SEVILLA

Borja Jiménez y José Garrido, príncipes baratilleros

 

domingo, 1 de junio de 2014 · 00:00

Han cumplido su sueño. Todo lo que venía rondando su mente desde que su niñez viera por vez primera una Maestranza repleta de ilusoria afición les ha llegado de sopetón, y por justicia, a Borja Jiménez y José Garrido en su debut maestrante. Abandonaron en imagen histórica la Puerta de los valientes de frente a un Guadalquivir que los despedía con un ¡hasta luego! que no debe andar lejos. Se iban sonrientes, cual jóvenes que han culminado una etapa convenciendo por derecho a una afición que merece más de éstas. Todo lo hicieron en torero latarde en que un príncipe sevillano empató la partida a otro gallo extremeño que le plantó cara a base de valor seco, exposición y entrega premiadas con la valentía de los que saben esperar y templar sus carreras. Hoy han llegado a su culmen.

Bravo fue el segundo, al que recibió a portagayola Borja Jiménez y con el que mostró su mejor versión ante la afición maestrante. No dejó en casa nada en su debut sevillano, templando al animal desde el primer momento. Gracias a su disposición pudo lucir la condiciób brava del de Ricardo Gallardo. Todo lo hizo a gusto el novillero y, sobre todo, a merced de la excelente condición del utrero: le dio distancias, templó sus boyantes embestidas y supo ejaretar tandas por ambos pitones que enamoraron los tendidos maestrantes. Mató de estocada y recibiño de forma unánime las dos orejas sin que el novillo fuera atrrastrado con honores por la negativa presidencial.

Su triunfo lo redondeó en el quinto, al que de nuevo le arrancó un trofeo a base de entrega absoluta de novillo y novillero: cumbre de torería y temple que se ganaropn, en un punto más, a la afición hispalense a base de un toreo profundo , sobretodo por le pitón izquierdo. Lo recibió de forma brillante a la verónica y, tras exponer con el capote, el tendido se percató de la obra que pretendía culminar el debutante.  Grandes naturales y grandes olés los ofrecidos por la ciudad.

José Garrido volvió a mostrar la disposición que Madrid pudo disfrutar en su comparecencia isidril para salir a hombros por la Puerta más gran de de la que puede presumir Sevilla. Su primer novillo tenía transmisión pero necesitaba de una cabeza pensante en su frente, y quizá la lógica taurómaca del extremeño fue la concepción ideal que pudiera encontrarse el de Fuente Ymbro ante sus pitones. Hundió la muleta hasta los anales del albero maestrante y, en tandas por ambas manos, logró convencer a la afición capitalina. Sin duda que los momentos más importantes de su  actuación de peso llegarían por el pitón izquierdo, con el que se mostró totalmente entregado a la calidad del de Gallardo. Tras dejar una gran estocada, fue premiado con el merecido trofeo.

En el sexto supo, como valiente gallo de postín, plantarle cara al guante que el paisano había tirado entre sus gentes. Le cortó las orejas de la gloria, sabiendo esperar el momento perfecto para ofrecer el sí quiero del que cada muletazo era partícipe. Sonó Sevilla de verdad, se impuso la esperanza de los valientes que saben esperar el cite perfecto y José Garrido, el valiente del que Sevilla esperaba más, dio ese puntito por conseguirlo doblemente. Su toreo de capote marcó la pauta que el aficionado quería ver: galleó para llevarlo al caballo y sonó la música en el excelso quite. Se desmayó cuando vio en sus manos la franela y la condición del novillo cierraplaza, sacando su mejor versión al natural y enamorando de nuevo los tendidos maestrantes en toreo de cante grande. Todo lo hizo a gusto y todos los tiempos los marcó a conciencia el extremeño, que rubricó su sueño con una estocada que le valió la del Príncipe.

Fernando Beltrán pasó de puntillas con su primero, al que recibió de forma brillante a la verónica y con el que dejó detalles de corte torero sin remate. Le faltó toreo fundamental al trasteo, por lo que Sevilla no aprobó la labor del joven. Con el cuarto fue ovacionado, un novillo que despertó en los primeros tercios pero que se vino abajo en el decisivo, que no la iluisión de Beltrán. De nuevo los detalles plasmaron la actitud del novillero, pero de nuevo Sevilla no le dio el aprobado. Tan sólo una ovación en tarde de príncipes que hicieron realidad lo que un día soñaron. Y lo consiguieron.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de La Maestranza. Novillada de abono.

Seis novillos de Fuente Ymbro, bien presentado y de excente juego, destacando el bravo segundo, la calidad a más del tercero, el encastado pero exigente quinto y la también bravura del sexto.

Fernando Beltrán, silencio y ovación.

Borja Jiménez, dos orejas y oreja.

José Garrido, oreja y dos orejas.

Borja Jiménez y José Garrido abandonaron La Maestranza por la Puerta del Príncipe.

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