LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Un sevillano de izquierdas

Pepe Moral malogra con el descabello lo que pudo ser una oreja a base de templar al natural al único Miura que sacó nobleza; otro hubo con transmisión para que expusiera Román y nulas opciones
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domingo, 3 de junio de 2018 · 23:03

Madrid 3-6-2018 from Cultoro TV on Vimeo.

TEXTO: MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Cuando más convulsa está la clase política que (mal)gobierna este país, y una moción de censura coloca a la izquierda en el lugar de donde la alejaron los votantes, un sevillano de negro tira de zurdas para quedarse a un paso de quedarse con Madrid. Otra vez al natural. Otra vez del corazón a la muñeca y de allí al tacto que hormiguea en los dedos. Pepe Moral –desconozco su filiación- es de izquierdas en el hemiciclo universal de la tauromaquia.

Hoy volvió a hacerlo. Por tercera vez desde aquella tarde en que acarició de verdad su Puerta del Príncipe en 2017. Hoy volvió a querer romperse enarbolando su toreo, su propuesta de siempre con el brío renovado, su pecho por delante, su vuelo al morro –hoy sólo el vuelo porque no había viaje para que pasase la muleta de la cadera- y su perfecta forma de estructurar faenas. Porque si un mérito añadió hoy el sevillano a su haber fue el de realizarle a la perfección las lidias a los dos miuras que tuvo entre las telas. Sobó al noble segundo, le rascó el fondo con suavidad y con mimo se condujo con él. Le dio firmeza al quinto, que no le valió para más que para venirse al pecho y meter miedo. Con ambos rayó a gran altura, pero se cruzó el descabello –que cogió con la derecha- para robarle el pan.

También Román intentó esta tarde, la última de sus tres contratadas, echarle el vuelo con la chota al otro que sirvió para algo, pero no era de vuelo el cierraplaza, que nada más salir se fue de visita al callejón. Con su hocico de rata, su alta cruz, su generoso pitón y su largo lomo, metía más miedo su seria expresión que su corpachón de seis quintales. Ese fue el que transmitió. Porque no sirvió para hacer el toreo. Al menos, como se entiende hoy. Cuando todo el mundo busca el ralentí, ese sexto Miura se empleó con voracidad impetuosa, con brioso ademán, pero al menos fue obediente a los toques y entregó lo más que pudo a lo que le quisieron entregar.

Ni lo más ni lo menos pudo entregar un Rafaelillo que, harto como está de matar miuras, tendrá bien presentes a las dos prendas que se llevó hoy. Cualquier parecido con la entrega, el toreo o al menos una opción de que apareciesen era un ejercicio de futilidad. Y lo peor es que el público no se acordará de nada fuera del tremendo golpazo que le arreó el primero al matar. Pero eso queda ya muy lejos.

Lo que está más cerca, tanto como lo estuvo la oreja de Pepe Moral, es el gobierno de la izquierda que enarbola el sevillano, al que le da igual que esté delante un pupilo de Zahariche. Y si vemos la propuesta de las tres miuradas de primera no ha variado un ápice su forma de sentir el toreo. Porque el toreo, cuando se siente, es más de izquierdas que Marx. Pero, ¿quién se lo explica a los que no lo entienden…?

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Vigésimo séptima de la Feria de San Isidro. Corrida de toros. 22.597 espectadores. 

Seis toros de Miura, escurridos de carnes, desiguales de presentación y disparejos de tipo. Sin raza ni entrega el zorrón primero, pitado; con cierta nobleza y fondo el afilado segundo; reservón y medidor el correoso tercero, aplaudido; duro y reservón el complicadísimo cuarto; defensivo y descompuesto un quinto sin opción; exigente pero agradecido el áspero sexto, ovacionado.

Rafael Rubio “Rafaelillo” (azul rey y oro): silencio tras aviso y silencio. 

Pepe Moral (azul noche y plata): ovación tras aviso y silencio. 

Román (sangre de toro y oro): silencio tras aviso y silencio. 

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