LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Donde habita el olvido

Voluntad de Garrido en su confirmación con un desmotivado Juli, un indolente Castella y una corrida de Alcurrucén con matices perdidos por falta de apuestas
viernes, 20 de mayo de 2016 · 21:46

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

Cuando se despertó no recordaba nada de la noche anterior… Así comienza el excelso tema del maestro Sabina del que me permito tomar prestado el título para marcar el hilo conductor de una crónica sin materia prima para brillar. Tampoco el pagano que llenó la plaza para ver la confirmación de una promesa con dos figuras en el cartel recuerda nada contundente que llevarse a la boca. No recuerda, como nadie que asistiese al bodrio, nada remotamente parecido a una gran tarde de toros. Pero así es esto.

En Las Ventas habitó el olvido en día para recordar. Lo hará sólo Garrido, que enmarcará su foto vestido de mercurio y plata, pegándole un abrazo al peor Juli que haya visto esta plaza y atestiguando ceremonia el Castella terco e indolente que quedó aparcado el pasado año para que le fluyese un nuevo yo. Ambos tienen que ver con el Joaquín poeta que hoy le da título al texto, porque es tan del Atleti como Juli, tan de izquierdas como aparenta Castella –que vivan los clichés manoseados- y tan apasionado como Garrido, que hoy pudo pasarse de vueltas en eso del corazón.

Le pudo el deseo con el de la ceremonia, toro de bella lámina, largo lomo, estrecha sien y acucharada cuerna. Toro en el tipo del Núñez bueno que terminó siendo exigente con la colocación buena. Era de ganar el paso palante y no de perderlo hacia atrás, porque se destemplaba el bicho del embroque hacia el final al sentir su propia inercia persiguiendo fleco cercano. Era de ganarlo –seguro- porque no le contaron a José lo intransigente que es esta plaza cuando sacrificas la pureza en favor de la ligazón. Y a él le faltaba ligar, que era lo que sabía de Las Ventas, porque paseó una oreja de novillero con uno de no parar. Aquí se quedó en ovación a la entrega, porque no le faltaron ganas de dejarse matar a Garrido.

Lo hizo en un quite al sexto, con las rodillas en tierra, el capote a la espalda y el pitón rebañando plata entre farol y farol. O lo que fuesen, porque fue espeluznante el momento en que lo tuvo atrapado y en tierra el astifino burel, que se vio morir el brío en el brío en el inicio por alto y ya no levantó cabeza hasta que colgó de un gancho. Habitó el olvido en el ruedo por lo conseguido hoy, pero al menos le queda cuerda para no malgastar balas.

Las de El Juli hoy no estaban mojadas, ni caducadas, ni defectuosas, ni marcadas; simplemente decidió Julián que hoy dejaba la canana en el hotel. Cierto es que no es fácil cohabitar con un sector de esta plaza, pero hay sitio para los dos siempre que se piense en la mayoría. El problema llega franco cuando se encuentra una excusa para no emplearte una tarde. Y las figuras lo son –éste, al menos, lo demuestra- porque no perdonan un paso cuando pueden ir más allá. Cuando existe voluntad y tres lustros en figura no hay embestida reguleras, ni líneas por encorvar, ni trapos chocando morros; hay capacidad, hay mando y hay imposición, pero al tirano de todo, al que mejor sabe hacer eso, le llegó la noche en Madrid antes que cayera el sol. Y allí le habitó el olvido, que le dijo: "Tenemos que hablar…”.

Habló también Sebastián Castella con el gritón del tendido, que no se quería olvidar de indicarle cómo hacerlo sin coger una muleta. El galo nos enseñó al quinto en una obligada serie de coserle la diestra al hocico y dispararle la entrega. Fue profunda, fue emotiva, fue codiciosa y fue franca su manera de humillar, aunque tiró de recuerdos y olvidó su toreo nuevo en favor del anterior. Y dejó puntear las telas, chocó el morro con el trapo y pintó de irregular paso su segundo por Madrid. Van a pesar los otros dos.

Porque habitó el olvido el terreno donde se recuerda a los bravos y encontró sentido al cuento el que más lo rebuscó. Ya habrá tiempo de repartir roles, tareas, apaños o enjuagues a medio hacer. Y de repetir a un tío que nada se quedó debiendo. Ni siquiera el brindis al Rey, que en realidad fue a la infanta Victoria, donde se acordó del futuro al que le queda todo por hacer. Que no habite el olvido su ilusión por defender al toro, aunque hoy, aquí en Madrid, no salieran más que tres.

 

FICHA DEL FESTEJO 

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, decimoquinta de abono. Corrida de toros. Lleno de 'No hay billetes'.

Toros de Alcurrucén, variados de capa y tipo y de desigual presencia. Exigente pero emotivo el áspero primero; de tres arrancadas codiciosas el informal segundo; con calidad y hasta profundidad en la humillación a menos el tercero, que terminó rajado; con prontitud, recorrido y humillación el cuarto; obediente y humillado el interesante quinto; abueyado y mortecino el deslucido sexto. 

El Juli (verde botella y oro): Silencio y silencio. 

Sebastián Castella (marino y oro): palmas tras aviso y silencio. 

José Garrido, que confirma la alternativa (mercurio y plata): Ovación tras aviso y silencio tras aviso.
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