LA VISIÓN DE ANDREA - MEDELLÍN

Corto pero sentido

Aunque los de Achury nos invitaron a soñar con algo más, la corrida de anoche no dejó ningún vacío
sábado, 7 de febrero de 2015 · 16:01
Diego Ventura demostró que tiene una cuadra completa y poderosa. Silencio en el primero y una oreja en su segundo, (cuarto bis). A "Condeso" lo cambiaron porque... porque quisieron y ya, no hay que darle más vueltas. Tres rejones de castigo exagerados pero "Alfarero" aguantó, la plaza se emocionó y todos felices.
El antioqueño Sebastián Ritter se llevó el lote más complicado del encierro. En el primero estuvo valiente aguantando las miradas de "Cautivo". En el sexto, tal vez unos doblones al inicio de faena hubieran permitido que el resultado final fuera diferente pero con apenas un año de alternativa su toreo convence y permite confiar en que tenemos torero para el futuro. Silencio en ambos.
Iván Fandiño se reencontraba con una plaza en la que lo quieren y él se siente a gusto así que tras la salida de "Campesino" llegaron unas verónicas eternas... tan bonitas que son imposibles de contar.
Con la muleta, toreo largo, templado y profundo. Un par de naturales de ensueño y en esencia un toreo con el que le damos sentido a esta fiesta. Un toreo con el que quisiéramos explicarle a quienes nos juzgan, por que es que esto es arte pero jamás lo entenderán. Ellos se lo pierden... 
Lo de Fandiño anoche no es para contar ni para verlo en video. Había que vivirlo, sentirlo y permitirse vibrar con ese momento mágico en el que toro y torero se encuentran, se enamoran, viven su romance con pasión y el toro termina entregando su vida a ese ser con el que acaba de vivir un momento único.
Estocada perfecta, toro sin puntilla y dos orejas para el de Orduña. 
Poco que contar en el quinto que se quedaba corto y nunca quiso humillar. Con lo del segundo había sido suficiente.
Muy bien Chiricuto y Santana en banderillas, silencio para Fandiño y todos salimos a hablar de su faena, tal vez para ratificar que lo que vivimos fue real.  
La celebración duró poco porque la magia se acaba a media noche. Así tenía que ser. Sin las prisas de la Cenicienta, nos fuimos a dormir arrullados por el recuerdo de ese toreo eterno que jamás morirá.

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