LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Un siglo de involución

Un siglo. Cien años de evolución en el toreo para ver cómo salen entre almohadillas los toreros de una plaza después de jugarse el pescuezo con los que provocaron los pitos, con un tío en la enfermería casi retirado de su profesión y aclamando la fiereza como la máxima expresión de la emoción en una plaza. Igual que a principios de siglo, cuando José y Juan lidiaban sobre las piernas al toro sin seleccionar. Con una diferencia: este tiene 600 kilos y aquel era un becerrote.

viernes, 6 de junio de 2014 · 00:00

"Esto es la casta", decían por los mentideros los bravucones del foro apretándose el gintónic. "Esta gente me da miedo", pensaba yo para mis adentros al contemplar el fervor febril con que ovacionaban al accidente. Un fallo, un error. O más bien dos. Porque el quinto es el desecho en un tentadero de Victorino. No por su dureza, sino por su falta de toreabilidad. El sexto también, pero tuvo menos poder. Los dos llenaron las bocas con la emoción y la casta, pero no hay diferencia entre lidiar un león o cualquiera de los dos.

Lo sabe el viejo zorro Victorino y lo sabe todo el clan, porque de conocimiento guardan un saco por cabeza para saber el toro que quieren, el que seleccionan y miman. Y también el que no vale. No valió ese mulo quinto de abierta pala, bruta arrancada y violento topetazo al llegar al peto, que regaló frenazos y reposiciones antes de llegar al embroque, del que nunca quiso pasar. Se agarró al suelo la prenda y pidió cojones, pero estaba Ferrera delante. Eso, y sólo eso evitó una tragedia en el ruedo. Antonio se fue a morir con el bicho porque no consiente que le tosan y tiene muleta y cuerda para castigar al que protesta. Casta dicen que tenía el bicho montado y alto que no descolgó ni dos dedos porque nunca le dio entrega, ni empleo. Lidia sobre las piernas la del extremeño avezado, con la muleta en las costillas para que se doblase la prenda, como lo hacían José y Juan hace ahora un siglo. Sin conseguir una arrancada de esta centuria. Sólo amenazas bravuconas con poder hasta en su trance muerte, para ensartar sin contemplaciones al puntillero arrancando desde el suelo. Y Ferrera entre pitos con un peón en el hule. Lo que hay que aguantar.

Antes se había fajado con un cárdeno de poco empleo, llegada dormida e incierta que había que tragarle para que completase el viaje. Vibrante fue el tercio de banderillas por la espera del animal, la corta arrancada luego y la exposición de Antonio para llegarle a la cara. Trasteo de entrar y salir para que morrase el toro, de arrancarle muletazos muy cruzado, muy de vuelo, muy de verdad pero sin ligazón. Trasteo de profesionales, de veterano con valor y recursos para venderlo.

Tiene menos Aguilar con su visible cojera, pero le sobran arrestos para clavarse en la arena. Así se lo demostró a ese tercero de doble cara que tardó nada y menos en recordar lo que dejaba. Toro para la muleta que mintió en varas arrancándose de lejos para no apretar, que rebrincó su llegada en los primeros percales y frenó su viaje en los últimos, a pesar de la gran brega de Rafa González. Toro vibrante y a más en los doblones del inicio, toreados, crecidos de un Aguilar que veía al Victorino bueno, el que va para adelante. Fueron tres tandas buenas de muleta poderosa ante el poder del toro, de conjunción perdiendo pasos para ligarle las inercias humilladas que llegaban ligeritas y con mucha transmisión. Y, de repente, la noche. Porque recordó el toro que se dejaba detrás la figura de turquesa, y aprendió que podía hacer carne dejando de correr tanto. Ahí se acabó la faena. Justo cuando se acabó la toreabilidad.

Es esa la virtud que distingue a los toros de las fieras, y por eso se escogió a este animal como totem para el rito. No la tuvo el sexto, que tampoco tuvo poder, y abrevió el trasteo Alberto lidiando sobre las piernas al que volvía sobre las manos.

Fueron los dos de Uceda los que más se asemejaron -lejos de la transmisión habitual- al Victorino común. Entipado el primero, de apretada hechura, prominente morrillo y cornipasa sien, que empujó en el caballo sobre el que iba Iturralde. Toro de enclasada llegada y escaso espíritu para redondearse en el trazo, que necesitaba cedido un paso para repetir con constancia. Le pitaron el paso perdido a Uceda, el que le dio la toreabilidad al reponedor victorino que pareció menos fiero por colocarle el paño. No se confió con el quinto el torero madrileño, como no sudó siquiera para pasarlo por el trapo en liviana función. Y despenarlo de una estocada de perfecta ejecución.

Un siglo de involución ovacionó Madrid con el quinto. Jaleó el toro de antaño y pidió lidia de hoy, olvidándose de los cánones, las leyes calladas y las mil y una mandangas que gritan con emoción. Porque hoy vieron una lidia que se pintaba en blanco y negro, pero están acostumbrados a ver el toreo en color. El que se hace con el toro seleccionado y adecuado para alcanzar la perfección. Y uno de los que mejor lo han hecho es el ganadero de hoy. Que dirá lo que quiera o lo que más le interese, pero sabe que esa fiebre la provoca un accidente. Y mirará los cuatro toros que dieron su lidia en color.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, vigésimo octava de abono. Lleno en los tendidos en tarde veraniega y agradable. Seis toros de Victorino Martín, bien presentados y variados de tipo. Noble y de rectilínea arrancada el primero, a menos; bronco, exigente y sin entrega; vibrante y de rápido aprendizaje el tercero; soso y a menos el cuarto; agarrado al ppiso, sin entrega y sin pasar el duro quinto; duro de patas y sin poder.

Uceda Leal (azul noche y plata): silencio y silencio.

Antonio Ferrera (ciruela y oro): silencio y pitos.

Alberto Aguilar (turquesa y oro): ovación y silencio.

PARTE MÉDICO de Alberto Aguilar:

"Herida incisa en región gemelar izquierda.Puntazo en eminencia hipotenar mano derecha. Pronostico leve que no le impide continuar la lidia." Fdo. Dr. García Padrós.

PARTE MÉDICO del subalterno Manuel García Rubio:

"Herida por asta de toro en región perineal, con orificio de entrada y salida, con una profundidad de 15cm, que alcanza el pubis y contusiona uretra y recto. Luxación de rodilla derecha, con rotura de ligamentos cruzados anterior y posterior y ligamento lateral interno. Es intervenido quirúrgicamente en la enfermería. Se realiza la reducción de luxación de rodilla e inmovilización de la misma. A cargo de la fraternidad, se traslada al Hospital Virgen del Mar. Pronóstico grave." Fdo. Dr. García Padrós.

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