LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

La muñeca de goma

Talavante le corta una oreja al natural al Victorino de clase, Ureña la pierde con el descabello con el bravo y Urdiales se desdibuja con el peor lote de un encierro de baja nota
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martes, 6 de junio de 2017 · 23:05

MARCO A. HIERRO / FOLOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Para torear al natural con las yemas de los dedos dirigiendo una franela tersa hay que tener muchas cosas; valor para asentarse, para cargar y para ver pasar muy despacito a uno entrepelao por la barriga; seguridad para gobernar, para dominar, para imponer la ley de tu trapo; temple para que no desfallezca el muletazo en un tirón, en un enganchón, en un mal gesto; y todo eso, si se quiere enroscar uno la embestida tras la cadera, sólo se consigue habiendo transmutado tu muñeca en goma. Talavante lo ha logrado.

La muñeca de goma de Talavante es capaz de ofrecer torso y envés cuando le maneja el percal con tino al escurrido segundo, pesador por lo largo y lo alto, pero una vaca vieja con mucho volumen en su impresión. A ese morro de rata, degollado de papada, fino de cabos y escaso de todo le ganó el paso Alejandro manejando el capote hasta que ganó los medios convirtiendo en verónicas lo que empezaron siendo zalagardas para sobar. Y allí se acordó de otra tarde, mucho más gris, más entoldada, más... olvidada cuando remataba el saludo y Madrid se le volvía a entregar. Era el mismo Talavante que se anunció aquella tarde, pero no era igual. Ni parecido.

El de hoy ha engomado sus muñecas, entonces entumecidas y acartonadas, para que le fluya el toreo hasta de la punta de los pies. Por eso los ofrece hacia adelante, con el pecho al frente y la zurda mancillada por aquel corte ladino más de goma que nunca para poderlo sentir. Y cuando se le conectó la zurda al corazón de torero le brotaron a Alejandro borbotones al ralentí. Muy plana la tela en el inicio, desplazando en línea recta al Victorino para esperarlo después colocado a la perfección, embarcarlo con sutileza y enviarle la templada humillación al infinito del toreo, toreando con los dedos, con la cintura, con la cabeza y con el corazón. Por eso rugió Madrid, que sabe cuándo le sopla un tío un natural a un cárdeno. Que no fue lo fácil que se vio. Porque aquel trazo en la curva del cielo que le llegó a las tripas a Alcalá tuvo mucho de hundirse en la arena, de tragar como un perro con la belleza estética que sólo luce una figura. De sortear reposiciones y maquillar remontadas sin un ademán de sufrir. Ese fue Talavante hoy para pasear la tercera oreja en su tercera tarde en la feria. Porque el del quinto bastante hizo con estar un rato en la cara y no despenar de mano al victorino zorrón.

Esa fue la única oreja que se paseó en la tarde, porque la otra, que ya saboreaba Ureña tras la estocada con verdad, se la llevó el tercero a destazar por culpa de un descabello. También el murciano se quiso morir en esta segunda tarde, buscó la reválida en la embestida brava y fija de un cárdeno reponedor, tobillero, buscador, pero también profundo e importante cuando se le tomaba en serio la intención. Y Paco lo hizo desde el inicio, desde la forma de colocar el cuerpo para abrazar la llegada y enterrar los pies para defender su terreno. Le echó la mano diestra donde duermen los respetos y a un palmo escaso del suelo lo hizo viajar el murciano, imperioso en la propuesta, infinitamente entregado al milagro de torear.

Sintió cómo rugía Madrid con cada derechazo inmenso, con el ritmo bailador de una diestra omnipotente que se adueñaba del morro y lo fijaba al surco para encontrarlo después debajo del calcañar. Le importó poco a este Ureña de hoy, que tuvo la oportunidad de reventar el solar muriéndose por abajo con uno bravo bravísimo que le pasaba por delante licenciándolo en valor. Pero se va sin tocarle un pelo porque la estocada tendida no remató su función. Y anduvo Paco con el descabello como lo hacía sin caballos. Y eso que ahora ya tiene la muñeca de goma.

Muchas veces ha demostrado Urdiales que también él la posee, que sabe pegar naturales como el que lo hiciera mejor, pero no fue el Diego de esta tarde la mejor versión de si. Para colmo entregó la cuchara accediendo al tercer puyazo al cuarto, sabiendo que se moriría allí cualquier posibilidad de aseo. Lo que no se imaginaba es que los mismos a quien intentó complacer le soltasen una coz de pitos cuando se frenó el mulo y le bajó la persiana. No. No fue su mejor tarde hoy. Pero ninguno le dio opción a sacar la muñeca de goma.

Goma gastaron, y mucha, los camiones que pasaron por la finca de Las Tiesas, de donde salieron 13 toros para lidiarse sólo seis. Puede que tenga razón el ganadero y le echaran para atrás los cinco de mayor fe, pero hay que saber crecer con los errores de hoy, y él ya ha demostrado que lo sabe hacer con creces. Que para eso padre e hijo tienen de goma la zurda.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. 27ª de la feria de San Isidro. Corrida de toros. No hay billetes.

Seis toros de Victorino Martín, muy desiguales de presencia, trapío y tipo. Deslucido y correoso el complicado y escurrido primero; enclasado y con fijeza el templado segundo; exigente, humillador y rejoneador el bravísimo tercero, en el tipo de la casa, ovacionado; aplomado y sin entrega el deslucido cuarto; renuente y zorrón el deslucido quinto; mirón y reservón el correoso sexto.

Diego Urdiales (esmeralda y oro): leves pitos y silencio. 

Alejandro Talavante (fucsia y oro): oreja y silencio.

Paco Ureña (caña y oro): vuelta al ruedo y silencio.

 

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