LA MÉXICO

Juan Pablo corona el temple

Le cortó una oreja a cada toro del lote más potable de Campo Real; se alargó Macías hasta escuchar cuatro avisos y Talavante dejó una faena sin espada
domingo, 10 de enero de 2016 · 11:57

MARCO A. HIERRO

Llegaba, antes de la cita del 31 de enero con José Tomás, la parte más lucida de la Temporada Grande en La México con la presencia de Alejandro Talavante hoy en el cartel. Le acompañaban en el paseo mayor el hidrocálido Arturo Macías seguido de un Juan Pablo Sánchez que necesitaba, ahora más que nunca, una llamada de atención en la Fiesta. Los toros pertenecían al hierro de Campo Real.

A la puerta de chiqueros se fue Macías a recibir al primero, cabezón y feo, que tuvo buen son para regresar siempre al sitio donde los esperaba Arturo de rodillas hasta rematar con la revolera en un fulgurante saludo. Quiso quitar, además, variando las chicuelinas con tafalleras y una caleserina trompicada que no restó voluntad, pero sí belleza al trance. Le buscó la serenidad y la pausa en el inicio muletero, y le dio distancia para aprovecharle la inercia, sin que el animal le regalase una arrancada hasta llegar a su sitio. Escasa la fuerza y el espíritu del de Campo Real, que midió la arena con asiduidad y protestó defensivo hasta que lo atacó el de Aguascalientes. Fue en ese ataque provocado cuando llegaron los muletazos ligados, de buena factura alguno, pero sin continuidad y a menos, como la condición del toro. En las cercanías murió una faena larga que buscó más contenido del que obtuvo. Salió volteado el torero tras las manoletinas de rodillas en las que se quedó el toro debajo. Pinchó y el silencio valoró su actuación tras dos avisos.

Con mucha facilidad en los delantales de saludo pisó la arena Alejandro Talavante con el esmirriado cárdeno que hizo segundo, que le echó las manos por delante en el percal y se rebrincó con insistencia. Preciso en el toque fuerte con la mano de fuera para encelar al animalejo en el capote, firmó un lucido quite a la verónica el extremeño, con una hermosa cordobina para rematar. Con la muleta tuvo en el pulso el secreto de la ligazón Talavante para conseguir que la faena no se le viniese abajo con el perritoro de Campo Real. Supo encontrarle la distancia muy pronto, tragarle las llegadas dormiditas y volver a tocarlo con sutilidad a mitad del muletazo para azuzar el viaje y enroscarse la embestida. Tuvo sello, además, el toreo de Talavante, que terminó arrojando al suelo el estoque simulado y encajándose al natural por ambos pitones, brillante en el trazo ante el noble chotejo. Pero pinchó Alejandro y se esfumó cualquier posibilidad de trofeo.

El tercero se le vino por dentro y sin ritmo a Juan Pablo Sánchez, obligándolo a lidiarlo por abajo y sin estirarse a la verónica, como era su intención. Pero sí llegó el animal a la muleta con el fuelle justo para embestirle muy despacio a quien sacase el temple para soportar la prueba. Y ese fue Juan Pablo, que sacó el pulso de su mano derecha para meterlo en el trapo con el trazo larguísimo, templado, suave, saboreando cada pasada con el corazón al ralentí. Hubo usía en varios naturales, sentidos más que pensados, haciendo que rugiese el tendido mexicano. Calidad y sentimiento tuvo el toreo del hidrocálido, que se sintió en una faena bien estructurada en la que sobresalió el extraordinario manejo de los vuelos. Siempre por abajo, incluso cuando se fue apagando la lenta movilidad del buen toro; siempre suave, siempre preciso y sutil, rebozándose cada pasada para saborear el toreo. Una estocada rubricó el premio con toda justicia.

El cuarto era un toro mucho más hecho, feo pero rematado. También a este le faltó ritmo en el percal, pero echó la cara abajo y se fue tras los vuelos de Arturo Macías con el escaso fuelle que tenía. Pero fue de coordinación el principal defecto del animal, que no se aguantaba sobre las manos y hacía constantes extraños en la muleta que siempre le ofreció por abajo Macías. Pero tuvo el mexicano la virtud de tirar de oficio y acoplarse a la condición del toro, al que no atosigó para exprimirle la bondad que tuviera, hasta que consiguió coserle tres derechazos de mano bajísima que le aceptó el de Campo Real por todo derroche. Volvió a alargar el metraje en demasía Macías, que a regañadientes y muy acompañado con la voz extrajo alguna tanda más, profiona aunque poco emotiva. Horrible con el descabello, escuchó pitos tras dos avisos.

Más descarado de pitones era el quinto, el más serio por delante del encierro, al que le echó Talavante el percal con mucha seguridad, a pesar de su llegada zorrona y medidora, siempre por dentro. Incómodo era el toro, que nunca terminó de entregarse, e incómodo estuvo Alejandro durante el trasteo, que inició sin adquirir compromisos y con probaturas, tirando de su gran clase para trazar, pero sin ajuste. Lo fue estrechando con la mano izquierda, echando mano de su capacidad innata para manejar el vuelo, pero sin brillar ante la embestida deslucida que siempre fue levantando la cara y arrancando sin franqueza. Mató con brevedad y escuchó silencio.

Al basto cierraplaza tampoco pudo dejarle verónicas lucidas Juan Pablo Sánchez, que tuvo que pechar con la llegada sin ritmo ni franqueza del cárdeno. Abajo le echó rápidamente el mexicano la muleta, con la colocación perfecta para no perderle pasos entre muletazos y el pulso exacto para no desfallecer las tandas, a pesar de que se fuera al suelo un par de veces el feble animal. Menos ligado el toreo con la zurda, por donde no se los tragaba el de Campo Real, volvió a la senda diestra, buscó la pureza en el cite y la derechura en los embroques, con un empaque innato que conectó con el tendido con facilidad. Sin embargo se le vino a menos el toro, desluciendo las series que intentaba componer un muy asentado y maduro Juan Pablo. Cobró una estocada desprendida pero fulminante y paseó la oreja que le faltaba para abrir la puerta grande.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros Monumental de México. Décimo cuarta de la Temporada Grande Internacional. Corrida de toros.

Seis toros de Campo Real, desiguales de presencia, con más caja que cara y paletones en general. Deslucido y a la defensiva el cabezón primero; noble y obediente el esmirriado segundo; noble y enclasado el ralentizado tercero; descoordinado y de humillación sin raza el cuarto; soso y deslucido el quinto; obediente pero endeble el sexto. 

Arturo Macías (turquesa y oro): silencio tras dos avisos y pitos tras dos avisos.

Alejandro Talavante (gris perla y plata): ovación tras aviso y silencio.

Juan Pablo Sánchez (nazareno y oro): oreja y oreja.

Saludó Gustavo Campos tras banderillear al sexto.

 

FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ


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