LA CRÓNICA DE MADRID

¿Y qué quieren que les contemos?

Esta es la crónica de una tarde en la que la idiosincrasia de Las Ventas se vio encaminada hacia un derrotero nada habitual. Esta es la crónica de una tarde en la que Linares paseó una oreja
domingo, 12 de abril de 2015 · 21:11

Que Madrid es plaza aperturista, universal, políglota y ecuménica en cuanto a cantidad no es nada nuevo en un domingo abrileño como el de hoy. Que Madrid en las domingueras se convierte en el ejército de la curiosidad turista, al margen de los fieles parroquianos que acuden a la liturgia semanal con el fin de saciar su alma de aficionados, es tan cierto como que Antonio Linares, el de Tomelloso, paseó hoy una oreja entre gritos de ¡torero, torero! Y que Madrid le tiene la guerra plantada a un Reglamento que hoy se cumplió al límite por la desgracia de no contar entre sus filas burocráticas el concepto artístico que el toreo lleva consigo también es cierto, por supuesto.

 

Llegó Antonio Linares con nada y se fue con una oreja. Ésta, la cortó un Marco Galán sobrado para andarle a unas figuras que merecen una lidia de mentón en pecho, corazón en seda y lógica en capotazo. Esa soberbia lidia, la lidia de una figura plateada, fue la que paseó la oreja de un Antonio Linares que corrió bien la mano derecha . Le echó el capote al cielo y al suelo Galán tras un tercio de varas en el que necesitaba seda el de Sánchez Herrero. Y entonces le corrió la mano Antonio. Esa fue la virtud de Linares.

Correr la mano es faltar al corazón para imperarle a una técnica que necesitaba y mucho el tercer novillo. Ese misterio de correr la mano fue la instrucción lidiadora que,un siglo atrás, gallistas y belmontistas se disputaban por desvelar. Ese mando es el principio y el final de esto. Sin avatares lo hizo Linares. Sin alardes pero también sin cercanías. Sin eternos embroques pero con corazón dispuesto. Un corazón y una sangre que se tiró a matar o a morir tras la delicia lidiadora. Tampoco el sexto le enganchó ni un solo muletazo.Ni uno: virtud, pues, aprendida de su subalterno. Le corrió a este de nuevo la mano derecha con más voluntad que brillantez, para conectar rápidamente con unos tendidos favorables a su labor. Y el puñetazo, por supuesto.

Dos nombres más tuvo la tarde. Abrió plaza Daniel Ruedas en su ímpetu por presentarse en Madrid antes que los años hagan mella en su tez, que solventó un primero que intentaba rebañar por dentro y un cuarto que se fue sin que se le vieran las virtudes. Un segundo complicado y un quinto bobalicón correspondieron a un Jorge Escudero que se rompió por naturales en el momento justo en el que Madrid estaba despistada. Esa fue su desgracia. Pero se rompió.

Y qué quieren que les contemos. Que hubo un hombre que estuvo en novillero y cortó una oreja que quizás,el domingo que viene, no hubiera sido así. Pero la cortó y la paseó con el mismo orgullo con el que un día entregó su vida al toreo. Ahora bien, que la idiosincrasia de Madrid perdió un punto a su favor en esta tarde abrileña es tan cierto como que Linares se gozó ante un cuarto de plaza que pagó su entrada católicamente.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Novillada picada. Un cuarto de entrada.

Utreros de Hermanos Sánchez Herrero, bien presentados.Bobalicón el manso primero;complicado el segundo;noblón a menos el tercero; peligroso el cuarto; soso el quinto y noblón a menos el sexto.

Daniel Ruedas: Silencio tras aviso y silencio.

Jorge Escudero: silencio y silencio.

Antonio Linares: oreja y silencio.

 

FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

 

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