LA CRÓNICA DE PAMPLONA

Vidas paralelas

La sorpresa que Luis David Adame atisbó en San Isidro se va hoy de Pamplona con tres orejones entre el gusto de Marín y el valor de Younes, ambos sin espada
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martes, 05 de julio de 2016 · 22:42

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ

Entre la ristra de virtudes que la tauromaquia lleva consigo, la intrahistoria oculta de cada carrera es uno de las más boyantes misterios que el público no comprende pero el aficionado sí requiere. Y es que sabe el que quiere hacerse de oro vistiendo aún de chispeante barato que para mandar en esto la personalidad y el valor son el billete al otro mundo. Sabían y comprendían ese misterio también, a las ocho en punto, un Joselito y un Luis David que se zurraron de niñatos lo mismo que hoy se compenetraron para asegurarse el éxito.

El uno, un hermano mayor que parió pero no reconoció México para que la Madre Patria descubriese lo que luego el Nuevo Mundo reclamaría después; ese es el rostro de enjuto, con tipo de barrio, fino de estampa, galgueado y de baja complexión. El otro, un Luis David de más corpulencia, con cara de buena gente, menos enfurruñado que el hermano y con bondad seria en su semblante. El uno, fusionado en todopoderosa internacionalidad; el otro, con el imperio de Madrid bajo sus pies. Pero ambos sabiendo qué fue del Joselito que llegó y qué es del Luis David que despegará. Todo al tiempo justo que hoy marcó Pamplona.

Tiene virtudes el pequeño y hace por ser el torero que el sistema que ha creído en él quiere que sea. Tiene talento por arrobas el mexicano que lleva el apellido de Joselito y que deberá sacar el suyo propio a partir del contrato moral que hoy rubricó en San Fermín. Tiene la técnica suficiente como para servirse él mismo en el escalafón menor, el valor ecuánime como para mandar en los toros y la variedad justa como para reventar la falta de personalidad del presente novilleril. Y tiene un hermano para no errar dos veces en la misma piedra.

Lo tuvo en un segundo al que le cortó la oreja haciendo gala de su virtud alegre seda en mano. No se guardó nada con un capote privilegiado despenando de salida al Parralejo lo mismo por largas que por verónicas de asiento, lo mismo por chicuelinas que por revoleras con son. Y estatuarios que, aunque no fueron el mejor inicio para el animal, fueron clave para que no le enganchase durante toda su faena. Fue esa clave inteligente para pasearle el despojo al animal, conectando en dos tandas al natural con ligazón pero sin temple que tuvieron la efectividad de la transmisión al tendido. Fantástica la estocada. Lentísima. Poniendo todo. Matando como su carné novilleril exige.

Sabía lo que quería, y eso llegó en el quinto, al que le arreó cambiados, chicuelinas al paso y un brindis a la eminencia de la Meca. Sabe hacerlo. Como también cruzárselo por la espalda, y ser listo en los embroques, y estar hábil al atornillar zapatillas, y crujirse a zurdas en series ligadas, a pesar de que el torito hiciese por él en toda la barriga. No se achantó un ápice un Luis David que mató lentísimo y al encuentro al Parralejo. Pamplona en su corazón. Dos orejones.

No tiene capa fraternal un Javier Marín que llegó hoy entre los suyos con la credencial de cortar una oreja justita en el abril venteño y que se fue con la impotencia de irse andando por no estar fino con la espada. Se la pudo cortar al primero tras el recital de faroles y a pesar de las puñeteras prisas, de no darle tiempos a un animal que se lo pedía a gritos, de no crujirse de verdad ante la humillación exigente del novillo y de derrochar corazón sin cabeza en su estructura muleteril. El embarullamiento lo pagó sin premio Marín. No le dio tiempos. Y eso duele como le dolió en el cuarto pasearle el despojo al animal más cansino, informal y mentiroso de todos.

Es larga la estela de Castella y, en traje y formas, fue la del Andy Younes que por marzo y entre tracas levantinas ilusionó con el mismo concepto hierático del torero de Béziers. Pero el joven de Arles, hoy, tiene el valor en el alma y el gusto en el valor. Por eso la mezcla no cuaja. No lo hizo en el tercero, con el que se enrazó vertical ante un animal excelente para tener la oreja de su mano y perderla tizona en mano. También en el sexto suspendió con los aceros un Younes comprometidísimo con el valor que atesora, y esperará la Fiesta a un novillero de fino concepto que, por el momento, se ha quedado con lo mejor del Sebastián bueno.

Maneras de vivir, maneras de soñar gritaba un atlético. Maneras de ser feliz la de un Joselito y un Luis David que, más allá de vidas paralelas, lo que hoy atisbó Pamplona fue la compenetración firme de un valor que puede llegar a ser el hermano mayor que siempre soñó. También cuando le zurraba de niñato. Pero ahora tiene la experiencia fraternal a sus espaldas, la fiabilidad empresarial en los hoteles y el corazón en su propia mano para crujirse a torear y, mientras tanto, no tropezar dos veces con el mismo pedrolo que Joselito sufrió en Iberia.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros Monumental de Pamplona. Feria de San Fermín, primera de abono. Novillada. Tres cuartos de entrada largos.

Utreros de El Parralejo, serios de presencia. De gran clase, fondo y ritmo el gran primero; áspero y sin clase pero repetidor el castaño segundo; de buena calidad a menos el jabonero tercero; informal y renuente con fondo el noble cuarto; de informal movilidad el díscolo quinto; deslucido y sin viaje el sexto.

Javier Marín (marino y oro):vuelta y oreja tras aviso.

Luis David Adame (grana y oro):oreja y dos orejas.

Andy Younes (lila y oro): silencio y silencio tras aviso.


FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ

 

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