LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Ginés Marín deja el cuartel

Marín dejó hoy el cuartel que aprisionaba su necesidad de triunfar para comprarse la finca de la libertad que buscaba desde niño y tuvo maestro para ello: un Juli que a punto estuvo de acompañarlo
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jueves, 25 de mayo de 2017 · 22:39

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERIO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

Ginés Marín dejó hoy el cuartel que aprisionaba su necesidad de triunfar para comprarse la finca de la libertad que llevaba buscando desde niño. Cuartel de exigencia y finca de gloria eterna del toreo: la que comenzó a construirle el "Barberillo” de Alcurrucén con el que hoy reventó Madrid.

Porque eran las nueve y catorce minutos del anochecer alcalaíno cuando crujía la plaza de latidos al natural. Y en el callejón, un hombre hacía serrín del olivo con sus uñas. En ese momento, justo en el instante en el que se partía la camisa el uno, en el que arrojaba el habano el diez, en el que soltaba el abanico de moscas el seis y en el que el siete desfruncía el ceño, un castoreño tapaba las lágrimas de gozo por ver el sueño cumplido de un hijo. Marín, el Guardia Civil, y Guillermo, el padre, se batían en gritos de vida olvidando el cuartel que había construido la gloria que Ginés estaba alcanzando. Porque ahora necesitaría la finca que ese animal le ayudó a conseguir para estallar de toreo cada Feria en la que el 2017 lo anunciará.

Aquel pequeño jerezano que se escondía entonces debajo de los asientos del microbús que transportaba a los agentes en servicio a los toros de la Feria de Jerez para saltarse por los corrales y así no pasar por taquilla se hizo hombre pagando con toreo a la primera del mundo hoy en su confirmación. Y lo vio salir a hombros la calle de Alcalá. A Guillermo, el agente que debía cambiar el turno para picar junto a su hijo cuando se dio cuenta de que esto no era un juego, se le subían en aquel momento las hormigas por las venas viendo a Madrid entregada al milagro que su hijo acababa de obrar.

Directamente a torear al natural puso la plaza en pie en ese sexto. Le cogió la distancia, lo entendió a la perfección y por ambas manos gozó de Madrid al cielo de su toreo. Y la enloqueció. Y crujió la plaza para desorejarlo tras la estocada. Fue aquel animal la clase de "Jabatillo” y la calidad chisposa de "Malagueño” fundidas en otro genial toro de Alcurrucén, más descaradamente manso, sí, pero más tinta que hoy agrandó el mito del hierro en el libro Madrid.

Sabían los Lozano lo que embarcaba el lunes en El Cortijillo. Sabían Pablo, José Luis y Eduardo –toda una vida dedicada al toro en la taquilla, en el ruedo y en el campo- que ahí iba algo gordo. Como siempre que van a su plaza. Y es que íntegramente vivir por y para este espectáculo invirtiendo en él el beneficio que de él se ha sacado es amor pasional y no banal. Y eso al final se recoge.

Bien lo sabe también el torero de la casa: por encima del bien y del mal está un Juli que, con el peor lote, casi pudo acompañar en hombros al triunfador. Y pitaron los de siempre. Le dio trincherazos de dominio y tremenda belleza a ese segundo. Y seguían pitando. Acalló de cara al mostrador el peligro sordo de aquel "Castañuela”. Y seguían erre que erre con el palique silbador. Y le cortó la oreja acallando a todos: toros, preludios e incluso insultos, que los hubo, como delatadores de su condición. Pero supo Juli hacer dócil la mansedumbre de un toro que sí le aguantó porque le hizo las cosas perfectas, acompañando la condición mansa con la pulcritud en los muletazos por bajo. Y el premio. Y los pitos de los de siempre. Y la plaza boca abajo porque, en condición de maestro, supo López pasear y exhibir su carrera en esta plaza en una sola faena.

También el "Cornetillo” cuarto, al que un pinchazo privó de ser el toro de la Puerta Grande, rompió entre la eternidad que le aguantó a sus pitones. Y vio que el derecho era el suyo… pero lo toreó por el izquierdo para tapar las bocas que largaban de su poderío para volver a cuajarlo de nuevo por el contrario y pasárselo de aquí hacia acá. Y dos navajas como pitones, oiga. Y la Puerta Grande esfumada en un pinchazo. Y el camino, una vez más, de tres semanas de espera hasta su siguiente cita capitalina entre odios y rencores al que es torero de Madrid por lo civil o por lo criminal. A pesar de los de siempre.

Confirmó también su alternativa Álvaro Lorenzo, que navegó entre el triunfo y el limbo para saludar dos ovaciones: le tocará arrear para no quedarse en la cuneta. En el quinto se encontró con un extraordinario animal hasta que le aguantó. Dulzura le dio Lorenzo aunque le faltó no agobiar tanto al toro.

Fue la tarde en la que Ginés Marín pasó de vivir en el cuartel de la necesidad a poder hacerse el suyo a base de libertad. La que da Madrid. Convirtiendo cada paso en una meta y cada meta en un paso consiguió su sueño el joven. El día era hoy y su tarde era esta. Y ha sido listo para dejar cuanto antes ese querer impertinente y rendirse a la búsqueda libre de salir del cuartel gracias a doce naturales y nueve derechazos de ensueño.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Decimoquinta de la Feria de San Isidro. Corrida de toros. Lleno

Seis toros de Alcurrucén. 1º A menos. 2º Con durabilidad pero mansurrón. 3º Mucha calidad pero a menos. 4º Reservón y de buena pero explosiva embestida a diestras. 5º De extraordinaria calidad y humillación. 6º Bravo el importantísimo sexto.

Julián López 'El Juli', Oreja y ovación.

Álvaro Lorenzo, (confirmaba alternativa) Ovación y ovación.

Ginés Marín,(confirmaba alternativa) Ovación y dos orejas.

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