LA CRÓNICA DE SANTANDER

Un extremeño despeinado

Miguel Ángel Perera corta tres orejas que pudieron ser cinco en un mano a mano en que El Juli trabajó el trofeo paseado ante una desigual corrida de Domingo Hernández y Garcigrande
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jueves, 23 de julio de 2015 · 23:36

 "A la gente le gusta ver a las figuras, pero les gusta más aún verlos despeinados". El comentario me lo hacía hoy en el tendido uno que sabe lo que dice. Que lo sabe de verdad. Por eso lo atinado de su razonamiento. El público vibra con el toreo cuando llega, pero necesita la emoción que hace grande esta fiesta, y se mete en las faenas cuando lo que en ellas ocurre no aparenta tanta facilidad.

Hoy se despeinaron dos figuras en Santander para que Cuatro Caminos comprobase que no llega uno a mandar sin motivos. Y para que comprobase este tendido que un torero que se busca tarde o temprano se encuentra, aunque sea despeinado. Y hoy se encontró Perera.


 

Lleva Miguel arrastrando esta campaña las excelencias de la anterior, porque cuesta mucho vivir con el ansia de alcanzar ese nivel tan adictivo para un tío con ambición. Tuvo que ser Santander, mano a mano con El Juli y con una de Garcigrande cuando se encontró Perera con el tío que quiere ser. Y mostró sus dos versiones, porque tuvo trazo largo larguísimo con los tres toros que enlotó; embarcando en la inercia de la distancia al segundo, el que menos duró de los tres, pulseando a uno por hora al cuarto, saboreando los trazos del toro de más clase del festejo, y consintiendo las vencidas por dentro del genio del sexto, animal de disparo e importancia que también se entregó al carrusel cuando lo embarcó Perera.

Largo toreó con los tres, pero se despeinó con el cuarto para levantar al tendido haciendo que merendase pitón la talega ciruela y oro. Porque fue sincero, seguro y tremendamente valeroso el arrimón del extremeño cuando se despeinó entre las astas de una corrida que tuvo presencia para Santander. Por dentro, por fuera, por delante, por detrás, al derecho y al vies; por los lugares más insospechados se pasó Miguel las astas sin enmendar posición ni descomponer postura. Y cuando paseaba las orejas, una en cada mano como es su costumbre, el despeinado Perera volvió a sonreír.

También lo hizo El Juli con el trofeo del quinto, pero no se antoja premio suficiente una oreja para un torero con tanta ambición. Y lo cierto es que mereció más el madrileño, que se abandonó al trazo con el primero sin que tuviese transmisión un trasteo casi perfecto con el embestidor animal.Es lo que tiene la perfección, que a veces se confunde con facilidad; fue de exquisita técnica el trasteo con el tercero, animal de buen fondo y duración justa con el que se rompió Julián sólo en una serie diestra, arrastrada y mandona, ligada y mecida tras la que salió apretando el diente; y fue un toma y daca constante la pelea de Julián con el geniudo y enrazado quinto, que apuntó y disparó cuando tuvo oportunidad a la firmeza imperiosa de un Juli arreado que no veía la forma de arrancarle las orejas al ejemplar de Garcigrande. Pero no siempre el destino dispone las fichas como uno quiere.

Hoy se las colocó a Perera, que se despeinó buscando libertad para asentar su momento y se fue con tres orejas en tarde que midió en cinco. Lo necesitaba el extremeño, que está mejor despeinado para lo que queda de temporada.

FICHA DEL FESTEJO 

Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Feria de Santiago, quinta de abono. Casi lleno en los tendidos.

Toros de Garcigrande y Domingo Hernández. De calidad y corta duración el primero, enclasado y con temple pero con poca duración el segundo, de buen fondo y raza justa el tercero, desclasado pero repetidor con fijeza el cuarto, complicado y con genio el quinto, exigente y con disparo el sexto.

El Juli (verde botella y oro): Silencio, palmas y oreja

Miguel Ángel Perera (ciruela y oro): Oreja, dos orejas y ovación


 

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