LA CRÓNICA DE OTOÑO

Una verdad increíble

Pablo Aguado corta una oreja de actitud, Talavante demuestra superioridad con la sarga en la mano y Fortes y su verdad cruda protagonizan una dramática voltereta que pudo derivar en tragedia
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viernes, 28 de septiembre de 2018 · 21:22

Madrid 28-9-2018 from Cultoro TV on Vimeo.

TEXTO: MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

A todos nos han contado el célebre cliché de “la verdad os hará libres”, manoseado hasta la extenuación por libros de autoayuda y series de televisión de gran éxito mundial. Todos hemos escuchado las moralejas de los cuentos donde se sobrevalora la verdad como medio para conseguir un fin. Y así debería ser en el toreo. Pero si alguien le pregunta hoy a Alejandro Talavante o a Saúl Jiménez Fortes, seguramente convendrán en que la verdad es en ocasiones increíble. Y un mal medio para triunfar.

Para triunfar digo, que no para asentar las bases de lo que uno siente como sincero, como el idioma para comprender el mundo. Talavante lo comprende en este ruedo como en ningún otro, y es aquí donde menos le cuesta decir la verdad. Porque el rédito es mayor que en los demás escenarios, pero el público de Otoño no es el mismo de otras fechas y digiere mal la verdad cuando no se la edulcora.

Porque a Talavante hoy se le presentaron en la muleta plegada que llevaba en el brazo todas las tardes que ha dejado de torear en este curso después de abrir la puerta mayor. Se abrieron en el vuelo del cartucho los pescados que le ha dejado el sistema flotando en lo inmenso de su mar. Una media había dejado antes, un par de gaoneras. Entrega donde se debe entregar, porque a él sí le comprenden la verdad en este ruedo, pero se la cantan más si la edulcora con miradas al tendido, con ademanes hacia la grada,

Hoy fueron suyos los naturales más puros, mejor enganchados y de más lento trazo con el Victoriano menos malo que pisó el ruedo mayor. Suyo fue el toreo a diestras que se encajó de riñon y codujo arrancadas, pero cantaron más los pectorales, embarcados en Las Ventas y vaciados en el pueblo de al lado. Hoy sabía Talavante que debía decir la verdad. Aunque resultase tan increíble con el inválido cuarto que hasta le reprocharon el intento. Porque esta plaza es así.

Porque la verdad descarnada de Fortes enterrado en arena y susurrando su misterio sólo con palmas, muñecas y cintura no se comprende bien cuando un bicho desordenado y de geniudo temperamento te pone difícil hasta la evidencia de jugarte la vida. Por eso hubiese necesitado con su primero decir alguna mentirijilla que le hubiera ligado más los muletazos, que le hubiera evitado los enganchones, que le hubiera ayudado a alargar artificialmente el viaje de una burra desordenada que salió en tercer lugar. Pero no dijo mentiras Saúl, porque no sabe.

Y porque ha decidido decir la verdad hasta cuando la faena intrascendente al sobrero de Mayalde que hizo quinto tocaba a matar o morir. Y pudo ser muerte lo del malagueño volcado entre los dos pitonacos, zarandeado luego por el chaleco, con las dos leznas retozando por su cuello cual bufanda letal ante la consternación del tendido en segundos agónicos, criminales. Tanto que cuando reflejaba el parte la paliza brutal sin un mísero raspón ni un hueso roto alguno volvió de nuevo a creer en algún Dios.

Desde luego, Pablo Aguado puede ser devoto, porque no es nada fácil salir con una oreja de tu confirmación en Madrid. Mucho menos cuando es a la contra del concepto en el que crees y tu única salida en tirar de la verdad de la inocencia en lugar de sincerarte con el regusto toreador.

Fue con el sexto, larguirucho, fino, montado y hondo. De los que se mueve para mal pero se entiende por bueno en Madrid. Fue con el genio de ese, con su transmisión de arrancada a la brasa, con su apretar un diente contra otro para plantar cara y acompañar donde el temple casi no es posible. Y sorprendió Pablo por su fondo de bravura donde no existió el del toro, porque temían algunos que no se entendiera bien la delicada fragilidad de su toreo en el ruedo de Madrid. Y la oreja paseada fue de todo menos frágil.

Pero tampoco fue premio a la verdad, porque no tuvo Pablo material para decirla, ni Talavante tiempo para macizarla antes de pinchar otra vez. Ni, desde luego, Fortes, cuando se le iba en silencio una nueva actuación. No siempre es creíble la verdad, y menos en el toreo. Porque en este negocio suele enmascararse con demasiada frecuencia.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Primera de la Feria de Otoño. Corrida de toros. 20.884 espectadores. 

Toros de Victoriano del Río, un primero y un cuarto de Toros de Cortés y un sobrero quinto de Conde de Mayalde. Noble, de fondo justo y media humillación el primero de Toros de Cortés. De raza justa el obediente y voluntarioso segundo. Informal y deslucido el tercero, de arrancada sin ritmo. Inválido de una mano el impedido cuarto, de buena intención. De viejuno ademán e informal nobleza el desordenado quinto bis. 

Alejandro Talavante (gris perla y oro): ovación y silencio. 

Fortes (tabaco y oro): silencio tras aviso y herido. 

Pablo Aguado, que confirmaba alternativa (marfil y oro): ovación y oreja. 

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