FINAL LA MÉXICO

La confianza de El Payo le abre la puerta grande

Diego Urdiales malogra con la espada dos labores de tremenda seriedad y Pizarro deja su torería ante un desigual encierro de Barralva
domingo, 29 de noviembre de 2015 · 21:52

El Embudo de Insurgentes registraba expectación en el Distrito Federal para asistir a la segunda tarde de Diego Urdiales tras su triunfo en la confirmación, además de comprobar el estado de El payo en una reaparición esperada tras sus problemas de salud. Federico Pizarro era el encargado de abrir cartel con una corrida de Barralva esperando en chiqueros.

Con mucha quietud y sabor se clavó en la arena Federico Pizarro para saludar a pie quieto al primero, con dos chicuelinas y una revolera con mucho sello. También lo tuvieron las gaoneras del quite, arrebujado en el remate para no ceder un palmo. Con un cambiado tropezado inició de muleta, rehaciéndose con habilidad y torería antes de ofrecerla muy suave por abajo, sin forzar la embestida ni la repetición de un toro de transmisión escasa. Sereno y aplomado trazó con la zurda, sin prisa para ligar ni para terminar los pases, con el poso de un veterano que torea para sí. Quiso desmayarse ya con la diestra en el epílogo, pero resultó desarmado inoportunamente antes de aprovechar con serena parsimonia la docilidad del animal. Faena larga, con algunos altibajos, coronada con una estocada corta muy tendida y premiada con una ovación.

Excelente fue el saludo a la verónica de Diego Urdiales al segundo, toro que le humilló la suavidad del percal al riojano. Tuvo celo en el peto el animal, que se arrancó con chispa en las chicuelinas a las que les imprimió personalidad Urdiales. También lo hizo con las trincherillas del inicio, con el toro arrancándose con informalidad hasta que se la echó Diego a la zurda para ponerse de acuerdo con el escaso fuelle del animal. Tuvo que tirar de técnica y de valor el riojano para quedarse siempre muy puesto y extraer con pureza los naturales de uno en uno, muy seguro en la colocación y en la propuesta. También con la diestra tuvo sabiduría Diego para meter en cintura al de Barralva, con más contenido que brillo en un trasteo muy personal y siempre a más. Pinchó en la suerte suprema y escuchó silencio.

Monumental Plaza México, Corrida del 29-nov-2015 from Suerte Matador TV on Vimeo.

Salió descompuesto en sus ademanes el cárdeno tercero, esperando con informalidad incierta en cada arrancada e impidiendo el saludo lucido de El Payo. Fue tremendamente segura la actitud del queretano, que supo consentir las informalidades del de Barralva confiando siempre en el toque. Sin un desaire, sin un destemple, ofreciendo siempre tersura en el trapo y seguridad en el trazo desde los torerísimos doblones de toque preciso con que inició la faena hasta el toreo profundo y templado con la diestra con que puso el epílogo, siempre sin una prisa. Encajado Octavio, sintiéndose torero en cada cite, tiró de valor para asentarse en los embroques y de conocimiento para ganar o perder el paso en favor del viaje del animal. Muy despacio y muy derecho cobró la estocada para dejarla desprendida y pasear una oreja.

Con muy poco espíritu se arrancó el cuarto al capote de Pizarro, que intentó sin éxito estirarse a la verónica con un animal que trotaba en lugar de galopar. Empujó el toro con más riñón que ímpetu en el caballo. Tuvo torería y elegancia el inicio de doblones a un toro que embestía en línea recta y sin rebozarse en el engaño. No fue fácil hacerse con el animal, gazapón, pegajoso y tobillero, que llegaba descompuesto y no terminaba de irse de la muleta de un Pizarro sereno y profesional que no perdió los papeles ni la intención. Porfió el mexicano sin que rompiese el trasteo y su atasco con la espada no le permitió pasar del silencio.

Complicado fue el castaño quinto desde que salió de chiqueros, porque humilló sin entrega y sin pasar de los embroques en el percal de Urdiales, inédito en el saludo capotero. Se agarró con brillantez el picador Carlos Domínguez ante un animal que tuvo celo y riñones en la cabalgadura. Bregó con paciencia Diego en el inicio para escarbarle el motor y moldearle el ímpetu a la transmisión del castaño, que tuvo fijeza que aprovechar. Con gran verdad le echó el pico abajo el riojano, metió al pecho el mentón y le puso decisión y valor a la quietud templada que siempre demandó sometimiento. Exigió el de Barralva para que sacase Diego su gran sentido de la lidia para ponerlo al servicio del toreo puro y sincero. Esperó la llegada, dormida en ocasiones, giró talones con sutileza y quedó colocado para ligar con garra y seguridad. Macizo al natural ante la importante arrancada con la que se hizo Urdiales sin ceder un ápice. Gran faena la de Diego, al que se le fue la mano abajo con la espada, perdiendo toda posibilidad de premio.

Un salto al callejón fue la tarjeta de visita del sexto antes de embestir muy por abajo, pero parando tras cada arrancada en el percal de El Payo. Tremenda la quietud de El Payo en el inicio de estatuarios, haciendo rugir La México en los primeros compases. Muy asentado, hundido en la arena, se dedicó a trazar Octavio con la seguridad templada de quien se siente superior. Y lo fue el mexicano a un toro descompuesto que nunca quiso repetir ni rebozarse en la muleta que le ofrecía El Payo cada vez más ralentizada y entregada. Valor sincero en el toreo a diestras, sin perder un paso ante la revuelta descompuesta y sin franqueza, confiando en la colocación y en el sitio conquistado al animal. Incluso llegó a prenderlo el de Barralva sin consecuencias, sólo para que le acortase las distancias y llegase la espectacular voltereta. Con molinetes firmó el final, y con una media tendida rubricó la obra para pasear la oreja que le faltaba para abrir la puerta grande, aunque se negó a salir en hombros.

FICHA DEL FESTEJO

Monumental Plaza México. Temporada Grande. Séptima corrida. 

Toros de Barralva, justos de prsencia. Manejable sin transmisión el dócil primero; informal y sin transmisión el segundo; informal y descompuesto el tercero; gazapón, tobillero y descompuesto el cuarto; emotivo y con transmisión el quinto; humillado pero sin franqueza el exigente sexto.

Federico Pizarro (gris perla y oro): ovación y silencio tras aviso.

Diego Urdiales (verde botella y oro): silencio y silencio.

El Payo (turquesa y plata): oreja y oreja.

Saludó Gustavo Campos tras banderillear al cuarto.

 

FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ

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