LA CRÓNICA DE ZARAGOZA

Modelar con cal viva

Rafaelillo corta una oreja por lo criminal con una costilla rota y hombría para hacer frente a un criminal de Adolfo, cuya corrida se llevó las opciones de Paulita y Ricardo Torres
viernes, 16 de octubre de 2015 · 21:48

 

A quien pregunte por qué no se apuntan a estos hierros los que pueden elegir lo que matan les invitaría a ver la corrida de hoy en Zaragoza, o la de Otoño en Madrid. Allí hallarán la respuesta, que no es otra que la dificultad –imposibilidad- que entraña modelar con cal viva. Tiene ésta, en un principio, parecida apariencia que el yeso, pero al añadirle el agua echa humo de tal forma que puede producir quemaduras químicas. Hoy echó tres de ese pelo, y otros tantos en Madrid. Y para que salga el bueno –uno hubo en cada festejo- tienes que correr el riesgo de enlotar el que no sirve. Y, ojo, ese no es el que te quiere quitar el cuello, sino el que no te quiere ni coger. Ese le tocó a Ricardo Torres.

Fue cal viva la cárdena mirada del Adolfo cuarto con el que se jugó el cuero Rafaelillo. Fue fuego en el inicio encajado y mecido a la verínica en el que se sintió el murciano con la embestida lenta, que pareció templada y resultó ser zorrona. Eso lo enseñó después el mentiroso funo, cuando se quedó en el embroque y repuso antes de embestir, haciendo pasar un ratito a uno de los más avezados en alimañas aviesas. Por eso, por avezado, supo Rafael pegar el zapatillazo, ayudar la muleta con el simulado y abrir el trazo tanto que se sintiera obligado el mentiroso burel a perseguir objetivo. Pero le duró poco, porque era cal viva la intención del gris y fuego puro la del murciano, que se fajó con redaños hasta recibir la paliza. Por la corva lo cogió el Adolfo, por donde trincan los grises, para darle fuerte y flojo en dramático volteretón. Con los huesos magullados se levantó Rafa hecho un pingajo, pero pingajo y todo le sopló un sopapo certero para pasear un orejón. Ya curará las quemaduras que le produce la cal, pero no estará la recompensa –por suculenta que sea- a la altura del esfuerzo.

Tampoco Paulita rentabilizará la tarde después de verse pitones visitándole talega con el mansurrón tercero. Y aún tuvo que soportar algún pito del que entiende eso por casta e interpreta esa mentira como la verdad absoluta. A los dos los toreó de capote con primoroso trazo el maño pintón, pero fue lo más lucido de lidiar con la cal viva a base de echar trapo zurdo, ofrecer la línea recta, amarrarse al piso con valor y esperar que no quemase cuando provocó con la diestra el más que avieso pitón. No fue limpio el trazo, entonces, con ese sexto sin alma, pero fue sincero, entregado y puro. Por eso se llevó una ovación.

Otra saludó Ricardo Torres, trece años después de su última vez en su Feria, por andar con dignidad y decoro con el peor de los seis. Fue el quinto de los adolfos, que ni para cogerlo tenía voluntad. Se guardaba el peligro en sordo para ser cal viva con impresión de liviano yeso, porque le faltaba poder y le escaseaba la raza para le viesen el mal fondo. Cierto es que también pechó con el bueno, ese segundo repetidor, humillado y serio en cada arrancada para el que necesitó más rodaje y más tardes para cuajarlo hasta el final. Media faena cumplió el maño con entregado y bello trazo, pero confió su buena suerte al fondo del Adolfo gris, sin recordar que era cárdeno aquel y, por tanto, de intolerancia al error.

Por eso, por ser cal viva, no se mata lo de Adolfo entre el que puede elegir, y se vende como gesta enfrentarse a una de estas, porque modelar con cal viva ser hace una vez como gracia, pero cuando te ves las manos negras no quedan ganas de más. A no ser que no te quede otro remedio…

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de La Misericordia, Zaragoza. Sexta de la Feria del Pilar. Corrida de toros. Más de dos tercios de entrada.

Seis toros de Adolfo Martín, desiguales de presencia. Bobalicón sin clase ni espíritu ni poder el primero,  codicioso, humillado y serio en su embestida el buen segundo, reponedor y a la caza el orientado tercero, complicado y sin pasar del embroque la prenda cuarta, agarrado al suelo y remiso el manso quinto, soso y sin entrega el deslucido sexto.

Rafael Rubio "Rafaelillo” (tabaco y oro): ovación tras aviso y oreja. 

Ricardo Torres (verde menta y oro): silencio y ovación.

Antonio Gaspar "Paulita” (negro e hilo blanco): silencio tras aviso y ovación tras aviso.

 

FOTOGALERÍA: PLAZA DE TOROS DE ZARAGOZA

 

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