LA CRÓNICA DE LA MÉXICO

Poso de Aguilar y voluntad de El Zapata

Para la corrida décimoquinta llegaban los tgoros de Javier Garfias a la Plaza México, con un cartel vistoso en el que El Zapata, El Fandi y Mario Aguilar buscaban el triunfo.
domingo, 1 de febrero de 2015 · 23:28

Con una ovación para El Zapata rompió el paseíllo, con El Fandi y Mario Aguilar compartiendo la primera ovación de bienvenida. Nadie tocó pelo, acabado el festejo, pero estuvieron más cerca los mexicanos, enlotando el español el único toro con posibilidades del encierro.

Paletón y alto era el primero de la tarde, con más presencia que armonía en las hechuras. El Zapata lo recibió con una larga cambiada en el tercio antes de andar listo para perderle pasos en el recibo de lances a la corta arrancada del de Garfias. Largo se vino al caballo en buen puyazo de César Morales, que terminó por darle duro al animal y saludar desde el tercio. Por crinolinas quiso quitar Uriel sin mucho éxito, y tampoco en banderillas pudo superar el tardeo del toro y su cortísimo viaje. Ese defecto lo acusó más en la muleta, donde le punteó el engaño, le echó la cara arriba y pasó sin entrega ni afán ante la voluntariosa tela de El Zapata.Tuvo paciencia, sin embargo, para arrancar algunos derechazos de cierto son, aprovechando las escasas virtudes, pero no tomó vuelo la labor del tlaxcalteca. Muy despacio se tiró a matar para dejar una estocada trasera muy efectiva.

Distinto fue el cuarto en tipo, caja y comportamiento, porque le duró poco el galope de salida y sí, por contra la falta de celo en los primeros tercios que obligó al Zapata a bregarlo por abajo. Derribó el toro en el penco con estrépito y se quiso ir de la suerte en las navarras que quiso ejecutar el mexicano. Mucha exposición tuvo el par monumental del Zapata, esperando mucho la llegada dormida y el tornillazo final en el embroque. Brindó a El Fandi y sacó valor para aguantarle la llegada dormilona y sin entrega que nunca quiso pasar del embroque ni humillar las llegadas. Puso voluntad Uriel y no se aburrió nunca, pero no llegó el acoplamiento con el cárdeno en una labor de más contenido que premio.

De pregonada cuerna y escaso perfil era el segundo de Garfias, lleno en la caja, largo en los cabos y frentudo por delante, muy en la línea Saltillo, y supo El Fandi caminarle para atrás para ir alargándole la voluntad de galopar a un toro que no lo hacía de saida. Tuvo cierta brusuedad que impidió al granadino brillar en las chicuelinas del quite, por eso le pegó un segundo puyazo con la esperanza de que se atemperase. Bello fue el quite por delantales de Mario Aguilar. Espectacular fue el tercio de banderillas que firmó David, marca de la casa, con una moviola, un cuarteo y un violín que hicieron vibrar a La México. Muy bueno fue el inicio cuando desistió del toreo de rodillas en los medios y lo sacó hacia afuera a base de suavidad, media altura y mucho gusto para dibujar los muletazos, que no exigían aún. Poco a poco le fue rascando el fondo Fandi a la calidad del animal, transmitiendo más cuando las tandas llegaban más largas, sacrificando el primer muletazo para embarcar desde el segundo la lenta clase del toro. Muy trasera quedó la espada y en silencio concluyó su labor.

Echó las dos rodillas a tierra El Fandi para lancear al feo quinto, pero apen


as dos verónicas le duró la voluntad al de Garfias, que se desentendió de trapos y luego se arrancó largo al caballo. Buscó el granadino la vistosidad de las navarras en el quite y la vibrante variedad de sus facultades baderilleras. Pero no fue este lo mismo que el que indultó el mes pasado El Fandi en esta plaza, y le volvió sobre las manos, repuso y buscó los tobillos, haciendo que abreviase el torero español, aunque se atascó con el descabello y el público se impacientó.

 

Al tercero le costó lo suyo acudir con ritmo al capote que le mostró con mucha decisión Mario Aguilar para el recibo y que tuvo que manejar luego para bregar ante la renuencia del astado. En el suelo se clavó luego para darle importancia a las tafalleras del quite. Y fue toro importante el animal en la muleta. Importante, que no fácil, porque exigía el error escaso y la cabeza muy presta para apuntalar y trazar casi en el mismo gesto. Y eso es, muchas veces, lo que diferencia al buen torero de la figura. Pero mérito tuvo la faena de Aguilar, que dibujó con gusto, asentó el talón y confió siempre en su oficio y en su poso, pero no acabó de llegar la comunión completa con el feble toro de Garfias, que no tenía clase ni gracia. Con mucha fe entró a matar para dejar un estoconazo tendido pero letal.

Al sexto se empeñó Mario Aguilar en torearlo con el capote, y tuvo más enjundia que continuidad el toreo de capa del hidrocálido, que aprovechó el corto viaje del de Garfias para dejarle algunos delantales de mucho mimo y gran fe. Con alfileres estaba cogido el animal, por lo que tuvo que ejercer de mimoso enfermero Aguilar con el feble astado, que agradecía la distancia y el tiempo entre tandas, pero no era suficiente para que entrase el trasteo en transmisión. Faena de gran técnica, de buena disposición y voluntad sin ninguna duda, pero faena de más calado profesional que en el tendido por las complicadas condiciones de un toro sin raza. Hasta una voltereta se llevó el mexicano en la porfía, que alargó en exceso por su ansia de enseñar sus armas.

FICHA DEL FESTEJO

Monumental Plaza México. Temporada Grande, decimoquinta corrida. Toros de Javier Garfias, correctos de presentación. Tardo y sin viaje ni afán el deslucido primero; de buen pitón derecho y buena clase el segundo; profundo pero feble el desclasado tercero; deslucido y sin entrega el dormido cuarto; deslucido y reponedor el quinto; de muy feble condición el sexto.

El Zapata (nazareno y oro): palmas y pitos. 

El Fandi (barquillo y oro): palmas tras aviso y silencio tras aviso.

Mario Aguilar (púrpura y oro): palmas y palmas.

FOTO: AL TORO MÉXICO

 

 

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