LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

El peldaño de mandar

El Juli roza la Puerta Grande en un mano a mano en el que mandó de principio a fin sobre un Ginés Marín tan voluntarioso como verde para esta batalla
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jueves, 24 de mayo de 2018 · 22:08

Madrid 24-5-2018 from Cultoro TV on Vimeo.

TEXTO: MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Lo han subido todos los que han sido gente en esto del toro. A unos les ha costado más y a otros se lo han dado hecho; unos lo alcanzaron cuando jóvenes y otros a sus taitantos siguen creyendo que lo han alcanzado. Supone una diferencia sutil, pero de tal calado que de subirlo a sufrirlo sólo media una letra. La misma diferencia que existe entre los nombres Juli y Ginés. Una letra. Pero esa letra de menos está en un peldaño de más.

Desde ese peldaño contempló Julián toda la corrida, desde mucho antes de iniciar el paseíllo. Desde esa atalaya de saberse el jefe de este tinglado, el tipo más capaz de cuantos se lucran del toro. Sabe Juli que la mirada del compañero al colocarse en el paseíllo busca horadar su interior, pero se encuentra con el brillo del colmillo más afilado del toreo. Hoy en concreto es fácil que al verlo Ginés Marín pensase durante un milisegundo: “¿Quién me mandaría a mí…?”.

Y tendría razón, porque la tarde era de Julián. Sólo un gesto bastó para hacerse con los mandos, y fue durante la lidia del abreplaza. Ginés se echaba –ceremonioso- el capote a la espalda pisando terrenos de medios. Por la faja se pasó al bicho en tres gaoneras y media y salió con la ovación en el bolso, agradeciendo la buena conexión. Y allí apareció de repente Julián para pedirle que contemplase las tres chicuelinas de mano arrastrada junto al tobillo. Y allí mismo lo fagocitó. Se lo merendó sin guarnición. Y aún no había salido Licenciado…

Cuando lo hizo, con sus puntas adelante, su metro y medio de cuello, su musculada anatomía y su perfecta proporción, lo pitó con insistencia ese conspicuo sector de la afición venteña que todavía no ha comprendido que no hay mucha diferencia de que te atrape ese o uno de 700 kilos. Casi el segundo viene mejor. Pero este no los tenía. Lo que sí tenía era humillación entregada, ralentí templado y una forma de colocar la cara en la muleta de Juli que nadie hubiera apostado sólo unos minutos antes. Y se la colocó en el inicio de doblones imperiosos, trincheras gráciles y un soberbio cambio de mano de tres toques sin tocar. Prodigioso Julián, que ya no dejó que escapase Licencioso del calor de su muleta. La tarde volvía a pertenecerle a él…

Y como mandón que aún es se preocupó de que no levantase el rival la cabeza de los trapos, porque aquí se jugaba la Champions. El peldaño de mandar. Ese que aún no ha subido Ginés Marín pero tendrá tiempo de dominar, porque todo llega en esta vida. Mientras tanto, sólo nos queda esperar. A su favor tiene hoy la voluntad férrea y decidida de hacer el paseíllo para torear, pero luego nunca sale como la del año anterior. Aunque el torero del año anterior hubiera apostado más por un cuarto tan a menos que acabó aburrido, más que rajado, del trato que le supieron dar. Pudo cortarle también una oreja al cierraplaza de Victoriano del Río, aunque todo vaya directo a las clases de improvisación. Pudo, es verdad, pero con intentar el toreo y llevarse dos feas volteretas para casa puede que ya esté bien.

Porque a la tarde ya le habían conquistado el peldaño de mandar. Veinte años después, a una tarde y con el sueño roto por un quinto descordado que arruinó la ilusión. Pero ya se había muerto la tarde en esa muleta entregada a una obra singular a la que aún le siguen poniendo ladrillos. Inmenso. Portentoso. El Juli.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Décimo séptima de la Feria de San Isidro. Lleno de No Hay Billetes. 

Dos toros de Victoriano del Río, primero y sexto; dos de Alcurrucén, segundo y tercero; uno de Garcigrande, cuarto y uno de Domingo Hernández, quinto, muy desiguales de presentación y también de comportamiento. Desclasado y sin raza el obediente primero; sin entrega ni emoción el docilón segundo; humillado, repetidor y con mucho fondo el buen tercero, ovacionado; áspero y con mucha transmisión el exigente cuarto; resrvón y medidor el descordado quinto; emotivo y exigente el mirón sexto, que humilló siempre.

El Juli (marino y oro): palmas, oreja y ovación. 

Ginés Marín (sangre de toro y oro): silencio, ovación y silencio. 

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