LA CRÓNICA DE FALLAS

Trampantojos de Levante

Paco Ureña pasea la única oreja de la tarde con un encierro de Jandilla que pareció tener más fondo que evidencias; pocas opciones para David Mora y poco acierto de Javier Jiménez
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miércoles, 15 de marzo de 2017 · 21:27
MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: SIMÓN CASAS PRODUCTION
 
Muchos de los que a estas horas aún tienen ganas de leer se preguntarán qué es un trampantojo y por qué lo traemos hoy a colación. Pues bien; según la RAE, un trampantojo es una trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es. Y esta tarde uno de esos sobrevoló la arena del Levante valenciano.
 
Uno o varios, porque hubo varias contribuciones a la definición de la RAE llegadas desde distintos puntos de interés para el lector. El primero, la media plaza que se cubría en apariencia un día de diario, con el viento de Levante, el frío que helaba la sombra a las cinco de la tarde y el cartel con que la empresa apañaba a tres de sus poderdantes por aquello de los compromisos. No era real esa entrada, que hasta los culos más gordos guardaban remanente de cemento por si lo necesitan otro día, y eso lo utilizará la empresa para bien o para mal dependiendo de si paga o cobra.
 
Trampantojo fue también que pase en el tendido por más malo que bueno un encierro interesante y bravo que cumplió impecablemente con la presencia demandada y en el que hubo toros que sacaron virtudes para cuajar de haber coincidido con las telas de virtuosos franeleros. Pero de esos, nos sobran dedos para contarlos. no es que el cartel de hoy no mereciese la élite, es que ser figura de esto es tan milagroso como dar con las alturas y las distancias para que segundo, quinto y sexto sacasen el fondo que guardaban en lugar de escudarse en el genio.
 
Por eso, y así las cosas, un Ureña metido y empeñado en borrarse de la cara la tristeza expuso mucho para ganar poco. Un saludo capotero al segundo -estético y alborotador a pesar de realizarlo con las manos ofreciendo el envés en lugar de las palmas-, una tanda enfrontilada de pies juntos y cintura cimbreante al natural, un quite por gaoneras comprometidísimas con el que se picó Mora por chicuelinas en el abreplaza, una serie de mano baja e importancia suma con la diestra al buen quinto y un estocadón a ese mismo toro. Lo demás fue búsqueda infructuosa de ese fondo que atisbó sin llegar nunca a saborear. Porque una cosa es la entrega y otra muy distinta el acierto, y la primera ya la premiaron con una oreja.
 
A punto estuvo de cortarla el que debutaba hoy, que venía con el viento a favor de la corriente que demanda -con acierto- su presencia en los carteles, pero su falta de puntería trocó en decepción la gana de airear moquero que tenía hoy el tendido. A Javier Jiménez le dolía en el sexto el trampantojo que había usado inconscientemente en el tercero. A ese, el castaño que aplaudió Valencia de salida por guapo y por serio, le echó el pasito atrás y lo metió en el pico para azuzarle la repetición con un pitón fuera del trapo. Era el primer toro de su temporada y no está el corazón para muchas fatigas. Por eso las pasó en el sexto, con las muñecas ya calientes y la barriga protestona, con un cate al irse a la puerta de chiqueros y otro al comenzar la faena de muleta. A ese sí lo vio cerca el sevillano, que trocó en sinceridad entonces lo que dejó a deber una hora antes. Lo arregló a última hora y se fue entre palmas, pero pudo haber cortado una oreja, incluso, de funcionar el acero.
 
No había, sin embargo, trampantojo que valga en la cojera que hoy se le notaba más a David Mora, porque así y todo quiso encajarse en los riñones para lancear con entrega y suavidad la clase que le duró un suspiro al cuarto. Eso fue todo, porque el trampantojo aquí fue del Jandilla, cuya falta de espíritu y fuelle hizo que se le escurriera entre las manos a un torero que necesita más enemigo. Algo más había sido el primero, también con fondo, también con esa humillación esperanzadora que percibe el tendido, pero con la guasa de esperar para ver la diana, de mirar por dentro buscando alamar y de acudir sin la entrega del bravo de verdad. Por eso y por su capacidad saludó una ovación David, que rumiará a estas horas qué arcano ha de descifrar para cuajar un toro en Valencia.
 
Fue trampantojo para el profano que sólo ve lo evidente, y ese hace mayoría en el abono de una feria. Menos mal que hubo atisbos de verdad para no echarle demasiado en cara los trampantojos de hoy a los que están llamados a sostener el futuro. Porque esto, además de billetes, implica responsabilidad.
 
FICHA DEL FESTEJO
 
Plaza de toros de Valencia. Sexta de la Feria de Fallas. Corrida de toros. Casi media plaza en el tendido.
Cuatro toros de Jandilla (segundo, tercero, cuarto y sexto) y dos de Vegahermosa (primero y quinto), bien presentados, con remate y con trapío. Con fijeza y prontitud el primero, que se acabó pronto y con cierta guasa, aplaudido en el arrastre; con importancia y seriedad humillada el buen segundo, aplaudido en el arrastre; enrazado pero sin fuelle el exigente castaño tercero; de cierta clase pero nula fuerza el inválido cuarto; humillado y profundo pero informal el interesante quinto; alegre y codicioso pero muy venido a menos el sexto.

David Mora (grosella y oro): ovación y silencio. 

Paco Ureña (caña y oro): vuelta tras aviso y oreja. 

Javier Jiménez (grosella y ro): silencio y palmas. 

Saludó montera en mano Ángel Otero tras dos extraordinarios pares de banderillas en el primero.


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