LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

El honor no se vende en frasco

La fe de Talavante le corta la oreja al sexto de una corrida de Fuente Ymbro que reventó una tarde de lleno, las opciones de Urdiales y la moral de Perera.
miércoles, 18 de mayo de 2016 · 22:03

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO


Ahora que se ha echado el día y se han aplacado las pasiones; ahora que el destino tiñe de sangre el corazón del toreo y la Parca sobrevuela un hospital mexicano; ahora quellora el hombre porque honra a sus muertos y se abona el diezmo por darle verdad al rito, un tipo flaco y larguirucho le recordó a Madrid que el honor no se vende en frasco.

El honor, ese vocablo trasnochado y caduco en la sociedad de hoy, denostado y maldito por los que rigen su vida con valores de Sálvame. El honor llevó a un chaval, poco más que un niño, a jugarse la vida, y perderla, en un agujero peruano donde no había dinero ni focos, ni hoteles, ni enfermerías, ni quien lo contase bien o mal. El honor llevó a Renato Motta a perder la apuesta de vida que él pensó que iba a ganar, pero eso también entraba en los cálculos. El honor que promulga su muerte lo honró Talavante con la gallardía de apostarle a un manso, con la capacidad para meter en cintura su díscola huida y con la fe de quien se sabe gigante en este mundo, donde mueren hasta los aprendices mientras el que paga grita: "¡Mentira!”.

No hay mentira ni trampa en enganchar el morro de un toro en tu misma espalda, amarrarle abajo el belfo a la embestida sucia, trazar delicado y sutil con el trapo flameando para que muera despacio al soltarlo allí donde lo cogió. Sublime fue ese momento en que se le entregó una plaza entera, la que más vale en el mundo, a un tipo flaco y larguirucho que se supo mandamás. A ese castaño tercero le limpió embestidas, le aguantó caras sueltas, le propuso verdades y recibió destemples, sin arrugarse ni enfriarse por lo barato del material.

Barato, por muy caro que lo vendiese en Madrid, porque la garantía que pregona el fabricante no se corresponde con el resultado que da. Eso es así en todas las vacadas, pero no todos los ganaderos pasean el honor y la honra ante cámaras y cuchés como si ellos, y no el toro, fueran los protagonistas. Si ese sexto rajado y remiso llega a caer en otras manos, o en las mismas un turno anterior, hubiera sido el marrajo que quita honor a su dueño, pero a Talavante no. Alejandro tiró de raza, de oficio y de don para cimentar una obra en el viento, y encaminar cada paso a ese final en chiqueros, impositor, dramático, emotivo y desgarrador. Porque se partió en dos Alejandro desde el corazón a las carnes para entregarse al rito como Renato se entregó.

Pero él estaba en Madrid, con la gloria, el poder y el dinero danzando en la plaza llena y con García Padrós en el túnel por si hubiese menester. Motta quería ser Talavante y Talavante salvó su honor. Y eso no se encuentra en frasco en los pasillos del Mercadona.

Como no se encuentra la fórmula que le dé la torería de Urdiales a cualquier simple mortal. Humano es también Diego, y de La Rioja, donde se empeñan en morir defendiendo su concepto, valga o no valga el toro, sus problemas o las soluciones aportadas. Y ya van muchos cuatreños que no le embisten en Ventas al que hoy recordó al torero que dio la vida por él.

Por él y por Miguel Ángel, que sigue buscando al Perera que conquistó Madrid con honor, pero se topa con el estigma de etiquetar su toreo. Hoy hasta perdió su eterno temple en los pitones del quinto, que le alcanzó más el trapo que persiguió su trazado, porque no es Perera hombre de sutilezas cuando le vienen mal dadas. Poderoso es por mil toreros, es cierto. Pero el poder de Perera llegó demasiado pronto con el humillador y emotivo segundo, que ya había marcado chiqueros y allí se volvió cuando le dolió el exigente trato del extremeño. Tampoco el honor de Perera se vende o se compra en frasco, porque no se cultiva mucho en la sociedad de hoy.

No se cultiva el honor en el mundo de colores, donde se niega la muerte y se restringe la vida. No se cultiva el honor porque no lo paga Europa, y no hay PAC que allí comprenda que el honor no se vende en frasco.

 

FICHA DEL FESTEJO 
 
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, decimotercera de abono. Corrida de toros. Lleno en los tendidos. 

Seis toros de Fuente Ymbro, correctos de presencia. Y un sobrero de Buenavista, primero bis. Devuelto el primero por feble; de cierta calidad humillada a menos el castaño primero bis; emotivo y humillado el rajado segundo; descompuesto y sin clase el deslucido tercero; aplomado y sin raza el aburrido cuarto; pasador y humillado el soso quinto; manso y remiso, de humillación corta el rajado sexto. 

Diego Urdiales (purísima y oro): Ovación tras dos avisos y silencio. 

Miguel Ángel Perera (verde hoja y oro): Silencio y silencio tras aviso.

Alejandro Talavante (azul pavo y oro): Ovación y oreja tras aviso. 

Saludó montera en mano Juan José Trujillo tras banderillear al tercero y Curro Javier tras hacer lo propio con el quinto. 

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del novillero peruano Renato Motta, fallecido a causa de una cornada en el día de ayer.
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