LA CRÓNICA DE SANTANDER

Una apuesta sólo del tieso

Fernando Rey pasea una generosa oreja ganada con las telas y perdida con el acero la tarde en que ni Morante ni Talavante apostaron a la corrida de Juan Pedro que habían elegido
Por 
sábado, 25 de julio de 2015 · 23:56

Vaya por delante que un torero, como artista que es, no tiene por qué estar en el momento de crear cada vez que se viste de luces a en punto la hora. Vaya por delante que el toreo, como manifestación artística, necesita de un proceso creativo en el que deben reunirse múltiples materias primas para cuajar en leyenda. Casi nunca sucede, por cierto. Por eso son tan pocas las leyendas del toreo cuando descartas las anécdotas.

El colofón de Santander no pasará de anécdota en la leyenda de Morante, que se encontró con un semoviente congestionado y encogido, con ganas de echarse siempre, y un inválido que debió volver a corrales y le regaló la presidencia al sufridor de Santander para ahorrarse un sobrero. Con ninguno apostó José Antonio, que fue prólífico en gestos y negaciones pero nadie acierta a recordar un capotazo bien armado o un muletazo con encaje.

A tres cuartas del sitio quedó un Talavante que anda sobrado de recursos para enjaretar a los dos bichos que le tocaron pero ni hizo ademán de tirar de ellos para pasarles por encima. Al tercero le dio encaje con el capote, y hasta decisión para lancearlo, pero entre el viento y la descompuesta cara suelta le quitaron la intención de armar faena. Peor fue con el quinto, cuyo bruto ademán y deslucido fondo le quitaron al Tala las ganas de torear. No era hoy la tarde de apostar para él, y no lo hizo.

Con este panorama de toros tan bellos como inválidos quedó Fernando Rey para tomar la alternativa. Con los dos toros de más movilidad del encierro de Juan Pedro, sí, pero también con más apuesta. Fue de toreo con el abreplaza, lanzando muleta y muriendo tras el vuelo como quien no tiene más en el mundo que cuajar aquella tanda. Sin una estridencia, sin urgencia ni prisa, sólo trazando como mejor supo y pudo en cada muletazo. Sí las tuvo con el sexto, cuando el pinchazo en el primero -del que salió despedido y no herido de milagro- provocó la necesidad de la oreja. La necesitaba Fernando para llamar a las puertas, para gritar que está vivo y quiere seguir estándolo en un sistema que premia la abulia muchos días al año porque no se sabe cuándo va a venir. 

Hoy apostó el toricantano la vida y el futuro porque no tiene más. Hoy apostó el tieso, que se llevó una oreja en tarde de no pasear con pelo porque supo meterse en el alma de una plaza harta de mitos. Hoy se demostró en Santander que es necesaria la savia nueva, porque ya le empieza a agriar el olor a la que tenemos desde hace dos décadas.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Feria de Santiago, séptima y última de abono. Casi lleno en los tendidos en la tradicional corrida de la beneficencia.

Toros de Juan Pedro Domecq y Parladé (quinto y sexto), correctos de presencia y de buena hechura y tipo. De buen fondo y clase el buen primero, humillado y sin viaje, congestionado pronto el segundo, descompuesto y de cara suelta el tercero, un inválido el castaño cuarto, bruto y deslucido el quinto, de movilidad sin clase el sexto.

Fernando Rey tomó la alternativa con Escritor, un colorao número 131 de 567 kilos y nacido en diciembre de 2010.

Morante de la Puebla (Verde hoja y oro): Silencio y silencio

Alejandro Talavante (Marino y oro): Silencio y pitos

Fernando Rey (Blanco y oro): Silencio y oreja

 

 

FOTOGALERÍA: JUNIOR FOTO



Galería de fotos

Comentarios