LA PREVIA DE FALLAS

El advenedizo y los gigantes

La corrida de Garcigrande pone el fin de fiesta en el que Juli y Talavante querrán pedir el carnet al que busca consolidar el estatus
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domingo, 19 de marzo de 2017 · 00:00

MARCO A. HIERRO

Esta tarde concluye el ciclo fallero, el primero de primera en el panorama nacional. Quedaban dos figurones por pasar por la calle de Xátiva y quedaba también el que pretende serlo y que tendrá en la de hoy una bala para no desprenderse del carro de los billetes. Julián López 'El Juli' y Alejandro Talavante pugnarán por el trono en el que Perera y Roca Rey se les han ido por delante con la compañía de Ginés Marín, pero también por descolgar a Alberto López Simón de su estatus de mandón aprovechando su falta de ruido. En chiqueros, una corrida de Garcigrande que viene bien a los tres, pero a unos más que al otro.

 

JULIÁN LÓPEZ 'EL JULI'

A nadie se le escapa que Julián es el enemigo a batir aunque sea en un tentadero. Su carácter competitivo, su capacidad para reiventarse y su tremendo conocimiento del toreo, del toro y del sistema los han mantenido a la cabeza del escalafón desde que tomase la alternativa. Carismático para sus compañeros, no siempre despierta las mismas filias entre el aficionado, que tiende a verlo como el personaje cómodo que adapta su entorno y sus actuaciones a lo que mejor le convenga a sus cualidades.

Así ha sido durante su carrera y así fue también el pasado año, cuando se vistió de torero en 44 ocasiones para cortar 61 orejas en una temporada cuajada de éxitos que, sin embargo, no llamó especialmente la atención de los aficionados, que tal vez lo entienden como algo natural, dada la tremenda capacidad de Julián. Sólo cuatro presencias en América registra la actual campaña, dos en Colombia (Manizales y Bogotá) y dos en México (Querétaro y el Embudo), con la apertura europea tradicional de su puerta grande en Olivenza.

Regresa a Valencia -feudo de triunfos rotundos en los últimos años- con su hierro predilecto, y es esta adicción a Garcigrande otro de los aspectos que más le critican al madrileño los sectores más reaccionarios. Sin embargo, vuelve a medirse con López Simón, como lo hará con Roca Rey en Castellón, porque no es sospechoso -en absoluto- de querer enseñarle los dientes a quien quiera alcanzar su posición.

Hay tantos Julis escondidos en uno solo que son muchas las formas en que puede interpretar el toreo el de Velilla, quien ha sabido reinventarse en numerosas ocasiones para no perder su privilegiada situación. Ya era rico con 15 años, y eso levanta envidias. Hoy, 18 después, marca el poder absoluto y la mano bajísima para ser el torero que quizá más arrastra los trapos para exigir a los toros en un toreo largo que hasta llega a abusar de los toros.

El atractivo de su tarde está en el duelo con Simón, el advenedizo, porque no es con Talavante -tan distinto a él en el concepto como similar en las aptitudes- su particular pugna.

 

ALEJANDRO TALAVANTE
Podemos estar hablando del torero que más profundo interpreta el toreo de cuantos pisan hoy una plaza. Torero genial en la apariencia, Alejandro Talavante esconde una técnica tan depurada e interiorizada que parece espontáneo cuanto intenta sobre la arena. En el debe -y sin embargo también es una virtud- la falta de competitividad si no es consigo mismo, tal es el grado de madurez que ha alcanzado a estas alturas.

 

Es el torero que mejor manejó las telas el pasado año, el que más toros cuajó y la figura más en forma de la temporada 2016 porque fue quien más y mejor instaló su nombre en las tertulias de taberna. Fueron 55 paseíllos los cumplidos la temporada anterior, con 76 orejas, un rabo y un indulto, pero sobre todo con la impresión de haber dejado marcada una profunda huella en el aficionado, que busca su nombre en los carteles. Este año sólo Olivenza lo ha visto torear y pasear un trofeo, pero es hoy cuando el camino se para en una de primera.

Debemos resaltar su inmensa capacidad técnica y creativa, armas que le permiten ser el torero que quiera -y eso lo llevó a intentar ser cada día uno hace no tantos años- y hace ya un par de años que ha decidido -y tal vez también ha aprendido- ser él mismo. Torero de muñecas privilegiadas para prolongar los trancos, de precisión pasmosa para manejar los vuelos de su gran muleta y de capacidad máxima para colocar al toro al citar con las yemas, con las palmas, con las muñecas o con las pestañas si eso fuera posible, le acompaña la figura para ofrecer estético poder con la cintura, con los hombros, con las plantas y con un valor desmedido que cada vez es más seco y que gana en seguridad a medida que va cumpliendo años y expectativas.

El escenario de hoy, Valencia, le ha visto firmar faenas de gran importancia, pero sobre todo ha llegado al tendido -para lo que tiene extrema facilidad- con todas sus formas posibles de desarrollar su concepto. Debería ser peligroso para cualquier compañero, pero su genialidad, de todo menos impostada para defender a un personaje, le hace comportarse por encima del bien y del mal.

 

ALBERTO LÓPEZ SIMÓN

Fue el torero que abrió la lata de la revolución hace dos temporadas, con tres puertas grandes consecutivas en Madrid que amplió el pasado año con una más en la corrida de Beneficencia. Sencillo y espiritual, López Simón trajo una bocanada de aire fresco a la fiesta, además de la exigencia a las figuras de la apertura de carteles, lo que subrayó con sus propios triunfos incontestables. No fue, sin embargo, el año 2016 el mejor de su Tauromaquia, aunque sí de su cartera. Y esa pasa siempre por superar carteles como el de hoy.

Cuenta Alberto con el calor de los públicos, que lo siguen viendo como el primero de los jóvenes que ganó su inclusión en este tipo de carteles, pero se contagió el pasado año de esa tendencia a convertirse en factoría que le llevó a torear en 72 ocasiones, siendo el torero que más paseíllos firmó para cortar 128 orejas, siete rabos y un indulto. Tantas tardes -por mucho que se quiera- no permiten asumir los mismos riegos tarde tras tarde, pero partirá hoy con el depósito casi lleno, después de haber cortado tres orejas en su último paseíllo, celebrado en Ubrique.

La máxima verdad y la pureza más cruda son las señas de identidad de un Alberto que no asumió la misma exposición el pasado año, y eso lo sacó de la boca del pagano. La tarde de hoy servirá para evaluar el torero que se encuentra quien acuda a la plaza. Frente a él, dos gigantes que intentarán borrarlo del mapa para que no suba honorarios. Que lo consigan o no depende del grado de compromiso que quiera adquirir Alberto consigo mismo y con la causa de rebelde juventud que le ha tocado abanderar.

GARCIGRANDE
La divisa salmantina tiene en Salamanca su cuartel general en los dos hierros que pertenecen a la familia Hernández, que ha logrado un toro tan peculiar que hay que maridarlo con figuras del toreo que conozcan sus arcanos. Pasa el de Garcigrande por un toro chico y aborregado; lo uno no tiene por qué cumplirse y lo otro no se cumple casi nunca, porque es el que cría Justo Hernández un animal de arrancada ligera, galope franco y mucha codicia para perseguir los avíos, por lo que es más fácil que salgan con correa que bobalicones.

Sin embargo, hay que tener mucha capacidad para cuajar las muchas virtudes que suelen tener los garcigrandes para la Tauromaquia actual. Por eso la vacada charra se constituye en un fijo de las grandes ferias y por eso El Juli se convierte en un fijo de los carteles donde se anuncia. Un indulto en Salamanca el pasado año puso, además, en valor el nombre de una ganadería que suena a élite.

La gran cantidad de animales que pastan en su finca -que le ha hecho superar en ocasiones las 30 corridas de toros entre los dos hierros de la casa- supone una presencia constante del hierro en todas las ferias, pero también una merma de garantía dependiendo del cartel. La presencia de El Juli hace augurar -por el conocimiento que Justo Hernández tiene de los animales que cría- que embestirán al menos un par de toros.

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