LA CRÓNICA DE SAN FERMÍN

Un imberbe con C4

Roca Rey arranca tres orejones y pone caro el triunfo en una corrida con dos toros manejables y uno bueno de Fuente Ymbro; la espada se llevó lo toreado por Abellán y Ureña
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jueves, 07 de julio de 2016 · 21:14

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ 

 

Aún no luce ni perilla y ya va camino de coleccionar cortijos. Al peruano de la enjuta figura y el semblante serio le enseñaron pronto a manejar los explosivos, tal vez sin pensar siquiera que nació el chaval con C4 entre las manos. Andrés revienta las ferias a base de fe y de valor, porque con esas dos armas y un puñado de interés se transforman en figuras los que no se pasan de creer a creérselo.

Una bomba entre las manos trajo Andresito a su casa, que no un pan, porque se queda corto el buen trigo para premiar su valor. La forma de ajustarse al tercero en el quite, de levantar impávidas tafalleras a la vencida y desinteresada arrancada sin fijar, la espera de rodillas al toraco en el inicio… Bendita sea la inocencia, que mantiene la verdad, se hace amiga de la pureza y es sincera con el toro, con la plaza y con Andrés, porque si nosotros sabíamos que el animal lo iba a coger, imagínense él. Y aun así, se puso para cobrar.

Y cobró en la plaza con un pitón en la bragueta, pero detonó el C4 en el corazón de Pamplona, porque antes siquiera de pegar un muletazo más, ya tenía a toda Navarra de su parte. La bomba que blande Andrés no entiende de momentos ni reservas, porque se entrega al abismo como si no fuera a verlo más. Hasta el cabrón chorreao que le echó Gallardo en tercer lugar le advirtió con el arañazo, pero no fue quién para meterle el pitón. Así de dura tiene la entrepierna el que hoy reventó la feria dejando el listón a la altura de los privilegiados.

Valor derrocha Andrés por el C4 entre las manos para soplarle un cambiado de escalofrío al que cerraba función, pero también tiene seda para vestirle la hechura al que la clase al ralentí. Porque supo Roca Rey empacarse con el sexto, componer la gallarda figura para sobrevolar al de Gallardo, levitar sobre la arena para buscar colocación en las plantas y ritmo en el toro y echar el trapo a la arena para desmayarse despacio mientras estallaba Pamplona. Le palpitó sin freno la zurda para enganchar y soltar, pero tuvo la ligazón buen cimiento en la quietud. Lo embarcó con la bamba al frente, lo meció sin un tirón con el pulso del revés, lo dejó sin duda alguna sobre el lugar de la vuelta y lo esperó con la franela puesta para evitar la negación. Perfecta funcionó la bomba, que dejó dos zambombazos para reivindicar autoría, pasear tres orejones y arrear al personal que viene. Y aún no ha cumplido los 20.

Atrás los dejó Paco Ureña cuando aún soñaba trazos y sentía ilusiones, antes de saborear el toreo. Lo ha hecho muchas veces desde que se hizo uno con el hombre, pero no termina de encontrar el arma que haga redondas sus tardes. Sabe el murciano embarcar en su carrusel de mano zurda a cualquier bicho de media voluntad, sabe romperlos abajo y sabe exprimirle arrancadas aunque sólo sea para dejar una pintura por serie y convertirla en su sello. Hoy lo hizo con el noble segundo, más humillador que enclasado, con más obediencia que entrega, con mejor principio que final, pero con el fondo justo para que lo transformase Paco en premio. Toro que agradeció la facilidad de Ureña para encontrar el sitio de embestir, que se entregó hasta donde pudo para conjugarse con él, pero que se tragó a la segunda el estoque que no quiso entrar. Tiene Ureña chance mientras siga toreando así, pero todo triunfo perdido son excusas otorgadas para no contratar.

Contrata Pamplona a Abellán porque aquí el madrileño se transforma. Conoce Miguel los secretos de la lidia, los arcanos de la bravura y los manejos de las telas. Tanto los conoce que sabe mostrar sin sufrir, apretar sin exponer y birlar sin llamar la atención sobre el prestigio del truco, pero todo eso no es para Pamplona. Está cosido a cornadas Miguel, y por eso guarda la viña, pero llega San Fermín y aparece su mejor cara, aunque no le diera hoy ni para saludar una ovación. No le funcionó a Abellán la espada de tapar bocas, y por eso se fue de vacío con el único toro que le valió. A ese le confió, le tragó y le expuso para romperlo adelante y ponerlo a embestir. Dimensión de lidiador fácil dio un Abellán que volvió del otro lado del río sin estridencia alguna, pero con máxima suavidad, con máxima inteligencia, con máximo decoro y máxima concentración. Aunque se fuera en silencio y con la duda en la espuerta de si volverá a venir.

Vendrá Andrés Roca Rey a dinamitar esta plaza todas las veces que quiera, porque ya la conquistó hoy. Lo hizo jugándose la ingle con el que lo quiso quitar y templándole la clase al que se juntó con él. Lo hizo por ambas vías para que lo respetase Pamplona. Y con su toro y su ejemplo también es figura Andrés sin barba. Porque le nace el C4 en la confluencia de los muslos.

 

FICHA DEL FESTEJO

 

Plaza de toros Monumental de Pamplona. Tercera de la Feria del Toro. Corrida de toros. Lleno.

Seis toros de Fuente Ymbro, impecables de presencia y desiguales de tipo y comportamiento. Pasador con ritmo y obediente el primero; humillado y con celo, de mejor inicio que final el segundo; manso, reservón y de pitón derecho criminal el tercero; sin entrega ni viaje el insulso y serio cuarto; rajado, deslucido y sin entrega el quinto; con clase y entrega el obediente y buen sexto, de vuelta al ruedo excesiva. 

Miguel Abellán (verde hoja y oro): leves palmas y silencio. 

Paco Ureña (azul pavo y oro): palmas y silencio tras aviso. 

Andrés Roca Rey (grana y oro): oreja y dos orejas. 


 

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