CASTELLÓN

Ponce mece el toreo ante el valor de Castella

Hizo poesía el valenciano con un lote al que cortó oreja y oreja, mientras que apéndice paseó Manzanares; una ovación y silencio escuchó Castella
Por 
viernes, 4 de marzo de 2016 · 19:39

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

"Laborioso” de Núñez del Cuvillo abría hoy la tarde en La Magdalena, en la que hacían a las cinco en punto el paseíllo Enrique Ponce, Sebastián Castella y José María Manzanares. Un gran ambiente se vivía en los tendidos.

El primero, más generoso que de cara, echó al suelo su cuello largo para desplazarse con clase y largura en el suave percal de Ponce. Justo fue el castigo en varas porque tal era la fuerza del torete. Suavidad tuvieron también las chicuelinas de buen trazo de Ponce en el quite. Faena de solvencia prodigiosa para mantener en pie a un toro superclase que, como tal, entregó siempre el poco fuelle que contenía. Arrolladora la muleta, arrastró la bamba pero dejó el pico a media altura para no exigir hasta llegado el momento. Y el momento llegó al final, en una tanda diestra para exprimir lo que quedase. Arriba la espada en su totalidad, paseó el del Chiva el primer trofeo.

Tampoco el segundo andaba sobrado de fuerza, lo que influyó en que no tuviese ritmo para embestir en el capote de Castella, donde salió rebrincado y con la cara arriba. Escaso el castigo en varas, su tendencia a irse suelto provocó muchos capotazos en banderillas, con el propio matador lidiando. Le tiró líneas el galo al castaño para apuntalar la voluntad, pero no tuvo éste la bravura del otro para sobreponerse a su falta de condición física. Todo correcto en Castella, todo templado con pequeños matices que echaban al toro al suelo, pero sin conexión con un tendido que no percibió la emoción. Pinchó antes de la estocada y escuchó silencio.

Le meció verónicas Manzanares con más empaque que brilló a un tercero sin cara que se vino por dentro más que por fuera. Más despacio que templado inició la faena el alicantino, aún sin la seguridad de costumbre en la colocación, pero sí con el buen trazo, su arma para llegar con facilidad al tendido. Se fue acoplando poco a poco en un trasteo a más en el que él mismo fue ganando en convicción con el humillador y noble Cuvillo que siempre la quiso con clase, pero no siempre tuvo fondo físico para seguirla. Un estocadón marca de la casa certificó la oreja.

El cuarto le embistió a Ponce con el freno de mano echado en el capote que manejó con solvencia. Protestó sin raza y cabeceó en el penco, muy protestado en el tendido. Magistral Ponce en el planteamiento de faena, descubriendo el fondo y rascando esquirlas. Templadisima suavidad del valenciano para sacarse a los medios la clase del animal y dejarle el trapo a dos dedos sin posibilidad de tocarlo. Abajo ya en la segunda tanda, dibujando al ralentí para ir saboreando cada trazo, cada arrancada a más, cada segundo que duraban los cambios de mano que parecieron no acabar nunca. Faena larga, perfecta en la estructura,  generosa en terrenos para aprovechar querencias y precisa en el fin cuando estaba acabado el buen Cuvillo. El aviso sonó obsceno antes de coger la espada. Y con ella desprendida reventó al animal, que se fue a morir al centro del platillo. Oreja. 

El quinto se entregó poco en el capote de Castella, ni en los delantales del saludo, del que salió suelto, ni en las chicuelinas que improvisó el galo, de las que se fue a buscar la gatera. Brillante estuvo José Chacón en banderillas, saludando tras dos pares de gran exposición. En los medios esperó Castella la movilidad atolondrada del toro, que se frenó con la montera y se le vino cruzado sin que moviese un ápice la figura el francés para los dos cambiados, el de las flores, el cambio de mano. Con alfileres la fuerza del animal, claudicando en un par de embroques, pero con voluntad de embestir.  este no tuvo la clase ni el fondo, y a penas le sirvió a Castella para dejar claro que tiene valor para torear. Distancia le dio para embarcar la inercia, temple mientras le vino, aunque fuera con la cara alta y aquello no resultase tan estético. Pero sobre todo valor espartano para quedarse en los frenazos en el embroque, ofrecer la figura y sacarse la arrancada con seguridad a media altura. Se jugó la vida el francés mucho más de lo que le pareció al tendido. Pero lo pinchó y la estocada corta no sirvió para más que una ovación que se antojó poco premio para los méritos adquiridos.

A visitarle a Manzanares la esclavina del capote se fue el sexto de salida, con más genio que entrega y codicia. Se le acabó pronto porque no tenia fondo el animal. También con la muleta quiso arrancarle el palillo sin que llegase Josemari a meterlo en vereda porque no tenia la clase para volcar la cara ni la humillación para confiarse. La media tendida precedió al silencio 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Castellón. Quinta de la Feria de La Magdalena. Corrida de toros. Más de tres cuartos de entrada. 

Seis toros de Núñez del Cuvillo,  superclase sin fuelle el primero, con voluntad y nobleza sin fuerza el castaño segundo, humillado y con calidad y escaso fondo físico el tercero, enclasado y con entrega el gran cuarto, sin raza ni entrega ni humillación el deslucido quinto, 

Enrique Ponce, oreja y oreja tras aviso. 

Sebastián Castella, silencio y ovación. 

José María Manzanares, oreja y silencio. 

Comentarios