LA CRÓNICA DE VALDEMORILLO

Sepúlveda la hizo el Diablo

Víctor Barrio renace de sus cenizas con tres rotundas orejas y una actitud de constante ambición; Paulita deja sello y Escribano corta una oreja a una interesante corrida de Cebada Gago
domingo, 8 de febrero de 2015 · 21:31

Dicen las leyendas y los cuentos de viejas que Sepúlveda lo construyó el Diablo en una noche. Eso mismo dicen del Acueducto de Segovia, en cuentos donde se venden almas y se entregan sueños malcomprados a Belcebú. Todo eso ocurrió en Segovia, la tierra que vio nacer al que ha renacido esta noche de unas cenizas que guardaban el rescoldo.

El mismo Diablo debió ser quien ofreciese a Víctor Barrio la gloria a cambio de su alma. Pero no se malvende un alma que nació para entregarse para no venderse. Porque no se comercia con los sueños cuando se tienen redaños para atraparlos al vuelo. Para eso y para plantarse de rodillas en las rayas del tercio y esperar a Satanás para pegarle faroles y abrocharle una media más quieto que un poste. Ya tenía una oreja en el bolso el segoviano, el que vino de la Sepúlveda que dicen que creó el Diablo, cuando le sopló fregolinas, las convirtió en gaoneras, les dio apariencia de chicuelinas y terminó todo en revolera con brionesa de postre. El menú de Barrio, con esa actitud, se convertía en plato de chef.

Porque fue la actitud la que levantó a la plaza con el percal en las manos. Porque le decían las tripas a Víctor que querían vomitar toreo a como diese lugar. Y se acordó de tres años de ostracismo de ferias, desenfocado de luz, con un pie y medio en la locura y el otro medio en el cielo que aprendió a tocar a base de querer ser. Hoy se acordó del entreno sin fecha en el horizonte, de aquellos que se quedaron sin verle demostrar su fe y de que no se llega a figura sin retar al mismo infierno. No fue su tarde más limpia, ni su trazo más buscado, ni sueña el toreo así el que lo tiene en el alma, pero así se forjan los héroes que amamantan esta historia. Retando al toro que toque, a las empresas que niegan o a Satanás hecho carne si eso fuera menester. 

Con triunfo saldaba Escribano su actuación de 2014, que no fue de vencer demonios, como tampoco lo fue hoy. Al sevillano le sobra el oficio, le acompaña la condición y le funciona el seso para andarle por encima al encierro que se ponga. El de hoy no fue excelente, pero sí le sirvió para dejar su sello, llegarle mucho al tendido y dejar un poso de madurez y reposo que poco se le vio hasta hoy. Anda más sereno con la muleta en la mano, busca el trazo suave donde antes había prisa y gana en compromiso para no perder frescura. También hoy pudo abrír la puerta de la gloria, pero el pañuelo no asomó. Otro día volverá a ser.

Puede ser cualquier día para un Paulita que saldó con dos ovaciones su regreso a este San Blas. Da gusto ver torear al maño con el bueno, con el malo, con el medio pensionista y con el mismo Satanás si se pone a cuatro patas y le mete la cara en los trastos. Gusta Antonio porque compone el toreo como lo siente, vaya humillado o pregonao, venga dormido o con fuelle. Le da torería a su trazo, interpreta cada signo y dice el misterio con la pureza más próxima al más puro torear. Lo de menos son los despojos para un torero que vive del sueño, aunque el resultadismo demoníaco del sistema así instaurado no le permita licencias para la retina del gourmet.

Hoy revivió un segoviano en una noche de frío, como dicen las viejas más viejas que creó el Diablo su pueblo. Aferrado a tres orejas se le fue el corazón en el trapo para volverle ya en hombros. Para regresar a las bocas que un día le dieron por muerto. Y nunca estuvo de parranda.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Valdemorillo (Madrid). Feria de San Blas. Tercera y última de abono. Tres cuartos de entrada en los tendidos. Cinco toros de Cebada Gago y uno de Salvador García Cebada (tercero), justos de presencia. Deslucido y sin entrega el primero; de clase y empuje a menos el segundo; dormilón, incierto y sin fijeza el tercero; deslucido, manso y topón el cuarto; de buena clase y raza justa el buen quinto; de movilidad, humillación y ritmo a menos el sexto, al que se le pidió el indulto, que quedó en vuelta al ruedo en el arrastre.

Antonio Gaspar (Paulita): ovación con saludos en su lote.

Manuel Escribano (marino y oro): oreja y vuelta tras petición.

Víctor Barrio (grana y oro): oreja y dos orejas con petición de rabo.

 

FOTOS: FRAN JIMÉNEZ

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