desiguales en los pesos, bien presentados y en hechuras, y un sobrero del Conde de Mayalde, tercero bis. De anodina docilidad el manejable primero. De gran calidad y empuje justo el buen segundo, aplaudido; devuelto el tercero por inválido; obediente y con movilidad de cara suelta el tercero bis; de gran calidad y humillación el buen cuarto; noble pero manso el rajado quinto; emotivo y profundo el enclavado y extraordinario sexto. 

El Cid (purísima y oro): palmas y ovación de despedida tras aviso. 

López Simón (azul noche y oro): oreja tras aviso y ovación. 

Roca Rey (canela y oro): palmas tras aviso camino de la enfermería y dos orejas tras aviso. 

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